Publicado: 05.03.2014 13:22 |Actualizado: 05.03.2014 13:22

La diputada díscola del PP: "Soy republicana porque vivo en el siglo XXI"

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Republicana, de centro y defensora de los Derechos Humanos, especialmente, de los de las mujeres. Así se define, en resumen, Teresa Gómez Limón (Madrid, ¿?) —es "coqueta" y no quiere revelar su edad—, diputada del PP en la Asamblea de Madrid que, tras haber resultado herida en el accidente del Alvia, se ha convertido en la oveja negra del partido. Instó a los presidentes de Adif y Renfe a asumir responsabilidades por la tragedia de Santiago y todavía lucha por convencer a los dos grandes partidos para que se cree una comisión de investigación al respecto. Le pidieron silencio, pero reconoce que no es "ni dócil ni obediente". "Tengo muy mal perfil para los partidos políticos", asume.

Gómez Limón, doctorada en Psicología Clínica por laUniversidad Complutense de Madrid y autora de Quien bien te quiere NO te hará llorar y de Las tradiciones que no aman a las mujeres,  ingresó en el CDS —formación que se integró en el PP en 2006— de Adolfo Suárez a finales de los 80. Feminista —"Siempre he sido moderna, me separé cuando todavía no había ley del divorcio y luché por ella y por los derechos de la mujer", presume—, crítica con todos los Gobiernos desde la democracia, trató de cerca a Esperanza Aguirre y ahora a Ignacio González. La primera la decepcionó; del segundo no le gustan sus intenciones privatizadoras. ¿Y el Ejecutivo de Mariano Rajoy? "Este Gobierno no cumple el programa electoral, que debería ser un contrato con los ciudadanos, y por donde no paso es por la falta de respeto a los Derechos Humanos", defiende. Harta de "la falta de democracia" dentro de los partidos y en el sistema electoral, dejará su escaño cuando agote la legislatura.

¿Cómo termina en política una mujer sin tradición familiar ligada a ello y que disfruta de su trabajo en el juzgado número 5 de Violencia contra la Mujer de Madrid?

"Siempre me he considerado de centro"

Yo he trabajado como psicóloga clínica y como psicóloga forense con niños que tenían lesiones cerebrales, en Educación y después  en Justicia. Pero en política ya llevo desde el año 88, 89, cuando me afilié al Centro Democrático y Social (CDS) de Suárez. Mi marido, Rafael Taibo, es un conocido luchador antifranquista y, aunque mis padres nunca han estado muy politizados,  yo —que siempre he pensado por mí misma y he sido muy crítica— siempre me he considerado de centro. Respeto las libertades individuales y me considero una persona dialogante, intento ver el punto contrario siempre; sí, soy centrista. En aquella época, no compartía muchas cosas del Gobierno de Felipe González y por eso me uní a Suárez.

¿Qué no le gustaba de González?

"En la Transición se cometieron errores que ahora pagamos todos"

Sé que ha pasado a la historia como un personaje, pero el PSOE desmanteló la industria desde el punto de vista económico sin que ello, por ser el partido socialista, tuviera ninguna contestación social. El caso GAL, por supuesto, no tiene nombre, la corrupción... y considero que actuó con prepotencia. Ese desencanto me empujó también a la CDS y, aunque Suárez tampoco había sido maravilloso, creo que en aquella época, se hizo lo que se pudo. Pero también es verdad que en la Transición se cometieron muchos errores que ahora pagamos todos.

¿De aquellos polvos estos lodos?

Sí. Todos los problemas de ahora vienen de aquel café para todos, del Estado de las autonomías... Parece que el Generalísimo lo había dejado todo atado y bien atado. Y de ahí esta ley electoral encorsetada, poco democrática que nada tiene que ver con el resto de los países de Europa.

Pero usted siguió en política... ¿intentaba cambiarla desde dentro?

Sí, pero es que al principio, en la CDS había democracia. Se debatía, se elegía a los representantes y, cuando los militantes me eligieron presidenta [entre 2000 y 2005], me recorrí toda España para saber qué opinaban todas las federaciones. Llegó un momento en el que estaba cansada de que todo ese esfuerzo no sirviera para nada. Porque no teníamos financiación para las campañas —todo nos lo pagábamos de nuestro bolsillo, con las aportaciones de los militantes—, no teníamos presencia en los medios y, por supuesto, ningún poder. Al final, tras constatar que no era un proyecto viable, dedicimos unirnos a uno de los grandes partidos porque estábamos hartos de ser pequeños. Votamos y se eligió que fuera el PP y no el PSOE a quien nos uniríamos. Hablé con Acebes, le plantee la cuestión en una época en la que el PP hablaba de su "virage al centro", y llegamos a un acuerdo para integrarnos en el Partido Popular.

