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Los cuatro frentes de Rubalcaba

A las crisis abiertas con el PSC y el PSdeG se ha unido en los últimos días la división en Castilla y León por el 'caso Ponferrada'. Todo ello ha desencadenado en un nuevo conflicto de liderazgo que ha hecho

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'Estamos hundidos', reconocía esta semana con pesar una destacada diputada socialista en el Congreso, mientras hacía un balance de las últimas polémicas que han rodeado a su formación en las últimas semanas. El suyo es un sentimiento generalizado entre los parlamentarios y los demás cargos públicos del PSOE pero, enfatiza, 'es una preocupación que arrastran desde hace meses los militantes y simpatizantes' del principal partido de la oposición.

Su líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, trata mientras tanto de mantener el tipo, y eso que en la última semana se le ha abierto un nuevo frente en Castilla y León, que se suma a los otros dos con los que lidia desde hace semanas en Galicia y Catalunya, y que ha agravado un cuarto, que vuelve a tener que ver con su propio liderazgo. Quizá la consecuencia más grave de la polémica desencadenada por la moción aprobada por el Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Ponferrada gracias al voto de un acosador es precisamente este nuevo cuestionamiento de la autoridad de Rubalcaba, que esta vez ha dejado tocado incluso al núcleo duro del partido.

Incluso en la propia sede federal del partido asumen que la unidad que hasta ahora parecía inquebrantable entre el secretario general, la vicesecretaria general, Elena Valenciano, y el secretario de Organización, Óscar López, no ha podido quedar más en entredicho en la última semana. López trató de hacer valer su poder orgánico al apoyar hasta el último momento la moción de Ponferrada, a pesar de la conocida oposición frontal de la número dos del PSOE. Y cuando a golpe de improvisación Rubalcaba decidió echarla para atrás -siete horas después de que se aprobara-, tanto el líder del PSOE como la propia Valenciano afirmaron desconocer 'los detalles' de la operación para cargar a López con toda la responsabilidad.

La situación se volvía entonces 'insostenible', tal y como reconoce otro parlamentario crítico con el actual secretario general desde que fue elegido en el congreso de Sevilla de 2012. Pero el problema para Rubalcaba parecen haber dejado de ser esos críticos. Sus propios afines asumen ya la 'desmotivación' que produce el actual liderazgo del partido. 'Ya se están buscando alternativas', reconoce otra diputada, que afirma que la intervención del secretario general en el debate del estado de la nación fue 'un punto de inflexión definitivo' en el declive del líder del PSOE. 'Hizo una intervención brillante, y en cambio todo el mundo consideró que perdió. No da para más', concluye. 

El baile de nombres, que va desde el del exlehendakari Patxi López hasta el del vicepresidente del Grupo Socialista, Eduardo Madina, pasando por el de la propia Carme Chacón, choca frontalmente con la negativa del sector más afín con el secretario general a que se adelante el congreso extraordinario a tres años de las elecciones generales. Las fuentes parlamentarias consultadas hablan, entonces, de la posibilidad de que en el muy corto plazo se produzcan movimientos en la Ejecutiva federal o en la propia dirección del grupo en el Congreso.

Hasta que eso suceda será Rubalcaba el que tenga que seguir lidiando con los otros tres frentes que permanecen abiertos. La vorágine de los últimos días ha dejado en un segundo plano la fricción entre el PSOE y el PSC y las negociaciones que mantienen ambos partidos hermanos para 'reformular' su relación 35 años después del protocolo firmado por las dos formaciones y después de que los catalanes rompieran por primera vez la disciplina del Grupo Socialista para apoyar el derecho a decidir. Desde la Ejecutiva federal no quieren dar nuevos detalles. Señalan, únicamente, que los contactos son 'permanentes'. Y por parte del PSC no esperan novedades significativas antes del verano. 

La dirección del PSOE también interpretó como un 'desafío' la determinación expresada por el PSdeG de Pachi Vázquez en su última Ejecutiva nacional para celebrar unas primarias para dar con su secretario general, a pesar de que esa fórmula no esté contenida en los estatutos del partido. 'La intención no era confrontar', recalcan fuentes cercanas al todavía líder de los socialistas gallegos, e insisten en que hay una 'aproximación de posiciones' con Ferraz, algo que corroboran desde la dirección federal. Tras la polémica inicial el PSdeG opta por llamar 'consulta' a esas primarias que, insisten, se celebrarán el 1 de junio y 'con el apoyo' del equipo de Rubalcaba. 

El último frente se abrió el pasado fin de semana en Castilla y León por el mencionado escándalo de Ponferrada. El caso no hizo más que reabrir las heridas del partido heredadas desde el congreso federal de 2012 entre quienes apoyaron a Rubalcaba y, por tanto, a su exlíder regional, Óscar López, y a los que respaldaron a Chacón. El máximo ejemplo se dio en la propia provincia de León, el territorio con más peso de militantes de la comunidad autónoma. Mientras el sector oficialista respaldó al hoy alcalde ponferradino Samuel Folgueral, los críticos cercanos al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, que tienen su principal feudo en la capital, mostraron su más contundente rechazo a la inciativa en defensa de la igualdad.

El caso Ponferrada también reflejó la crisis de liderazgo en el PSOE castellano-leonés durante la Ejecutiva del pasado jueves. El secretario general, Julio Villarrubia, salía escaldado de la reunión por las numerosas críticas que le lanzaron los suyos por no haber asumido su parte de responsabilidad en lo sucedido en la capital del Bierzo, y que el también diputado aseguró desconocer hasta que se produjo.