Público
Público

Caso Altsasu El sargento agredido en Altsasu: "Esa sensación de odio y de rencor que tenían por ser guardias civiles no la he sentido nunca"

Identifica al “rubio” que daba “puñetazos y patadas con una destreza, con una habilidad como si fuera conocedor de artes marciales”

Publicidad
Media: 3
Votos: 3

Juicio a los acusados de agredir a dos guardias civiles y a sus parejas en Altsasu. / EFE

El sargento agredido durante una trifulca en un bar de Altsasu (Navarra) junto con un teniente y sus parejas ha asegurado en el juicio que temió por su vida porque estaban en inferioridad de condiciones y “esa sensación de odio y de rencor que tenían por ser guardias civiles no la he sentido nunca”.

El agente ha testificado durante el juicio contra ocho jóvenes procesados por delitos de terrorismo a consecuencia de esta agresión que se produjo en la noche del 14 de octubre de 2016, durante las fiestas locales, en el bar Koxka.

El sargento ha relatado que el procesado Jokin Unamuno –“el joven de la boina”- se acercó a él en “actitud desafiante, increpándome para que me fuera de allí” y le empujó a la máquina recreativa. “El teniente intentó mediar, se puso entre los dos y también la novia del teniente, que supuestamente los conocía del pueblo y les dijo que no quería problemas. Ella dijo que teníamos que irnos del lugar”, ha añadido.

Fue al salir del bar cuando comenzaron las agresiones de “manos y patadas por todos los lados contra nosotros”, según su relato. Le gritaban “hijo de puta, txakurra [perro], esto es lo que vais a tener cada vez que salgáis de arriba por ser guardias civiles y similares”.

También ha asegurado que el 12 de octubre, el día del Pilar, los guardias celebraron su festividad en la iglesia de los capuchinos. Había gente alrededor intentado intimidar a los que acudieron, como “el chaval de la boina”, de tal manera que hubo invitados que temieron salir.

Fueron “cinco, siete u ocho” personas las que comenzaron a golpearles en el interior del bar. Les hicieron un pasillo, donde “no paramos de recibir golpes” y consiguió sacar al teniente tirándolo del brazo mientras era agredido, pero cayó al suelo.

Ha recordado en especial “al rubio” - Ohian Arnanz- como la persona que daba “puñetazos y patadas con una destreza, con una habilidad como si fuera conocedor de artes marciales”. Y recuerda que había “unos móviles grabando”.

“La gente que estaba fuera de la calle, que estaban en el bar de enfrente, se iban aglomerando hacia la puerta y sumarse a las agresiones”, ha explicado mientras ha confirmado que nadie les ayudó, excepto el dueño del bar Koxka que, cuando llegó la Policía Foral, trajo una chaqueta para cubrir al teniente.

“Cuando [el teniente] cae, en ese momento me cogieron varias personas por la espalda para evitar auxiliarlo y me lanzaron a la mitad de la calzada”, ha recordado. El consiguió regresar rodando por el suelo. “Cuando yo ya me empecé a mirar caras ellos se mostraron un poquito más reticentes”.

El sargento ha negado que hubiera bebido aquel día, en plenas fiestas de Altsasu y no recuerda que se peleara con nadie.