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Primarias en el PSOE Díaz propone ahora consultar a la militancia los pactos postelectorales y la abstención

La dirigente socialista andaluza plantea en su programa para las primarias un crédito fiscal de hasta 24.000 euros para estudiantes, a devolver sin intereses en un plazo de diez a veinte años

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La presidenta de Andalucía y candidata a la Secretaría General del PSOE, Susana Díaz, interviene durante la presentación del documento "Propuestas para el debate en el 30 Congreso Federal", que recoge su proyecto político para el partido. EFE/Chema Moya

Lo más urgente para el PSOE es qué tipo de partido quiere ser, porque en estas primarias se debaten dos modelos aparentemente irreconciliables, el de Susana Díaz y el de Pedro Sánchez. La andaluza propone 17 medidas, algunas de ellas parecen directamente inspiradas por la terrible lucha interna de estas primarias, por ejemplo: “definir los derechos y deberes de los afiliados en la red y establecer un código ético”.

Esta propuesta parece responder a los insultos y descalificaciones que los socialistas se han vertido unos a otros en las redes sociales, sanchistas contra susanistas, y viceversa. “El respeto y los comportamientos ejemplares han de estar presentes en todos los canales a través de los que difundimos nuestras ideas”, dice el programa.

La presidenta andaluza también explora nuevas fórmulas de participación de la militancia en los órganos de decisión del partido, compartiendo así el poder con el aparato. Propone regular las consultas a las bases a propuesta de la dirección, como ahora, pero también si “un porcentaje significativo de la militancia” lo pide (no se especifica cuántas firmas tendrían que reunir los afiliados para invocar una consulta).

La candidata presenta su programa, a cuatro días de la votación, proponiendo regular las consultas a las bases y dando poder al afiliado para torcer el brazo a la dirección

Entre los asuntos que habrá que consultar, dice el programa, deben estar: “la elección de la Secretaría General; la moción de censura a la Secretaría General; los acuerdos de Gobierno postelectorales y cualquier cuestión aprobada por el Comité Federal o por un porcentaje significativo de la militancia”. De modo que una parte considerable de la militancia podría invocar una consulta para apartar al líder del PSOE.

También podría vetar pactos postelectorales, como el que suscribió Susana Díaz con Ciudadanos en Andalucía (que no fue consultado a las bases ni al comité director del partido), o podría invocar una consulta para rechazar la polémica abstención del PSOE en la investidura de Rajoy.

Estas medidas probablemente generarán cierta controversia, porque si hubieran estado en vigor hace un año, quizá hubieran precipitado la caída de Sánchez tras la derrota electoral a manos de la militancia, quizá hubieran impedido al PSOE abstenerse en la investidura de Rajoy, pero quizá también hubieran rechazado el acuerdo postelectoral e Díaz con Ciudadanos hace tres años.

De hecho, los sanchistas ya han tomado nota de estas propuestas de Díaz. El hecho de que entre los asuntos de la consulta a las bases aparezca “la elección de la Secretaría General”, ellos lo interpretan como “un intento de cargarse las primarias”, porque la elección del líder ya viene regulada en los estatutos federales del PSOE. Dice así: “La elección del Secretario General se hará mediante voto individual, directo y secreto de los militantes del PSOE del correspondiente ámbito territorial y que tengan plenos derechos políticos. El Comité Federal aprobará un reglamento a tal efecto”. El entorno de Díaz niega tajantemente que su intención sea fulminar el sistema actual de primarias, de voto directo de la militancia, que sólo se ha usado con la designación de Pedro Sánchez.

La presidenta de Andalucía y candidata a la Secretaría General del PSOE, Susana Díaz, saluda al diputado socialista Eduardo Madina antes de presentar el documento "Propuestas para el debate en el 30 Congreso Federal", que recoge su proyecto político para el partido. EFE/Chema Moya

La última crisis del PSOE también parece inspirar otra medida, sobre cuándo se debe nombrar una gestora que sustituya temporalmente a la dirección del partido, y por cuánto tiempo. Sánchez acusó a Díaz y a los demás barones socialistas de haber prorrogado en exceso la vida de la actual gestora, que preside Javier Fernández, para agotar sus posibilidades en las primarias.

Ahora Díaz defiende que “nombrar una gestora responde a una situación de crisis de la organización que debe resolverse lo antes posible, abriendo una nueva etapa en la organización que no acabe resultando un cierre en falso por la precipitación en la búsqueda de la solución”. El plazo límite que se da Díaz es justo el que ha durado esta gestora: nueve meses (prorrogable por una única vez, pero siempre dentro de ese marco temporal).

También se propone la creación de una Oficina Ética, “con capacidad para actuar de oficio, con el objetivo de luchar contra la corrupción dentro del PSOE”; y la figura del “defensor del militante”, también elegido en el congreso, y con con una doble función: “atender las quejas de los afiliados relativas a sus derechos como militantes o a situaciones de abusos de poder”. Se crearán dos nuevas secretarías, una Social, que ligue al partido con organizaciones sociales, y otra de Diversidad, que luche por los derechos de gays y lesbianas. Además, “todos los cargos públicos y orgánicos rendirán cuentas periódicamente y publicarán sus agendas políticas”, y se harán públicos los presupuestos del partido.

Programa de Gobierno

Susana Díaz ha presentado su propuesta programática este miércoles en Madrid, a cuatro días para terminen las primarias socialistas, en las que están llamados a las urnas los más de 180.000 militantes del PSOE.

