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CONGRESOS DEL PP La cúpula del PP convierte el congreso andaluz en un ataque masivo a Susana Díaz

El líder regional, Juanma Moreno, es reelegido con un 95% de apoyos con el mandato de aprovechar el salto de la presidenta a Ferraz para desbancar al PSOE tras 39 años en el poder

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El líder del PP andaluz Juanma Moreno (i), acompañado por la ministra de Empleo, Fátima Báñez (d), tras ser elegido Presidente del PP-A.- EFE/Carlos Díaz

El líder del PP andaluz Juanma Moreno (i), acompañado por la ministra de Empleo, Fátima Báñez (d), tras ser elegido Presidente del PP-A.- EFE/Carlos Díaz

El presidente del PP andaluz y candidato único a la reelección, Juan Manuel Moreno, ha afrontado este fin de semana un congreso regional tranquilo, sin oponentes que discutan en abierto su liderazgo. Aunque al final ha recibido menos apoyos de los compromisarios, es decir, de los suyos (95,04%) que de los afiliados que participaron en la elección, los que le votaron en primera ronda (98%).

El malagueño y su gestión al frente del partido durante los últimos tres años -cuatro derrotas electorales (europeas, andaluzas, municipales y generales de diciembre) y una victoria (generales de junio)- ha sido refrendado por los populares andaluces de forma abrumadora. Es tradición en una formación que ha celebrado 15 congresos regionales a lo largo de tres décadas y en ninguno de ellos ha habido listas alternativas, siempre un solo candidato, oficialista, y elegido por aclamación.

Para los conservadores, esto indica que el partido es una piña, que está unido y fuerte, que no existen críticos ni elementos que desestabilicen esa unidad, y que el liderazgo de Moreno (“Llamadme Juanma”) está consolidado. Sus adversarios, en cambio, advierten de que esa ausencia absoluta de crítica dentro de la formación hace del PP-A un partido anodino, sin voz propia ni autonomía en su región, y que sólo está en Andalucía como sucursal del PP nacional, “para hacer de vocero del Gobierno de Mariano Rajoy, y no para defender los intereses de esta tierra”.

El cónclave de los populares andaluces se ha celebrado en Málaga (ciudad natal de Juanma Moreno), bajo la sombra alargada de dos políticos que se han convertido en una obsesión para el malagueño, porque proyectan sobre él una constante imagen de provisionalidad: una es Susana Díaz, presente en todos los discursos de todos los dirigentes que han pasado por este congreso; y el otro es Javier Arenas, el insumergible expresidente del PP de Andalucía, siempre con un pie en Madrid y otro en Sevilla, y a quien todos atribuyen aún mando en plaza, tutela, influencia o control en la distancia, pese a que abandonó el cargo en 2012. A falta de corrientes críticas y de candidatos alternativos en el PP andaluz, la única intriga de un congreso regional era saber cuántos arenistas seguirían dentro de la nueva ejecutiva. Es decir, una forma de medir el grado de influencia que mantiene el expresidente sobre el partido en Andalucía, y que le sirve de sostén en la calle Génova, sede del PP nacional.

Pelea por ser el primer presidente del PP en Andaliucía

Juanma Moreno (Barcelona, 1970) pelea por ser el primer presidente del PP en Andalucía, la única comunidad autónoma donde siempre ha gobernado el PSOE y no ha habido alternancia en el poder desde que se instauró la democracia. Pero últimamente también tiene que pelearse con los suyos por ser la némesis principal de Susana Díaz, referente del socialismo de vieja escuela, que aspira a liderar su partido en toda España, y probablemente a ser la próxima presidenta del Gobierno. A Susana Díaz, figura ascendente de la política nacional, le salen némesis por todo el país, incluso dentro de su partido, de ahí que Moreno no tenga asegurado el puesto de líder de la oposición a la andaluza.

Los populares ven en la “espantada” de Susana Díaz la “ocasión perfecta” para alcanzar el poder

A falta de adversario interno, el congreso regional del PP-A se ha convertido en una suerte de zafarrancho de ataques contra la presidenta de Andalucía, que en ciertos momentos ha robado protagonismo a Moreno, el verdadero protagonista. Todos los líderes nacionales que han pasado por Málaga -Núñez Feijoo, Santamaría, Méndez de Vigo, Zoido, Cospedal, Arenas- y todos los dirigentes andaluces han terminado hablando de Susana Díaz, cuestionando su gestión al frente del Gobierno autonómico y su compromiso con Andalucía, o bien su capacidad para compatibilizar este puesto con la secretaría general del PSOE.

La estrategia ha quedado patente: la cúpula del PP cree que el salto de Susana Díaz a Ferraz debilitará a los socialistas andaluces, o al menos abocará a una crisis interna a la federación más potente, que en los próximos meses tendrá que resolver el relevo en la ejecutiva y en el Gobierno autonómico.