[En la imagen, Teresa Gómez Limón, con el actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una foto de archivo. EFE]

Y así llegó a la Asamblea de Madrid...

"Me hacía ilusión representar a los ciudadanos"

En las siguientes elecciones, como había sido la presidenta del CDS, en el PP se sintieron con cierta obligación de ponerme en las listas. Esperanza Aguirre me preguntó si prefería el poder ejecutivo o el legislativo y elegí lo segundo porque me hacía ilusión ser diputada y representar a los ciudadanos en un escaño, aunque cobraría menos que siendo directora general. 

¿Cómo fue aquella primera experiencia?

En aquella legislatura, con dinero, sin crisis, cuando mientras Zapatero cometía errores garrafaeles, nosotros construimos hospitales, colegios, colegios bilingües... todo iba bien. Fue un Gobierno, dialécticamente hablando, fácil. 

"No tiene ningún sentido que la función esencial de un diputado sea aplaudir y apretar un botón" ¿Cuándo empezó, entontes, su desencanto?

Cuando volvieron a llamarme, en la legislatura pasada, me dijeron que iba a ir en el puesto 85 de las listas. Un puesto en el que nadie esperaba que saliera diputada [ella volvió a entrar en la Asamblea cuando Aguirre se fue]. Y a mí me pareció bien. Pero después, en un acto, Aguirre me dijo: 'Vas en ese puesto porque tú tienes trabajo'. Y eso no lo entendí nunca. ¿Esto es como el INEM? ¿Los otros 84 no tienen trabajo y por eso van antes en la lista? Me sentí...

¿Decepcionada?

Sí. Pero yo creo que la palabra que mejor definiría aquella sensación es asombrada. 

Esa anécdota es una prueba de que se da una situación muy criticada: la del político de carrera que nunca se ha dedicado a otra cosa...

Es que no se puede ser un profesional de la política. Yo limitaría los mandatos por ley. Creo que un político tiene que serlo sólo dos legislaturas.  Y así se evitaría también la corrupción. Porque para conseguir 48 millones de euros hay que tener una red montada que no se hace de la noche a la mañana. 

Le molesta tanto la corrupción que no se presenta nunca como política sino como psicológa, ¿no?

Sí. Es que si no tengo que explicar siempre que yo soy buena, que no soy una choriza, que yo no robo, que yo jamás he recibido un sobre. De hecho, en su día escribí una carta a Rajoy pidiéndole que aclarara quiénes habían cobrado en negro porque yo también soy un cargo del partido y, desde luego, yo, y otros muchos, jamás hemos recibido nada. No quiero que me identifiquen con eso. 

Hay quien le criticará porque dirá que usted ya sabía cómo era esto cuando se metió en política...

"La disciplina de voto me parece inconstitucional"

Es que una cosa es saber la teoría y otra es vivir el sistema. Yo no soy una ingenua. Sabía que los partidos no son democráticos, aunque creía que había un poco más de debate dentro de los grupos parlmentarios, que se debatía, que se discutía, que había otro tipo de cosas, que no todo se seguía bajo normas del partido. Y esto es así en el PP, en el PSOE y en todos los partidos. Bueno, al menos en los dos grandes seguro. Nadie dice nada nunca en contra de lo que dice su grupo. Te marcan uno, dos, tres dedos y ya está. Y si no lo sigues, te multan, estás mal visto y te apartan. Y a mí esto de la disciplina de voto me parece hasta inconstitucional porque el Constitucional dijo en su día que el escaño era de uno...Es absurdo. No tiene ningún sentido que la función esencial de un diputado sea aplaudir y apretar un botón.

¿Cómo le gustaría que fuera?

Lo que me gustaría es que se pudiera elegir diferente el poder legislativo del ejecutivo, como en Estados Unidos. Allí muchas veces no coinciden uno y otro y eso está muy bien. El problema aquí es que tenemos una monarquía; no podemos elegir al jefe del Estado porque el jefe del Estado nos viene dado. 

No me dirá también que es republicana...

Totalmente. ¡Pero es que vivo en el siglo XXI! Y no creas que dentro del PP la gente es tan monárquica. Porque es un problema de democracia y de modernidad. Sin tener en cuenta a las personas, la monarquía en sí misma es una institución antidemocrática, que no se elige. Y en el siglo XXI lo de la sangre, el ser elegido por gracia divina ya ha pasado a la historia. Por no decir que en España viene de la mano de Franco...Yo creo que tarde o temprano la monarquía desaparecerá en toda Europa porque no se puede mantener. Es una cuestión de razón, no de antipatías personales. 

