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Discurso Puigdemont Discurso íntegro de Carles Puigdemont

Estimados conciudadanos y conciudadanas,

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El president cesado Carles Puigdemont, número uno de la lista de Junts per catalunya, saluda a sus seguidores en Bruselas que celebran los resultados de las elecciones del 21-D. REUTERS/Francois Lenoir

Estimados conciudadanos y conciudadanas,

Me dirijo a todos vosotros, en el tradicional discurso de Fin de Año, en las circunstancias más inverosímiles imaginables. Hace sólo un año, nadie en Catalunya ni en Europa hubiera podido ni pensar que asistiríamos a la vergüenza y al escándalo de tener, hoy, presos políticos en las cárceles de un país de la Unión Europea. Y tenemos cuatro: el vicepresidente Oriol Junqueras, el consejero Joaquim Forn, a Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Están en prisión por sus ideas políticas, eso lo sabe todo el mundo. Los acusan, como a todos nosotros, de haber cumplido la promesa electoral y de haber sido fieles en el Parlament de Catalunya con el único propósito de construir un país mejor, con herramientas verdaderamente eficaces y recursos que no corresponden por justicia, porque son fruto del esfuerzo del pueblo de Catalunya en su conjunto, de los 7,5 millones de habitantes.

Pero pese a esta situación, no quería dejar pasar la ocasión de enviaros un mensaje de buenos augurios para el nuevo año que comienza y hacer también unas reflexiones oportunas. En primer lugar, quiero agradecer a todo el mundo su participación en las elecciones del 21 de diciembre. Una participación de casi el 82% es un éxito democrático histórico, tanto en nuestro país como en la mayoría de países de Europa. Siempre Hemos dicho que los catalanes no tenemos mierdo de las urnas, convoque quien convoque unas elecciones, y es por eso que podemos estar contentos, como pueblo, de nuestra participación en una jornada, ahora sí, sin violencia ni represión. Gracias por haber mandado con tanta claridad un mensaje que ya no admite discusión: los catalanes, pensamos lo que pensamos, queremos y sabemos utilizar las urnas para resolver nuestras aspiraciones y legítimas discrepancias sobre cómo debemos encarar nuestro futuro colectivo. Somos un pueblo democráticamente maduro que se ha ganado el derecho a Hacerse a sí mimo como un república de hombres y mujeres libres.

En segundo lugar, quiero poner de relieve que el Gobierno tiene por delante una nueva oportunidad de comportarse como la democracia europea que asegura ser y, por tanto, reconocer el resultado de las elecciones del 21 de diciembre y empezar a negociar políticamente con el Gobierno legítimo de Catalunya. Los ciudadanos catalanes y los ciudadanos españoles así lo esperan, pero también lo esperan muchos ciudadanos europeos y sus gobiernos e instituciones. Muchos ciudadanos esperan que, fracasada la receta de la violencia, la represión y la liquidación del autogobierno, comience finalmente la era del diálogo y la negociación que venimos reclamando desde hace años.

El presidente Rajoy propuso a los socios de la Unión Europea una solución rápida e indolora, un remedio casi milagroso, que resolvería el pleito catalán antes de Navidad: supresión de las instituciones catalanas legítimas y democráticas, intervención de la Generalitat, convocatoria exprés de las elecciones el Parlamento y victoria electoral de los partidos constitucionalistas, que formarían un gobierno autonómico dócil y conformista. Pues no. La última parte no sólo no ha salido como él soñaba, sino que su partido ha quedado relegado a la última posición y el Gobierno que presdeixo puede mantener el apoyo parlamentario.

A los responsables de esta receta debemos preguntar de qué ha servido tanta represión. ¿De qué ha servido perjudicar el pueblo de Catalunya con la parálisis que ha significado el 155? ¿De qué ha servido provocar tanto dolor, a las víctimas de la violencia del día 1 de octubre, los miembros del gobierno y la mesa del parlament, a los alcaldes ya los líderes sociales encarcelados, a los bomberos, maestros y policías que deben desfilar por los juzgados o deben temer una delación ideológica? ¿De qué les ha servido este despropósito monumental? ¿Era esta la propuesta española para Catalunya? 

No nos resignamos a este tipo de respuestas a nuestras demandas. Tenemos el derecho de defender una Catalunya mucho mejor y disponer de las herramientas para hacerlo posible y que el Estado nos niega sistemáticamente. Como políticos, tenemos el deber de hacerlo. Por ello, como presidente, exijo al Gobierno español y a los que lo apoyan que rectifiquen lo que ya no funciona, que reparen el daño causado, y que restituyan todo lo que han destituido sin el permiso de los catalanes. Las urnas han hablado, la democracia ha hablado, todo el mundo se ha podido expresar. ¿A qué espera el presidente Rajoy a aceptar los resultados?

Dentro de un año, el discurso de fin de año del president de la Generalitat se hará, como no puede ser de otra manera, desde el Palau de la Generalitat, muy cerca de todos los trabajadores de la administración catalana que hoy soportan la intervención burda y quienes quiero animar a servir a nuestro pueblo con la misma eficacia de siempre. Hasta entonces, os deseo de todo corazón que el año que ahora comienza lleve aparejadas las mejores perspectivas para todos y en todos los ámbitos. Espero que sea un año próspero, un año de progreso y un año de armonía en el que disfrutamos de los valores fundacionales de la república: libertad, igualdad y fraternidad.

Muchas gracias y buen año 2018 a todo el mundo.