Publicado: 26.02.2014 14:03 |Actualizado: 26.02.2014 14:03

Un debate "previsible" que no aportó sorpresas a la agenda de Rajoy

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El debate sobre el estado de la nación de este año, el vigésimo cuarto desde 1983, no ha aportado ninguna sorpresa sobre la agenda política del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para la segunda parte de la legislatura. La única consecuencia tras casi 12 horas de debates a lo largo de dos días se limita a certificar que el presidente del Gobierno seguirá en la misma línea marcada hasta ahora: sencillamente, más de lo mismo.

Tanto en su primera exposición, este martes, de hora y media de duración, como en las sucesivas intervenciones en la segunda jornada para responder a los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios ha reiterado su doctrina: consolidar la recuperación e iniciar la senda del crecimiento económico y creación de empleo. Lo demás no cuenta. Rajoy ha evitado comentar, siquiera sucintamente, los asuntos más espinosos de estos dos años de gestión: la continuidad de una agobiante tasa de desempleo, las crecientes desigualdades sociales y la pérdida de derechos cívicos y de prestaciones sociales.

Del paro sólo ha hablado para interpretar "el cambio de rumbo" y del resto, ni por equivocación. No ha citado, pese a las conminaciones de varios portavoces, la reforma de la actual ley del aborto; tampoco nada de la tragedia de los inmigrantes de Ceuta, o de las inversiones en sanidad o en I+D+i, la reforma de la educación y de las becas o las prestaciones a la dependencia.

La polémica sobre la cuestión catalana sólo le ha servido para hacer un canto a la unidad de España, con grandes muestras de alegría en su bancada, y solo ante la presión de CiU hizo una somera mención a los mecanismos de reforma que establece la propia Constitución. Pero ni un milímetro más, a pesar de su latiguillo sobre su disposición al diálogo. Y sobre el final de ETA y el reciente movimiento de los terroristas de entrega de unas cuantas armas solo ha hablado al final, tras ser interpelado por el PNV y en respuesta al portavoz de Amaiur. Pero sin añadir tampoco ninguna novedad; si acaso para decir que no merecía ningún comentario por su parte. Si no había hablado el martes de las víctimas, lo ha hecho al día siguiente como elemento de reproche a la actitud de los abertzales, también para arrancar sonoros aplausos de los suyos.

La única novedad aportada por Rajoy ha consistido en dos anuncios: uno, la "tarifa plana" de 100 euros para la cuota patronal en aquellos contratos fijos que supongan aumento neto de plantilla y que, al menos, se mantengan tres años; el otro, que quienes ingresen menos de 12.000 euros al año estarán exentos del pago del IRPF. Esas limitadas medidas ponen en evidencia las dificultades que, pese al optimismo mostrado, tiene Rajoy para acometer su prometida reducción de impuestos y de estímulos fiscales cuando Bruselas mira con lupa las cuentas públicas españolas.

El propio Rajoy ha alardeado en el propio debate de lo "previsible" que es su actitud, tras lo cual quedan pocos comentarios que hacer. Ahora bien, el ejercicio, preparado minuciosamente, de sacar pecho con sus propios datos ha chocado con el rechazo de toda la oposición. Ningún portavoz parlamentario ha pronunciado frase alguna en tono conmiserativo a la tarjeta de resultados de dos años mostrada por Rajoy. Nada, lo cual tiene su mérito. Esa actitud hasta le ha permitido al portavoz socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, hacer el discurso más "rojo" desde que está al frente de la oposición.

Sin duda, esta falta de reconocimiento a lo que Rajoy considera un buen trabajo —evitar el rescate y comenzar la recuperación económica— a buen seguro que le ha dolido. De ahí que en no pocos pasajes de sus intervenciones se haya mostrado faltón e incluso irrespetuoso hacia algunos de sus interlocutores. Aun así, el debate no ha sido crispado y los momentos de tensión lo han sido de baja intensidad. Y, como era "previsible", no ha dicho ni mu sobre cambios en su gabinete. Por consiguiente, a partir de este momento, ahora sí, se abre la veda para hablar de la crisis de Gobierno. No tardará mucho.