Los populares ven en la “espantada” de la presidenta la “ocasión perfecta” para alcanzar el poder en la única región donde aún no han gobernado, de ahí que hayan aprovechado el congreso para caer en tromba contra la Díaz. El propio Rajoy ya dijo recientemente que esta comunidad necesitaba un líder a tiempo completo, y no alguien con la mente puesta en cuestiones orgánicas de su partido. Con apenas matices, este es el discurso que más se ha escuchado en el cónclave andaluz.

El problema es que al poner el acento en los problemas de incompatibilidades de Susana Díaz, el PP ha visibilizado sus propias contradicciones. Los populares acaban de salir de un congreso nacional, el pasado febrero, en el que se votó mayoritariamente a favor de compaginar cargos, como hace Rajoy (presidente del Gobierno y del PP) o Cospedal (secretaria general del PP nacional, líder de la oposición en Castilla La Mancha y futura candidata a las

Esta situación se da en el propio contexto del PP andaluz, donde hay dos presidentes provinciales que a la vez son secretarios de Estado -de Hacienda, en el caso del líder del PP de Jaén, José Enrique Fernández de Moya, y de Seguridad, en el del presidente del PP de Córdoba, José Antonio Nieto-. Además, el presidente del PP de Cádiz, Antonio Sanz, también es delegado del Gobierno en Andalucía.

Una persona, un cargo

Todo esto desdibuja el discurso de “una persona, un cargo” del que hace gala Juanma Moreno, partidario de que “cada persona que tiene una responsabilidad se dedique a esa responsabilidad”. Cada 15 días en el Parlamento, durante la sesión de control al Gobierno, el malagueño se esmera en acusar a Susana Díaz de estar más centrada en los líos de su partido que en la gestión de Andalucía, pero a su estrategia la saltan las costuras cada vez que los socialistas le recuerdan que mire dentro de su patio. La normas internas que se dio el PP en su congreso nacional invalidan o restan credibilidad al leit motiv de Moreno contra Díaz, y entorpecen la que puede ser su gran oportunidad para desbancar al PSOE del Gobierno andaluz.

Juanma Moreno asumió la presidencia del PP andaluz en marzo de 2014, recogió el testigo del ahora ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, que había aceptado a regañadientes ser presidente provisional tras la marcha de Arenas a Madrid. Un año después, Moreno se enfrentó por primera vez a Susana Díaz en las elecciones autonómicas de 2015 (la sevillana también se estrenaba como candidata). El malagueño arriesgó mucho: dejó la Secretaría de Estado de Igualdad para liderar la oposición en Andalucía, sin escaño en el Parlamento, y siendo un perfecto desconocido para los andaluces. El PP andaluz pasó de 50 a 33 escaños, de la cumbre al subsuelo, del 40,6% de votos a un exiguo 26,7%, su peor resultado desde mediados de los noventa.

En estos tres años, con Moreno al frente del partido, los populares han sido derrotados por el PSOE de Díaz cuatro veces -europeas, andaluzas, municipales y generales-, pero en las últimas legislativas de junio, se rompió la tendencia: el PP adelantó en 100.000 votos y tres diputados a los socialistas, infringiendo la primera gran derrota a la sevillana, y poniendo en duda su imbatibilidad en la esfera política nacional. No sólo había perdido el PSOE, es que el epicentro de su derrota estaba en Andalucía. Los socialistas se dejaron en el camino 157.000 papeletas en toda España, y el 60% provenían de esta región (77.651 sufragios menos que hace seis meses). La victoria del PP fue más por deméritos del PSOE que por sus logros, aún así, Moreno proclamó que habían “ganado a Susana Díaz”, y que si bien no había habido “sorpasso” de Podemos a los socialistas, en Andalucía sí se había dado el “surpasso”.

El PP andaluz está debilitado, pero sigue siendo el líder de la oposición (le sigue de lejos Podemos, con 18 diputados menos, y muy atrás el otro grupo conservador, Ciudadanos, con 9 escaños). Le separan medio millón de votos y 14 escaños del PSOE, pero hacia abajo, y ocupa cómodamente la posición de salida para una hipotética transición política que muchos esperan pero no termina de llegar. Los populares ven la previsible marcha de Susana Díaz a Madrid como una oportunidad para ser alternativa real de Gobierno, aunque las últimas encuestas siguen situando a los conservadores muy lejos del PSOE. Ni en el peor momento de los socialistas, sin liderazgo y abierto en canal por las luchas internas, el PP-A logra asomar cabeza en un territorio que históricamente le ha sido hostil. Juanma Moreno, además, sigue siendo un desconocido para el 56% de los andaluces, según una reciente encuesta sobre intención de voto.