Publicado: 21.06.2009 08:00 |Actualizado: 21.06.2009 08:00

Bárcenas, el oscuro guardián de los dineros del PP

El tesorero del partido, implicado en la trama Gürtel, ha crecido a la sombra de los líderes conservadores, pese a ser un total desconocido como político

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A Luis Bárcenas le han comparado hasta con una vaca. Y quien dio vida a la analogía fue Miguel Ángel Revilla, el presidente cántabro. Era 1 de abril de 2009. La prensa le preguntó al jefe del Ejecutivo regional por el caso Gürtel, porque el día anterior Baltasar Garzón había acusado a Bárcenas, al tesorero del PP, al custodio de las finanzas del partido de Mariano Rajoy, a un senador por Cantabria, de haber cobrado 1,3 millones en sobornos. "El tema tiene mala pinta. No me gusta la orina del enfermo", subrayó Revilla, indignado. "Nunca ha aparecido por aquí se quejó. Los partidos tienen ya una inercia, ponen una vaca [de candidato] y la vaca sale elegida".

El símil, aunque hiperbólico, sirve para definir uno de los rasgos del carácter del tesorero del PP: la "discreción y la prudencia", como citan sus amigos del partido, o su absoluta "invisibilidad", en palabras de sus adversarios.

No está en la pomada política. Nunca lo estuvo, pese a que conoce las tripas del PP como nadie. Luis Bárcenas (Huelva, 1956), licenciado en Empresariales por la Universidad Pontificia de Comillas, se convirtió en gerente del partido con 26 años, aupado por el tesorero de esos años, Ángel Sanchís. Siempre sobrevivió. Con Fraga, con Hernández Mancha, con Aznar, con Rajoy. Se libró del caso Naseiro, que estalló al PP en los 90. Precisamente por culpa del tesorero, Rosendo Naseiro, y por una acusación similar, la financiación irregular. Bárcenas creció. "Ha sido muy querido dentro", dicen en el PP.

En 2004, Rajoy le protegió. Le colocó en las listas al Senado por Cantabria. Un cunero en toda regla, como reconocen sin ambages en el cuartel general del partido. Fue el más votado en la comunidad. Repitió en 2008. Fue el que recibió más papeletas.

Todo prácticamente sin esfuerzo parlamentario. En su primera legislatura, Bárcenas formuló 311 preguntas de respuesta escrita al Gobierno. Empleó casi siempre la misma plantilla: la ejecución de los Presupuestos del Estado en Cantabria. Desde 2008, ha planteado 465 preguntas. La cifra es engañosa, porque en cuatro ocasiones ha inquirido por la plasmación de un proyecto concreto en los 102 municipios de la comunidad. Eso, para la Cámara, cuenta como 102 preguntas. Además, muchas de ellas las ha propuesto con los otros dos senadores cántabros del PP, Encarna Salmón y Gonzalo Piñeiro.

No ha intervenido nunca ni en comisión ni en pleno. Sólo una vez formuló una pregunta oral en la Comisión de Economía. Se la defendió su compañero José Manuel Barreiro. Es vocal de las comisiones de Exteriores, de Asuntos Iberoamericanos y de una muy singular, la de Suplicatorios, la encargada de emitir los dictámenes a favor o en contra de que el Supremo pueda juzgar a un senador, la que dirá en su día si permite al Alto Tribunal sentarle en el banquillo por la Gürtel. "No recuerdo haberle visto mucho comenta Iñaki Anasagasti (PNV), presidente de la Comisión de Asuntos Iberoamericanos. Lleva una vida silente. Ni está ni se le espera". Fuentes de Génova alegan que Bárcenas acude al Senado "a todas las reuniones del grupo, a las comisiones, a votar al plenario y punto", porque su tarea, "delicada", es controlar los dineros del PP. En 2008, de las 67 votaciones en el pleno, se ausentó en sólo ocho. Desde febrero, cuando se destapó la Gürtel, se le ha visto menos: no acudió a 14 de las 52 votaciones.

El tesorero no da ruedas de prensa, no escribe para diarios regionales. Viaja a Cantabria "tres veces al mes como mínimo", precisan en la sede nacional del PP. "Va a las ejecutivas y a actos públicos y de partido, y casi seguro que mitineó en su campaña", agregan en la dirección autonómica. Lo rebate el senador socialista Jesús Morlote: "No aparece, no es conocido. Es más, sorprendió que fuera a Santander el Día de las Fuerzas Armadas, el 31 de mayo". También arropó a Rajoy un día después, en un mitin del 7-J. Otro senador del PSOE, Jaime Blanco, le dibuja como "un hombre oscuro". Mercedes Larumbe, secretaria de Imagen del Partido Regionalista de Cantabria, fotocopia la idea: "No pinta mucho aquí". En el PP lo fían todo a su "perfil técnico, no político".

Luis Fraga, senador por Cuenca, arranca a hablar y no para. Es quizá el que mejor conoce a Bárcenas en el PP. Es su amigo desde que ambos estudiaban en ICADE. Ambos leen a Jack London y Joseph Conrad. Ambos son alpinistas. Subieron al Aconcagua, abrieron la vía española en el Everest. "Luis tiene los valores de la montaña insiste Fraga: valiente, discreto, ordenado, prudente, con sentido común, preparado. Rehúye el protagonismo y los conflictos". Y aunque jamás ha hecho declaraciones políticas, Fraga recalca que al tesorero "le inquieta la fortaleza de las instituciones: las Cortes, el Gobierno, la educación y la Justicia".

La Gürtel le ha defenestrado. "Todo el mundo sabe con qué patrimonio entró y cuál tiene hoy; allá con su conciencia", desliza un diputado, que vocea un deseo de muchos en el PP: Bárcenas debe dimitir. "Claro que a Luis le afecta lo que se dice fuera y dentro cuenta Fraga. Lo está pasando mal, pero está tranquilo. Es imposible que sea cierto lo que le imputan. Estoy seguro de que la verdad saldrá". Entonces pondrá la mano en el fuego por él. "Bueno, nunca lo he visto hacer físicamente. Sólo se atrevió el romano Escévola, quien dio nombre a la expresión". Así es. Lo hizo y se abrasó.

El cerco se va cerrando. El 15 de junio, el Tribunal Superior de Madrid remitió al Supremo el caso Gürtel y le pidió que cite como imputados a Luis Bárcenas, Jesús Merino y Gerardo Galeote. El juez atribuyó al tesorero del PP cohecho y delito fiscal. Garzón ya que le acusaba de haber cobrado 1,3 millones en sobornos.

Los investigadores policiales han tasado el patrimonio de Bárcenas entre 3 y 3,5 millones. Siempre ha dicho que ese dinero procede de su sueldo en el PP, deherencias y de las revalorizaciones de sus inversiones. "Es un insulto que diga que su patrimonio viene de su sueldo de senador", dice el socialista Jesús Morlote. Un parlamentario de fuera de Madrid cobra 3.126 euros de salario y otros 1.822 euros de dieta.

"Si no deja su acta, es que algo calla", añade Jaime Blanco (PSOE).