Y al margen del rey, ¿qué más cambiaría?

El problema es la ley electoral. Yo haría circunscripciones uninominales, como en Inglaterra, donde los candidatos votan a una persona que conocen; no como aquí, donde se votan listas cerradas, en bloque, donde se vota al partido y los diputados no pintan nada. El otro día, nos reunimos [la Plataforma Víctimas del Alvia 04155] con [el secretario de formación de la Ejecutiva del PSOE y diputado] Rafael Simancas para que nos diera una explicación personal de por qué se oponía a crear una comisión de investigación del accidente. No nos dio una respuesta, sólo nos dijo que lo hablaría con su grupo...en fin, lamentable. 

[Gómez-Limón, a la derecha, en una protesta de la Plataforma Víctimas del Alvia frente al Congreso]

Es crítica con la oposición, pero también con su partido, del que —después de sus críticas por la gestión del accidente— dijo que la echarían si pudieran. Ahora dice que se irá cuando agote la legislatura. ¿Ha recibido presiones para marcharse?

No, para nada. Pero sí me dolió que, cuando estaba recién llegada del hospital a Madrid, convaleciente y traumatizada, me presionaran para que no hablara, para que no criticara lo del accidente. Eso me dolió mucho. Me pareció poco humano. Ahora hay gente que me demuestra su cariño —de mi partido y de la oposición— y hay quien no me habla, que es hasta de mala educación.

¿Tampoco le han ofrecido amablemente otro puesto para apartarla más sutilmente? 

No, no llega la situación a ese extremo. Pero es cierto que los partidos quieren gente dócil y obediente. Y yo no soy ni una cosa ni la otra. Tengo muy mal perfil para los partidos políticos; para todos, pero ahora me dejan bastante tranquila. 

En su día protestó en este diario por la contrarreforma del aborto de Gallardón, ayer criticó la gestión de Interior con la tragedia de Ceuta... ¿hay más cosas que no le gusten del Gobierno de Rajoy? 

"Nadie aborta porque sea una fiesta"

Este Gobierno no cumple su programa electoral, que debería ser un contrato con los ciudadanos. Y hay ciertos incumplimientos, quizá en lo económico, que puedo entender, pero por vulnerar los Derechos Humanos no paso. Respecto a los inmigrantes, lo primero es ayudar a la gente y luego, si hay que deportarles, ya veremos, pero no se pueden lanzar pelotas de goma a gente que lucha por su vida. Y hay que pedir una investigación, pero lo cierto es que murieron 15 personas... Y respecto al aborto, estoy a favor de la ley de plazos porque estamos en el siglo XXI, porque la tienen 22 países de nuestro entorno, porque nadie aborta porque sea una fiesta y porque no ha aumentado el número de abortos desde que está la ley. 

¿Y qué opina de los recortes en Sanidad, Dependencia y Educación? 

Pues que muy mal. Porque además entra en contradicción con la amnistía fiscal, con las Sicav... Por un lado no se recaudan los ingresos correctos y por otro se recortan derechos. Creo que habría que recaudar lo que no se paga antes de recortar. Y respecto a la Lomce creo que, dada la contestación social que ha tenido, Wert tendría que haberse sentado a dialogar con todos los afectados para llegar a un acuerdo.

¿Y qué dijo usted cuando vio que en su Parlamento se aprobaba la ya paralizada privatización de hospitales?

Yo siempre he defendido que pueden coexistir privada y pública, pero cada una en su ámbito y con sus reglas de juego. Lo que no tiene sentido es que con algo que pagamos todos se beneficie un grupo de personas privadas y así se lo dije al portavoz de mi grupo parlamentario, Íñigo Henríquez de Luna. Me dijo que no lo entendía y le respondí que por qué no, si yo defendía las leyes del liberalismo. Es decir, ¿por qué la sanidad privada no se iba a regir por las mismas normas que el dueño del bar de la esquina?  Lo que iban a hacer aquí era darles el negocio redondo ya hecho: te pongo el edificio, los trabajadores y los clientes y tú te llevas el beneficio.

¿Cuando se vaya, se irá a otro partido o creará uno nuevo?

Quiero aclarar que no me voy antes porque nunca he hecho nada malo; sólo utilizar mi libertad de expresión. Y cuando me vaya no pretendo ser cabeza de cartel de nada. Ahora, si alguien afirma que cambiará el sistema nefasto que tenemos, que quiere intentarlo, me apuntaré a su causa.