Publicado: 18.12.2015 23:07 |Actualizado: 19.12.2015 07:00

La campaña del puñetazo y de las dentelladas

Las elecciones más inciertas y abiertas de la democracia culminan dos semanas de montaña rusa para arañar votos a los adversarios y atraer a una legión de indecisos

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Varios momentos de la campaña electoral del 20-D. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Los participantes del debate electoral a 4 en Atresmedia; la agresión a Mariano Rajoy en Pontevedra; la concejala de C's en Madrid comiendo un bollo para contest

Varios momentos de la campaña electoral del 20-D. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Los participantes del debate electoral a 4 en Atresmedia; la agresión a Mariano Rajoy en Pontevedra; la concejala de C's en Madrid comiendo un bollo para contestar al dirigente del PP que la llamó "fondona"; y los asistentes al mitin de Pablo Iglesias en A Coruña que no pudieron entrar al salón de actos, que se encontraba abarrotado. EFE/REUTERS

MADRID.- Los estrategas y especialistas electorales de las principales fuerzas políticas que concurren a los comicios generales de mañana domingo se han visto obligados a trabajar a fondo hasta el último segundo antes del cierre de la campaña y han sudado la camiseta como nunca antes lo habían hecho para retorcer su ingenio y rebañar votos por doquier.

Pero es que nunca antes como durante esta campaña electoral el resultado que pronostican las encuestas ha sido tan incierto y tan complejo hasta el punto de que, apenas 24 horas antes de que se abran las urnas, es casi imposible predecir qué Gobierno podrá conformarse, quién lo presidirá y qué estabilidad en el tiempo tendrá. O si el panorama resultante es tan endiablado que habrá que recurrir a unas nuevas votaciones.

Todas estas incógnitas contrastan con una con una sola certeza: la próxima legislatura va a tener nuevos protagonistas que van a tener que desenvolverse en un escenario radicalmente diferente al conocido hasta ahora. Nada de mayorías absolutas ni tampoco la prevalencia de una formación política sobre las demás con capacidad de marcar el paso a base de apoyos puntuales.

En consecuencia, PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos han desarrollado una campaña electoral a cara de perro para disputarse nichos de electores que, en estos momentos, ya no son “propiedad” de nadie. Y, además, han tenido que dedicar tiempo y energías a defenderse de las dentelladas de los opositores. Unas dentelladas lanzadas sin la menor de las contemplaciones: a derecha e izquierda, entre antiguos y nuevos, o consolidados y emergentes; también entre potenciales “socios” futuribles, con acusaciones y descalificaciones más descarnadas que nunca.

Sánchez, Iglesias, Rivera y Sáenz de Santamaría, antes del debate. REUTERS/Sergio Pérez

Sánchez, Iglesias, Rivera y Sáenz de Santamaría, antes del debate a cuatro. REUTERS/Sergio Pérez

Las encuestas, sobre todo la realizada por el CIS por el elevado número de entrevistas personales, han contribuido a alimentar la gran competitividad entre esas cuatro formaciones políticas, condicionando a medida que se publicaban a modificar sus estrategias. Todo por sumar unas décimas sobre el rival que seguía, aunque fuera cambiante, o restarlas al de más atrás para que no remontase.

En esta pugna el PP a sido el más estable, siempre en primer lugar, pero con unos porcentajes muy pobres (en 2011 logró el 45,25% de los votos y ahora los mejores pronósticos están por debajo del pobre 29,16% que logró el PSOE, entonces su único competidor). Rajoy ha apostado por un perfil plano, confiando en que sus tres mensajes – recuperación económica, creación de empleo y unidad de España – le sirven para ganar, informa desde la caravana conservadora Ana Pardo de Vera.

Remiso a grandes cambios, Rajoy tan solo ha aceptado realizar paseos callejeros casi todos los días de campaña como gran novedad. En la tarde noche del pasado miércoles un menor de edad le propinó un fuerte puñetazo que condicionó durante unas horas el desarrollo de la campaña. El propio candidato ha relativizado el hecho quitándole importancia, sin duda convencido de que va a ser el candidato más votado y, por lo tanto, quien debe formar gobierno.

La autosuficiencia del PP ha ido rebajándose a medida que pasaban los días y han dedicado tiempo y esfuerzos a criticar a otros más allá del PSOE. Sobre todo a Ciudadanos, de forma muy dura, conscientes de que hay una evidente fuga de votos populares hacia esa formación emergente; no obstante, en las últimas horas ha habido mensajes hacia el partido de Rivera en los que se abre la posibilidad de entendimiento. Desde el PP se ha descalificado sin ambages a Podemos al tiempo que ha insistido en que la formación morada “va muy bien” para deteriorar a los socialistas.