Sus adversarios (el madrileño Pedro Sánchez y el vasco Patxi López) le han afeado que haya dejado para el final el programa, como si la esperada refundación del partido tuviera poco que ver con refrescar las ideas y los proyectos del PSOE. La crítica es legítima, pero en realidad estas primarias no son unas elecciones al uso, no se confrontan programas políticos distintos, sino propuestas complementarias que luego serán debatidas y probablemente mezcladas en el congreso federal de junio.

La presidenta de Andalucía y candidata a la Secretaría General del PSOE, Susana Díaz, atiende a los medios de comunicación antes de presentar el documento "Propuestas para el debate en el 30 Congreso Federal", que recoge su proyecto político para el partido. EFE/Chema Moya

La presidenta de Andalucía y candidata a la secretaría general del PSOE ha presentado un doble programa, con propuestas de Gobierno y propuestas de partido, no en vano aspira a liderar su formación para luego presidir el Ejecutivo. En su documento hay más medidas legislativas que orgánicas, lo cual es algo paradójico, porque para cumplir las primeras, antes debe ganar unas elecciones y llegar a Moncloa, mientras que las segundas son más inminentes, urgen más a una formación en fase de redefinición, y tendrán que discutirse y aprobarse en el plazo de un mes.

Díaz fue la última de los tres candidatos en irrumpir en las primarias. El 5 de abril, entró en campaña anunciando una propuesta potente de Gobierno: la gratuidad de la matrícula universitaria para los estudiantes con buenas notas. El impacto de la medida fue menor de lo esperado. Su equipo se dio cuenta enseguida de que estas primarias no iban a versar sobre el contenido programático, no merecía la pena bajar al máximo de concreción, sería un pulso de brocha gruesa sobre el modelo de Gobierno y de partido. El debate estaba polarizado entre lo que Díaz representa (el PSOE de siempre) y lo que Sánchez anunciaba, casi una ruptura con el pasado, un giro a la izquierda.

La presidenta de Andalucía y candidata a la Secretaría General del PSOE, Susana Díaz, se toma un café antes de presentar el documento "Propuestas para el debate en el 30 Congreso Federal", que recoge su proyecto político para el partido. EFE/Chema Moya

El documento de Susana Díaz, Una propuesta de futuro, tiene 48 páginas. Contiene algunas medidas que van más allá del propio programa electoral con el que el PSOE concurrió a las elecciones generales hace un año, por ejemplo, la gratuidad de la educación Infantil de 0 a 3 años. En la legislación educativa estatal, en la Lomce y antes en la LOE, esta etapa escolar no es ni obligatoria ni universal ni gratuita, algo que dejó claro la propia Díaz hace poco en Andalucía, cuando aprobó un polémico decreto que liberaliza el sector de las guarderías.

La propuesta obligaría a modificar una ley básica. En el documento no viene presupuestada, pero se puede hacer una estimación viendo los datos, por ejemplo, en Andalucía. Allí la oferta de plazas de guarderías cubre en torno al 40% de la población escolar de 0 a 3 años (260.000 niños), y le supone un coste a la Junta de 175,4 millones de euros. El principal escollo de esta propuesta es que, hoy por hoy, no hay escuelas infantiles construidas para acoger a toda la población de estas edades.

A Díaz se le ha reprochado los pocos guiños que ha hecho en esta campaña a los jóvenes (casi no los mencionó durante el debate televisado), quizá porque su estrategia es movilizar a la vieja guardia que añora el PSOE invencible de los años 80, o quizá porque sabe muy bien que la media de edad de la militancia socialista se mueve entre los 55 y los 60 años.

Para paliar ese déficit, la andaluza eligió una medida estrella para encabezar la presentación de su documento, dirigida precisamente a los jóvenes: se trata de un crédito fiscal de hasta 24.000 euros para estudiantes que se estén formando, ligadas a un proyecto de estudios, de inserción laboral o emprendedor, y que serán compatibles con las rentas del trabajo. Los beneficiarios devolverán el préstamo sin intereses en un plazo de diez a 20 años. Esta medida sí está presupuestada en mil millones de euros. Lo curioso es que no aparece en el documento distribuido esta mañana, sino que llegó como un añadido posterior, después de que la sevillana la mencionase en su presentación.

El origen de la crisis interna que vive el PSOE está en las dos derrotas electorales y en el convulso comité federal del 1 de octubre en el que una parte de la ejecutiva y de los barones socialistas (liderados por Susana Díaz) obligó a Sánchez a dimitir como secretario general. Luego se facilitó la gobernabilidad a Mariano Rajoy con la abstención del partido en su investidura. El pulso amargo entre Díaz y Sánchez vuelve siempre a esos hechos, con dos lecturas irreconciliables, para evidenciar un choque de legitimidades: ¿quién decide y cómo? ¿El líder del PSOE, la ejecutiva, el comité federal, la militancia? ¿Existe, de veras, un choque entre el aparato y las bases, como denuncia Sánchez? El documento de Díaz entra en esta materia, pero no aporta soluciones significativas. “Las primarias son para dar protagonismo a los militantes, no para otorgar poderes especiales a la figura del secretario general”, dice el texto.

“La elección directa a través de primarias no transfiere un plus de poder para imponer decisiones ni exime de formar la posición del partido sobre el acuerdo y el diálogo. Las primarias refuerzan los procesos de participación de la militancia en la toma de decisiones sin que esto debilite la representación del resto de órganos del partido”. Este párrafo puede leerse fácilmente como una crítica directa a Sánchez y su actuación en el comité federal del 1 de octubre. Díaz vuelve a apelar al “equilibrio de poder” entre las bases y los dirigentes. “El PSOE es un partido útil que cuenta con órganos de control que garantizan el equilibrio entre la ejecutiva y el Comité Federal, máximo órgano entre