Publicado: 16.02.2014 17:56 |Actualizado: 16.02.2014 17:56

Barcina se enroca y aboca a Navarra al adelanto electoral

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La convulsa octava legislatura de Navarra enfila su recta final: este lunes se constituye la comisión de investigación en el Parlamento de Navarra sobre las supuestas "injerencias" y tráficos de influencia en la Hacienda Foral. A partir de hoy, los parlametarios navarros disponen de 15 días para intentar arrojar algo de luz sobre un caso de corrupción que ha crispado la vida política navarra hasta el punto de hacer inevitables unas elecciones anticipadas, presumiblemente el 25 de mayo. 

Nadie sabe qué saldra en claro de esta comisión exprés de quince días. Lo que sí parece claro es que habrá elecciones anticipadas, independientemente del resultado de la comisión. Aunque pueda parecer poco tiempo —la normativa electoral de Navarra marca el 31 de marzo como el último día para disolver el Parlamento, ya que no se pueden adelantar las elecciones el último año de legislatura—, el Partido Socialista de Navarra (PSN) cree que será suficiente para esclarecer si son ciertas o no las acusaciones de Idoia Nieves, exdirectora de la Hacienda Tributaria de Navarra, contra la vicepresidenta del Gobierno de Navarra y consejera de Economía, Lourdes Goicoechea. Nieve, que dimitió el pasado 20 de enero, denunció en sede parlamentaria hace una semana que Goicoechea la presionó para que la Hacienda Foral no inspeccionara a clientes del despacho profesional de asesoría y gestoría que dirige su marido.

Yolanda Barcina (UPN), presidenta de Navarra, ha visto cómo le salpicaba el escándalo tras apoyar sin fisuras a su cuestionada vicepresidenta. Ante esta cerrazón de Barcina, los socialistas navarros le lanzaron un ultimátum hace escasos días: o dimitía o debería enfrentarse a una moción de censura.  

El problema para los socialistas es que esa moción de censura sólo podrá salir adelante con los votos de EH-Bildu (Aralar y Bildu), lo que ha provocado una cadena de acontecimientos cuyas ramificaciones han llegado a Madrid, donde PSOE y PP se han cruzado duros reproches a cuenta de la utilización de los votos de los abertzales para desalojar a Barcina del poder. Pero la presidenta no va a dimitir. No se ha cansado de repetirlo en los últimos días. Su estrategia parece clara: reta a los socialistas a presentar la moción de censura, en un claro intento de darle la vuelta a la tortilla y poner en la picota al PSN por aliarse con Bildu. En esa estrategia de criminalizar a los socialistas navarros no sólo se han embarcado los regionalistas de UPN —el partido de Barcina—, sino el PP en Madrid y todo el aparato mediático de la derecha: intentan convertir un caso de presunta corrupción en el caso PSOE-Bildu. 

En la estrategia de criminalizar a los socialistas navarros se han embarcado el PP y algunos medios de comunicación

Desde la sede de Ferraz en Madrid, el PSOE dice que con Bildu "no vamos a ir ni a la vuelta de la esquina". El necesario apoyo de Bildu a la moción de censura no es bien visto por parte de muchos dirigentes del PSOE, que creen que esta maniobra puede perjudicar al partido de cara a las elecciones europeas del 25 de mayo, fecha en la que, en principio, tendrían lugar también las elecciones anticipadas en Navarra.

Los propios socialistas navarros ya no se muestran tan contundentes a la hora de hablar de esa moción de censura. El portavoz de la Ejecutiva del PSN, Javier Remírez, dijo a la agencia Efe ayer domingo que los socialistas no tienen "ningún tipo de posición definida". "Tenemos claro que tiene que ser la comisión de investigación la que ratifique o despeje todas las dudas sobre las acusaciones de corrupción", señaló Remírez. Barcina, en cambio, acusa a los socialistas navarros de estar haciendo "un paripé" al entender que tienen "un veredicto" tomado de antemano sobre este asunto para justificar la moción de censura.

Lo que sí ha manifestado el PSN es su intención de que, de prosperar la posible aunque no segura moción de censura, se constituya un Gobierno cuya principal labor sería "auditar" el estado real de las cuentas de Navarra, disolver la Cámara y convocar elecciones anticipadas y cuyo candidato sería su secretario general, Roberto Jiménez. De convencer Jiménez a los dirigentes de su partido de la conveniencia de desalojar a UPN del poder con el apoyo de Bildu, serían muchos los trabajos que habría que cumplimentar para llegar a las las elecciones anticipadas el 25 de mayo.

Pero quizá no haga falta la moción de censura. Barcina y su partido, UPN, no tienen más que 19 diputados de los 50 que componen el Parlamento Navarro. Su capacidad de resistencia está muy mermada pese a la aparente fortaleza de su mensaje y al apoyo que ha recibido del propio Mariano Rajoy. Quizá Barcina no tenga más remedio que disolver el Parlamento y adelantar las elecciones: la tensión no ha dejado de aumentar en Navarra en los últimos días. De hecho, el sábado la propia Barcina tuvo entrar escoltada por la Policía Foral en un hotel de Tafalla donde se celebró un acto político de UPN

Esta última marejada política ha vuelto a demostrar lo que ningún ciudadano navarro ignora: gobernar en Navarra nunca ha sido fácil. Ninguna fuerza política ha podido gobernar  con mayoría absoluta 30 años de autonomía. Como dique de contención a los nacionalistas, que en Navarra tienen un 30% de los votos, regionalistas de UPN —aliados con la derecha española del PP, que durante muchos años renunció a su marca electoral allí— y socialistas se han turnado en el Gobierno esto años e incluso han formado ejecutivos de coalición, como al principio de esta misma legislatura. Pero la mala relación entre Barcina y Jiménez y los errores de una presidenta que ya estuvo en entredicho por el caso de las dietas de Caja Navarra (CAN) de la que cobraba casi 3.000 euros cada vez que asistía a una reunión de poco más de una hora. Aunque Barcina devolvió el dinero, la presidenta de Navarra quedó muy tocada. Ahora sólo queda saber si se hundirá o será capaz de salir otra vez a flote.