Las encuestas  han contribuido a alimentar la gran competitividad entre esas cuatro formaciones políticas

Pero, con todo, el “jab” más fuerte que ha recibido Rajoy en su campaña no fue físico; se lo dio el socialista Pedro Sánchez, su más directo contrincante, donde más le dolía: en el debate “cara a cara” en televisión –casi 10 millones de espectadores– y sobre la corrupción. “Usted no es una persona decente”; unas palabras que le “tumbaron” en la lona del plató televisivo.

La victoria de Sánchez en ese debate supuso un “punto de inflexión” en la campaña del PSOE y, además, un “revulsivo” para la movilización de la militancia y simpatizantes socialistas, apunta Manuel Sánchez desde la caravana del PSOE. Los socialistas están convencidos de que han ido de menos a más y esa sensación la ha trasladado el propio candidato en la última semana de campaña.

En la recta final, Sánchez y su equipo han logrado levantar un muro de contención frente a Ciudadanos para detener una más que aparente sangría del PSOE hacia la formación de Rivera. El candidato socialista, a fuerza de insistencia y argumentos, ha logrado pegar la etiqueta ideológica de derechas a la imagen del partido naranja.

Esta ha sido una campaña en la que los principales partidos en liza han huido de los grandes escenarios de antaño. Nada de plazas de toros o grandes campas para reunir a decenas de miles de correligionarios para hacer demostraciones de fuerza. Los mítines más numerosos han dido los realizados por Pablo Iglesias en la Caja Mágica y Albert Rivera en Vista Alegre, ambos en Madrid, donde reunieron a 10.000 seguidores. A la ha estado el PSOE en Valencia, donde Pedro Sánchez concento a 8.000 correligionarios en la Fonteta de Sant Llluis.

Agresión a Mariano Rajoy en Pontevedra

Rajoy “pinchó” en Las Rozas (Madrid) al no llenar un aforo de 4.500. A años luz del mítines como el de Mestalla, en 1996, con Aznar y 45.000 hinchas o el del Palau de Sant Jordi , en 1993, con 40.000 entusiastas de Felipe González, sin contar con épicos llenos de la plaza de toros de Valencia . 30.000 almas - por parte de populares o socialistas. Ahora, de entrada, ya se descartan esas opciones y esta campaña ha sido una buena muestra de ello.

La alternativa ha sido la televisión. Pero más allá de las entrevistas formales o, incluso, los debates. En esta campaña los líderes de las cuatro formaciones políticas, y otros también, han acudido a todo tipo de programas: entrevistas matinales, vespertinas o ad hoc, espacios de entretenimiento, tertulias amables o agresivas e, incluso, programas de la llamada telebasura; también ha sido muy llamativa la permanente disposición de los líderes – salvo Rajoy – a entrar en directo, co imagen o por teléfono, a cualquier hora del día para responder cuestiones puntuales, a menudo alejadas de propuestas programáticas.

El protagonismo de la televisión ha sido, junto a un mayor peso de las redes sociales, una de las características de esta campaña

El protagonismo de la televisión ha sido, junto a un mayor peso de las redes sociales, una de las características de esta campaña. Y los debates, claro. Las polémicas iniciales sobre su celebración y su formato ocuparon buena parte de la precampaña e inicio de la campaña electoral. Finalmente hubo tres citas televisivas: el de Prisa por internet que dejó el atril de Rajoy vacío; el de Atresmedia, en el que por el PP acudió Soraya Sáenz de Santamaría y el “cara a cara”, además de otro “a nueve” en TVE para compensar el de Rajoy y Sánchez.

En estos debates hubo suerte diversa: el de Internet lo ganó Sánchez, aunque Iglesias y Rivera mostraron maneras de “experimentados” tertulianos; el de Atresmedia favoreció al líder de Podemos según todos los sondeos posteriores, mientras que Sánchez resistió los duros ataques de sus rivales. En el “cara a cara” salió victorioso el aspirante socialista de forma clara; por su parte, el candidato de Unidad Popular- IU, Alberto Garzón, fue quien trasladó los argumentos de forma más sólida.

