Publicado: 12.09.2016 22:57 |Actualizado: 13.09.2016 00:38

Feijóo sale vivo del debate con sus cuatro rivales dedicados a desmontar sus mensajes

El candidato conservador reconoce que la recuperación aún no ha llegado a muchos hogares gallegos mientras Ciudadanos se ofrece a hacerle presidente si no obtiene mayoría absoluta

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Los candidatos a la presidencia de la Xunta, Luis Villares (En Marea); Joaquín Fernández Leiceaga (PSdG-PSOE); Alberto Núñez Feijóo (PP); Ana Pontón (BNG); y Cristina Losada (Ciudadanos). - EFE

Los candidatos a la presidencia de la Xunta, Luis Villares (En Marea); Joaquín Fernández Leiceaga (PSdG-PSOE); Alberto Núñez Feijóo (PP); Ana Pontón (BNG); y Cristina Losada (Ciudadanos). - EFE

A CORUÑA.- Es casi imposible salir vivo de una pelea dialéctica cuando hay cuatro contrincantes que dirigen los mandobles en exclusiva hacia tu atril. Así que la única visión positiva para Alberto Núñéz Feijóo del debate celebrado en la noche del lunes en la Televisión de Galicia es que sus rivales, aunque se llevaron muchas menos bofetadas, apenas ganarán votos. Quizá se los roben unos a otros: brillaron Ana Pontón (BNG) y Xaquín Fernández Leiceaga (PSdeG) mucho más que Luis Villares (En Marea Podemos), de quien se esperaba más. Pero tanto se dedicaron a intentar tumbar al favorito en las autonómicas que apenas advirtieron que lo que interesaba al público era exponer y contrastar programas.

En ese sentido tampoco estuvo de diez la candidata de Ciudadanos, Cristina Losada, y no sólo por ser la única que intervino exclusivamente en castellano. Pero la periodista y colaboradora de Libertad Digital, llamada a ser la convidada de piedra (por primera vez en la historia de la Televisión de Galicia se admitía en un debate a un partido sin representación parlamentaria), fue quizá la que mejor supo leer la situación. Mientras el resto se dedicaba a arrojarse cifras y reproches de un lado al otro del plató, Losada se metió de lleno en el meollo del asunto y habló clarito desde el principio: “Mire, señor Feijóo, no es difícil prever que usted va a ganar las elecciones. Pero lo que está por decidir es si va a seguir gobernando como le dé la gana con mayoría absoluta, o si lo va a hacer con el control de Ciudadanos, como sucede en la Comunidad de Madrid”.



“Mire, señor Feijóo, no es difícil prever que usted va a ganar las elecciones. Pero lo que está por decidir es si va a seguir gobernando como le dé la gana con mayoría absoluta, o si lo va a hacer con el control de Ciudadanos, como sucede en la Comunidad de Madrid”

“Yo quiero una coalición con los ciudadanos”, le respondió Feijóo sin responder a su pregunta. Tampoco lo hizo en los momentos más broncos del debate, en el bloque dedicado a la regeneración democrática, cuando el candidato popular apenas tuvo más posibilidad que encajar los golpes agachando los brazos. No respondió a Luis Villares (En Marea Podemos) ni a Losada, que le mostró una fotografía en la que aparecía abrazado en un mitin a José Manuel Baltar, compañero de partido y presidente de la Diputación de Ourense, imputado por la denuncia de una mujer que le acusa de ofrecerle un empleo a cambio de favores sexuales. Tampoco contestó a Ana Pontón (BNG) cuando le recordó la foto a bordo del yate del narco Marcial Dorado y su condición de dirigente nacional de un partido investigado por corrupción. Insistieron Xaquín Fernández Leiceaga (PSdeG) y Villares con Baltar y la caja B de Génova, y Feijóo acudió a un argumento pueril: que los críticos de Podemos habían pedido a la Junta Electoral que no fuera el cabeza de lista de las Mareas quien interviniera en el debate. Fue algo más duro con Leiceaga: “Usted está aquí porque el anterior secretario general del PSdeG está imputado por diez delitos”.

Feijóo estuvo al borde de perder los nervios en algunos momentos, probablemente por culpa de un formato, pactado por los propios partidos, que establecía tiempos estrictamente marcados, dejaba nulas posibilidades de réplica más allá de una escueta intervención de segundos por alusiones personales, y confundía a los debatientes sobre cuándo debían hablar y si perdían tiempo por hacerlo a destiempo. Tanto corsé afectó incluso a los presentadores, que, pese a su valía como periodistas, acabaron convertidos en cronómetros con patas e incapaces de impedir que el debate se conviertiera en una invitación directa al zapping.

Hubo momentos duros también en el bloque de la política social, cuando Villares afeó a Feijóo la muerte de pacientes por hepatitis C y el cierre de quirófanos, y cuando Ana Pontón le mostró un documento en el que, aseguró, se concedía una ayuda de diez euros a una persona dependiente. También sacó papeles Leiceaga, de una ayuda recién concedida a una persona fallecida hace nueve años. “Que los políticos saquen sus zarpas de los hospitales”, le espetó Losada.

“Ninguno de ustedes es capaz de decir quién será presidente de la Xunta si yo no lo soy. Ni siquiera quién será conselleiro de Hacienda, o si existirá esa consellería”

Feijóo no respondió, pero a él tampoco le respondieron con claridad cuando preguntó al BNG, En Marea y PSdeG por qué durante las negociaciones previas al debate se habían negado a hablar sobre los pactos postelectorales. Y mantuvo el tipo en la guerra de cifras, aunque con ciertos nervios a a medida que Villares y Pontón, y, especialmente, Leiceaga, le desmontaban el maquillaje de números que le habían preparado. ¿Que Galicia es la comunidad donde menos crece la deuda? Sí, pero se ha triplicado en siete años y suma casi 10.000 millones de euros (el presupuesto de la Xunta son 8.800 millones). ¿Que hay más afiliados a la Seguridad Social que hace cuatro años? Sí, pero son 38.000 menos que cuando Feijóo llegó al poder en el 2009. ¿Que el paro es inferior a la media española? Cierto, pero es que hay más de 200.000 gallegos que tuvieron que emigrar durante su mandato, mientras la crisis demográfica reducía la población de la comunidad en 64.000 personas.

Feijóo sí tuvo momentos brillantes, especialmente cuando reconoció “a muchos gallegos “aún no les ha llegado la recuperación”, prometiendo que las cosas van “por buen camino” y, también, sacando los dientes: “Ninguno de ustedes es capaz de decir quién será presidente de la Xunta si yo no lo soy. Ni siquiera quién será conselleiro de Hacienda, o si existirá esa consellería”. Losada le miró de reojo, enseñando los caninos, como si creyera que el futuro del candidato popular está en sus manos.