Publicado: 19.06.2014 13:40 |Actualizado: 19.06.2014 13:40

La derecha se entrega con más entusiasmo al nuevo monarca

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Austeridad, sí, pero sin que el acto dejase de tener un envoltorio de solemnidad. Ese ha sido el comentario más repetido entre los asistentes esta mañana a la sesión de las Cortes Generales ante las que el nuevo rey Felipe VI ha jurado fidelidad a la Constitución y en la que ha quedado proclamado como jefe del Estado en sustitución de su padre, el rey Juan Carlos I, que firmó su abdicación el día anterior. La ceremonia, muy breve, ha consistido fundamentalmente en el discurso del rey, de poco menos de media hora .

De hecho, tanto parlamentarios, invitados como periodistas han tenido que aguantar bastante más tiempo en el interior del hemiciclo del Palacio del Congreso de los Diputados hasta el punto de que la gran mayoría de los asistentes a la ceremonia han podido seguir desde este lugar, a través de las pantallas en las que se reflejan las votaciones, incluso el acto celebrado una hora antes en el Palacio de la Zarzuela en el que el padre del nuevo monarca le ha impuesto el fajín de capitán general de los ejércitos.

Y como la espera era tediosa, sus señorías, o mejor dicho los diputados y senadores de la bancada de la derecha, se han dedicado con fruición a hacerse fotografías bajo el lugar donde estaba colocada la corona real y el cetro que, a modo de símbolos de la corona, daban un toque "kitsch" al escenario. En cualquier caso, un escenario irrepetible. Los grupos de parlamentarios conservadores se formaban como si estuviesen en Fitur, ávidos de guardar el recuerdo. SIGUE EN DIRECTO LA CEREMONIA.

En la bancada de la izquierda, hoy con la ausencia de 33 diputados y senadores - de un total de 616 - pertenecientes a La Izquierda Plural, ERC, ICV, Amaiur y GBai , el ambiente era más comedido, un poco de visita de compromiso. Con todo, el ex presidente castellanomanchego, José María Barreda, era el fotógrafo para varios correligionarios , siempre desde los escaños. Pero la larga espera se ha visto compensada con el uso del teléfono móvil para hacer todo tipo de fotografías, incluso "selfies" como el que han protagonizado los presidentes Susana Díaz, Javier Fernández e Ignacio González.

Entre los invitados quien se ha llevado buena parte de protagonismo ha sido el jugador de baloncesto Pau Gasol, a quien el protocolo ha colocado en última fila para no restar visibilidad a otros convocados: eso sí, a su lado han colocado al hijo mayor de la infanta Elena, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, que pese a su fama de rebelde se ha comportado correctamente durante la ceremonia y sus prolegómenos. En las tribunas estaban todos los que debían estar en este tipo de acontecimientos.

Los ex presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero departieron durante bastantes minutos toda vez que su homólogo José María Aznar, con asiento entre ellos, llegó escasos momentos antes de que lo hiciera el nuevo monarca. Tanto en este escenario como en los escaños - formados por sillas estrechas en sustitución de los habituales sillones para dar cabida también a los senadores - el color dominante en las mujeres fue el naranja eléctrico (Susana Díaz y la alcaldesa Ana Botella) y el rojo, mientras que en los hombres el terno más común fue el gris marengo.

La reina Sofía fue la gran triunfadora de la jornada a juzgar por el número y fuerza de los aplausos que arrancó de los presentes en el hemiciclo y en la tribuna de invitados: a su llegada, en la cita que hizo el presidente Jesús Posada en su breve alocución, y en la que le hizo su hijo en el discurso de proclamación. Especialmente en el primero de ellos, cuando el nuevo monarca se encontraba en el salón de Pasos Perdidos saludando a los miembros del Gobierno; la fuerza de las palmas las debió escuchar Felipe VI con nitidez. Estos aplausos contrastaban con la ausencia en este escenario del anterior monarca, Juan Carlos de Borbón.

En la larga espera los presidentes Urkullu y Feijóo departieron con intensidad; más tarde se les unió el president Mas - los tres juntos por protocolo al ser las comunidades más antiguas -, incluso el madrileño Ignacio González. En esta tribuna de invitados apenas hubo otra sociedad civil que la familia de la reina Letizia, con especial referencia de sus abuelos maternos, y el mencionado Pau Gasol. El Gobierno llenó de secretarios de Estado buena parte de la tribuna de invitados hasta el punto de que en un momento la titular de la de Comunicación - muy criticada por los periodistas por el caos en la entrega de acreditaciones - traspapeló su invitación que fue a caer sobre la bancada de CiU mientras saludaba al presidente de la Conferencia Episcopal española, monseñor Blázquez.

Quienes siguieron con mayor atención la intervención del nuevo monarca fueron los tres constituyentes vivos: Miguel Herrero, Miquel Roca y José Pedro Pérez Llorca, situados en lugar preferente. En representación del cuerpo diplomático estuvo el nuncio del Vaticano, un clásico en este tipo de acontecimientos.

Los parlamentarios del PP fueron quienes más se significaron a la hora de arrancar con los aplausos. En realidad, todos - a excepción de los dirigidos a la reina Sofía - se iniciaron en la bancada de la derecha, mucho más entregada al nuevo monarca que la bancada ocupada por los diputados y senadores socialista, algunos de ellos sin mover las manos en varios de los aplausos al discurso del monarca.

Otro foco de atención para los periodistas fue el comportamientos de las hijas de los reyes Felipe y Letizia, la Princesa de Asturias, la infanta Leonor, y la infanta Sofía. Su madre estuvo pendientes de ellas, situadas a la izquierda de los monarcas en unos sillones grandes que impedían que sus pies alcanzaran el suelo. Se comportaron como se supone que debían hacerlo; para ello contaron con la complicidad de las miradas de sus abuelos: la reina Sofía, situada frente a ellas en la parte central de la tribuna de invitados, los padres de la reina Letizia, ambos con miradas de complicidad durante todo el acto.

El gesto espontáneo de la sesión fue el grito que lanzó el diputado del PP Juan Manuel Albendea, al grito de "¡viva el rey!" antes de que los monarcas abandonaran el hemiciclo. Albendea, diputado por Sevilla, es quien defiende en nombre de su grupo, año tras año, la partida de los presupuestos generales del Estado destinada a la Casa Real.

Al margen de lo ocurrido en el interior del Palacio del Congreso de los Diputados, marcado por un riguroso y acartonado protocolo, la característica de la jornada en torno a la sede parlamentaria ha sido la seguridad. Hasta tres controles han tenido que superar periodista y también invitados para acceder al recinto, un exceso que han criticado especialmente algunos parlamentarios; también periodistas por considerar excesivo el celo aplicado en esta ocasión en comparación con otros acontecimientos de gran relevancia, incluso con mandatarios internacionales. Y el fiasco completo en la elaboración y entrega de las acreditaciones - hasta tres tarjetas se han exigido - para los trabajadores de los medios de comunicación.