La actuación de Pablo Iglesias en los mencionados debates, sobre todo en el de Atresmedia, ha sido una de las claves para entender la “remontada” de la formación morada, una expresión que han utilizado hasta el último aliento. El lenguaje conciliador de Iglesias, lejos de la crispación que trasmitía en anteriores campañas, y los argumentos aportados en sus intervenciones públicas para explicar el programa electoral, sin referencias a los conceptos antisistema de hace apenas unos meses, le han favorecido, entre otras cosas, para atraer a nuevos potenciales votantes, explica Alejandro López de Miguel.

Iglesias, conocedor de la repercusión mediática que pueden alcanzar sus decisiones, se ha apoyado en otro referente mediático, Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, para recuperarse de los pobres resultados obtenidos el 27-S. Hasta cuatro ocasiones ha visitado Iglesias Catalunya, consciente de que es un vivero clave de votos y escaños. Según los sondeos – trackings – diarios esta estrategia ha beneficiado a Podemos y su líder, quien, por contra, no ha visitado numerosas circunscripciones menores. El comportamiento de Podemos en la campaña ha sido de vértigo, que en el partido creen que es positivo.

Quien ha estado subido también en una montaña rusa ha sido Albert Rivera, otro líder emergente que ha pasado de la euforia inicial y una sobreexposición personal a un cierto ostracismo. El comportamiento de Ciudadanos, exultante a finales de la precampaña y en la primera mitad de la campaña electoral ha ido menguándose a medida que pasaban los días. De una previsión de 100 escaños se ha pasado al “éxito” de conseguir lo que sea dado que parten de cero diputados en el Congreso, apunta Paula Díaz desde la caravana de Ciudadanos.

Quien ha estado subido también en una montaña rusa ha sido Albert Rivera, otro líder emergente que ha pasado de la euforia inicial y una sobreexposición personal a un cierto ostracismo

El candidato más telegénico y mejor valorado en las encuestas ha sufrido en carne propia los deslices de sus candidatos, como el de Marta Rivera, unos de los fichajes estrella y número tres en su lista por Madrid, al querer englobar en pleno debate televisivo “a nueve” el concepto de violencia machista y la legislación para combatirla en un concepto amplio de violencia familiar y diluir en múltiples situaciones las penas que deben aplicarse. El propio Rivera se hizo un lío a la hora de justificar lo que a todas luces no tenía justificación.

No ha sido el único punto débil de Ciudadanos y Rivera. Su propuesta estrella de contrato único no ha convencido a nadie, entre otras razones porque ni el propio líder ha sabido explicarlo. En la última semana ha tenido que salir también a desmentir y desautorizar algunas declaraciones de candidatos, como el de Cantabria que calificó de “violencia” el aborto.

Con todo, en las últimas horas ha cambiado radicalmente su discurso. De oponerse frontalmente a apoyar una investidura tanto de Rajoy como Sánchez ha pasado, sin mediar más explicaciones, a sostener una posible abstención para favorecer la investidura “de la lista más votada” y en ningún caso “favorecer una alianza de perdedores”. Para tirios y troyanos ese cambio de 180º supone un mensaje directo hacia el PP y un tácito respaldo a una investidura de Rajoy. Se ignora si ya han comenzado las negociaciones.

Otro actor de esta campaña, a priori menor según las encuestas, ha sido el candidato de Unidad Popular, Alberto Garzón, quien a base de tenacidad y mucha coherencia en sus mensajes se ha postulado como el único referente de la izquierda con propuestas para transformar la sociedad. Con esa estrategia, Garzón ha querido poner pie en pared frente a la “moderación” de Podemos en esta campaña, al tiempo que ha intentado afianzar al tradicional votante de Izquierda Unida, explica Jairo Vargas desde la caravana de UP-IU. Desde esta candidatura se destaca la el uso que han hecho de las redes sociales y la respuesta positiva que han obtenido.

Sin duda se ha tratado de una campaña electoral totalmente distinta a las conocidas hasta ahora. Todos los analistas coinciden en señalar que las campañas electorales apenas mueven orientaciones de voto; a lo sumo movilizan a los respectivos afectos que se encontraban desmovilizados. Eso es lo que dice la teoría.

En cambio, en esta ocasión los quince días de la campaña electoral, en la que hasta la prestigiosa revista económica británica The Economist, de orientación liberal-conservadora, se ha implicado pidiendo el voto para Ciudadanos, parece que van a mover más que otras de antaño. De entrada, convocar a las urnas hasta un 40% de indecisos, según la encuesta del CIS, un porcentaje también inédito al inicio de una campaña electoral. Un puñado de votos puede significar mucho. Nunca tanto como al final de la noche del domingo 20 de diciembre.