Publicado: 13.11.2015 21:10 |Actualizado: 14.11.2015 23:30

Trabajar duro durante cuatro años no garantiza ir en listas y poder repetir como diputado

La mayoría de los excluidos reconocen que priman más las afinidades con los aparatos partidistas que una actividad parlamentaria amplia e intensa.

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José Luis Centella (IU), Laura Seara (PSOE), Carles Campuzano (CiU) y Carlos Aragonés (PP). / EFE

José Luis Centella (IU), Laura Seara (PSOE), Carlos Aragonés (PP) y Carles Campuzano (CiU). / EFE

MADRID.- La próxima legislatura parlamentaria en el Congreso de los Diputados y en el Senado que arrancará el 13 de enero tras los comicios generales del 20 de diciembre conllevará una gran renovación de diputados y senadores. Más del 70% respecto a la “plantilla” que ha ocupado los 350 escaños en la Cámara baja y los 266 asientos en la Cámara alta, según estimaciones concienzudas.

Una buena parte de esa renovación de caras será consecuencia de la irrupción de las formaciones emergentes, principalmente Ciudadanos y Podemos, a tenor de los vaticinios que se desprenden de todas las encuestas electorales cuando apenas queda poco más de un mes para la jornada electoral. El cambio, según los mismos pronósticos, será más patente en el Congreso.

“La afinidad con el aparato de tu partido para ser candidato elegible es lo que ha primado más que nunca, algo que siempre ha existido, pero en esta ocasión más. El trabajo que se ha hecho no sirve para nada”

Pero otra parte nada desdeñable de los cambios de protagonistas proviene de la composición final de las candidaturas de las formaciones clásicas, especialmente PP, PSOE e Izquierda Unida. La dura batalla electoral que se avecina y los estrechos márgenes que ofrecen los sondeos ha hecho que los aparatos de los partidos más importantes hasta el momento hayan apostado por caras nuevas como primer argumento.

Y en esta dinámica, según coinciden las opiniones recabadas por Público de “víctimas” de este proceso pertenecientes a todos los partidos citados, “no se tiene en cuenta el trabajo parlamentario desarrollado durante la legislatura”, ya sea en apoyo al Gobierno, en el caso del PP, o en desarrollar una intensa tarea de oposición. En esta ocasión, afirman, “los criterios parlamentarios apenas se han tenido en cuenta, más bien nada, toda vez que los opuestos seguros de salida en las listas se ven reducidos”, apunta una exdiputada que ha sido excluida de las listas de su partido y que quiere permanecer en el anonimato.

“La afinidad con el aparato de tu partido para ser candidato elegible es lo que ha primado más que nunca, algo que siempre ha existido, pero en esta ocasión más; el trabajo que se ha hecho no sirve para nada”, agrega un parlamentario que va en la lista de su partido pero en un puesto muy alejado para obtener un acta parlamentaria a partir de enero. No le pilla de nuevas, pero admite sentirse “decepcionado”.

Un caso paradigmático es el de la exdiputada Laura Seara, parlamentaria socialista por Ourense. No repite como candidata y, según fuentes del grupo parlamentario socialista, su pecado consiste en haberse alineado con Edu Madina frente a Pedro Sánchez en el proceso de primarias que ganó el segundo. Seara, una activista feminista, ha realizado más de 70 intervenciones orales, además de haber planteado 663 preguntas orales entre un total de 3.736 iniciativas parlamentarias, la mayoría preguntas escritas.



Su caso no es una excepción. El socialista Julio Villarrubia, enfrentado a Óscar López en Castilla y León en peleas orgánicas, también ha sido laminado al no gozar del favor de Ferraz –la sede federal del PSOE–, que apostó por López, más cercano al actual aparato. O el incombustible y pertinaz José Segura –más de 200 intervenciones y 500 preguntas escritas–, látigo de varios departamentos del Gobierno de Rajoy, que tampoco repetirá como candidato. O la madrileña Delia Blanco, o el navarro Juan Moscoso… La lista es larga, bastante larga.

En Izquierda Unida no están exentos de esta enfermedad. Aparte del caso singular de Cayo Lara, el portavoz del grupo de La Izquierda Plural, el andaluz José Luis Centella, tampoco irá en listas pese al protagonismo parlamentario que ha desarrollado a lo largo de los cuatro años de la legislatura y las decenas de intervenciones en los más diversos debates, tanto en sesiones plenarias como en comisiones, hasta el punto de ser uno de los diputados más activos y prolíficos del hemiciclo.

En los grupos minoritarios, pese a sus peculiaridades, también tienen sus cuitas. Uno de los diputados más carismáticos de CiU, el convergente Carles Campuzano, otro parlamentario muy prolífico, reconocía hace unos días su ignorancia respecto a ser candidato y en qué lugar de la lista, un detalle que en las actuales circunstancias políticas de Catalunya añade una mayor incertidumbre sobre su continuidad. En cualquier caso, si se tratase de valorar su trabajo, debería ser uno de los que estaría presente en la nueva legislatura.

En el campo del PP las angustias han durado hasta el cierre de las listas, esta misma semana. La escabechina ha sido de órdago y el criterio capital para ir en lugar seguro para obtener un acta parlamentaria ha sido la cercanía con el aparato territorial y de la madrileña calle de Génova, donde se encuentra la sede nacional del partido.

Hay casos paradigmáticos como el del exdiputado Francisco Vañó, todo un referente de su partido y su grupo parlamentario para el colectivo de discapacitados –usa silla de ruedas como consecuencia de un accidente de tráfico y su presencia obligó al Congreso a realizar importantes obras de accesibilidad–, que va en el puesto número 4 de la lista de Toledo, su circunscripción. “Es imposible que salga, claro”, dice con una amplia sonrisa y una pizca de ironía. Su trabajo parlamentario para legislar a favor de las personas discapacitadas ha sido reconocido por todos los grupos.

Otro caso llamativo es el del exdiputado Vicente Ferrer, portavoz del grupo popular en la comisión de Defensa (con casi 200 intervenciones, tanto en pleno como en comisión) y oponente en toda la legislación que ha promovido el departamento del ministro Morenés en esta legislatura. Ha sido "relegado" al puesto undécimo de su circunscripción, Valencia, en la que como mucho el PP sacará cinco escaños, o tal vez cuatro. Antes de conocer su nueva ubicación en la lista, ya dudaba de que su trabajo parlamentario de defensa de uno de los departamentos del Gobierno de Rajoy fuese a ser tenido “en cuenta”, según reconoció a Público.

En cambio, la condición de fontanero del aparato del PP valenciano ha hecho que el diputado José Vicente Pérez Aras, que llegó al Congreso en enero y no cuenta con ninguna iniciativa y apenas registra una intervención en comisión de seis minutos, aparezca en la candidatura de su partido en el puesto fronterizo de salida. Otro caso de afinidad –sin que conste otra actividad que 35 preguntas escritas por formulario del partido– es el de la exdiputada Belén Hoyo, persona de confianza de la nueva baronesa del PP valenciano, Isabel Bonig.

En el PP valenciano –también ha ocurrido en otras regiones– han desaparecido de las listas parlamentarios muy activos y guerreros en defensa de la causa conservadora del Gobierno de Rajoy: la alicantina Macarena Montesinos o su compañera Amparo Ferrando. O intocables en otros tiempos del PP, como Carlos Aragonés, relegado por el marianismo al tercer puesto en la candidatura al Senado por Madrid.