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Elecciones catalanas Carles Riera: "Siempre estaremos de acuerdo con el diálogo, pero si es para hablar de República durará cero segundos"

Entrevista electoral al cabeza de lista de la CUP, que habla con 'Público' de la República, de la unilateralidad, del "error de diagnosis" del Govern antes del 27-O y del "conflicto largo, de años" que prevé en Catalunya.

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El candidato de la CUP al 21-D, Carles Riera, durante la entrevista con 'Público'. / Jorge Sánchez

Diputado en el Parlament desde octubre del año pasado, Carles Riera (Barcelona, 1960) es el cabeza de lista de la CUP para las elecciones del 21 de diciembre. Es, con diferencia, el candidato menos conocido, pero no es ni mucho menos un recién llegado a la política, puesto que acumula décadas de activismo en la izquierda independentista. Recibe a Público en el Ateneu Popular Octubre, el local independentista de su barrio, el Poblenou, y durante una hora abordamos con él el actual escenario político. Hablamos de su trayectoria, de la dialéctica entre calle e institución y de cómo construir una República catalana que, para los cupaires, se tiene que materializar a partir del 22 de diciembre. Riera subraya que la única vía posible para avanzar en esta dirección es la unilateralidad, pero admite que esto implica un conflicto de años con el Estado español.

Es el candidato más desconocido para la mayoría de la población. Ahora bien, tiene una larga trayectoria política, fundamentalmente fuera de la institución. ¿Cómo arranca?

Empiezo mi militancia a los 17 o 18 años y lo hago con la campaña por la amnistía, cuando Xirinacs estaba plantado ante la Modelo. La campaña tenía la sede el local de la Pau, en la calle Bruc, y yo voy porque era como un ateneo donde se reunían diferentes colectivos y movimientos sociales. A partir de los 17 años empiezo a vincularme al movimiento de objeción de conciencia y antimilitarista, que tenía allí su sede, y allá conozco la gente de la Marcha de la Libertad y de la Campaña por la Amnistía. También entro en contacto con Lluís Maria Xirinacs, con quien compartiré militancia, amistad y aprendizaje casi hasta sus últimos días. Me marca profundamente tanto desde el punto de vista de pensamiento político como a nivel de praxis política. Es un gandhiano radical. Esta es mi primera escuela. Yo vendía de planteamientos más comunistas libertarios y la cuestión nacional me quedaba un poco lejos y precisamente con Xirinacs hago el vínculo entre proyecto nacional y proyecto social.

Después estuvo en la Crida, ¿verdad?

Con motivo de la Marxa de la Llibertat, también conozco a Àngel Colom y él me propone incorporarme a la Crida para formar un grupo de acción no violenta. En aquella misma entrada se incorpora Jordi Sànchez (el presidente de la ANC),... Después vienen los años de la Assemblea d'Unitat Popular, uno de los focos diversos que darán pie finalmente a la CUP. En este tránsito entre la AUP y la CUP participo en un colectivo de opinión que se llama Terra i Llibertat y en el momento en que se produce la configuración de la CUP como movimiento político que pasa de la fase municipalista a movimiento también nacional, nos incorporamos. En este proceso, a la vez, la mayoría de personas vinculadas a Terra i Llibertat nos incorporamos a Endavant.

Es una de las personas que enlaza el independentismo de izquierdas de los ochenta con la generación que se incorpora a finales de siglo y que es clave en la articulación de la CUP. Hablamos de personas como, por ejemplo, Anna Gabriel. En cierto modo, ¿se siente usted un referente de esta generación?

Yo no me daría una significación especial. Soy uno más de los miles y miles de personas que desde los años 60 y 70 han luchado por la República, la independencia y el socialismo en este país. Y ahora, durante un tiempo, me toca servir al movimiento y al país estando en la lista, pero me he pasado muchos más años fuera de la acción institucional que dentro. La CUP, la izquierda independentista, tiene la virtud de hacer una muy buena articulación entre culturas y entre generaciones. Cuando se dice que nadie es imprescindible y se pueden hacer relevos con garantías, incluso en ciclos cortos, es verdad, porque afortunadamente tenemos mucha gente muy preparada de todas las edades.

Soy uno más de los miles y miles de personas que desde los años 60 y 70 han luchado por la República, la independencia y el socialismo en este país

Hace un par de años publicó un artículo en el Espai Fàbrica en que se mostraba crítico con la "institucionalización" de la CUP. Una vez dentro del Parlament, ¿ha cambiado su visión?

Aquel artículo estaba muy circunscrito a un momento concreto, que era el inicio de la legislatura, pero en cualquiera de los casos mi visión crítica con la política institucional sigue siendo la misma. Históricamente, los procesos de cambio no vienen en primera instancia de los parlamentos y de los gobiernos, sino de las luchas sociales y de las revoluciones que se producen en la calle, en el espacio público. Quien consigue ganar la disputa por el espacio público es quien consigue transformar la hegemonía, crear contrapoder e institucionalidad alternativa y quien consigue que los procesos revolucionarios avancen. En el mejor de los casos lo que vemos es que las instituciones lo que hacen es moderar, amortiguar y edulcorar los procesos de cambio que se generan en las sociedades y en las calles. A veces me gusta definir la política institucional como el proceso por el cual las revoluciones se vuelven reformas. Aun así hay excepciones y hay momentos en los que una acción institucional desde el gobierno puede potenciar cambios que se han producido desde la sociedad. Y es verdad que, en la coyuntura que hemos vivido al final de la legislatura, había una oportunidad de que la institución jugara un papel de cambio y pudiera formalizar en términos jurídico-políticos lo que estaba pasando en la calle. Por lo tanto, hay coyunturas en las que la institución puede ser útil y gracias a ellas hemos podido hacer el referéndum del 1 de octubre y proclamar la República el 27 de octubre. Ya veremos si la coyuntura que viene es igualmente útil y nos surgen oportunidades de cambio. Si no es así, nos tendremos que volver a replantear nuestra presencia.

Terceras elecciones en el Parlament a las que se presenta la CUP y tercera vez que la candidatura la encabeza un hombre

Pues sí. Ciertamente esto es una contradicción con nuestra cultura política y con nuestro planteamiento de un proyecto socialista y feminista en todos los Països Catalans. Pero no es la única, porque se trata de una candidatura circunscrita a Catalunya y estamos a las puertas de construir un movimiento político que tenga la capacidad de lograr el proceso de autodeterminación en el conjunto de los Països Catalans. Actualmente, el procés ha hecho, para bien y para mal, que el foco esté además de forma principal en Catalunya, incluso por parte de la izquierda independentista, y esto ha hecho que restemos esfuerzos, atención y trabajo político y organizativo al conjunto del país y estamos pagando un precio por ello. Pronto tendremos que reflexionar sobre esto, porque ya vamos tarde, y ver cómo retomamos nuestro trabajo organizativo y político en el conjunto del país.

La candidatura de la CUP para el 21-D es muy orgánica, está formada por personas vinculadas al partido. ¿Se ha renunciado a abrirse a la sociedad?

Ha habido un proceso de configuración de las listas a través de nuestro sistema de primarias, que es a partir de las propuestas de las asambleas locales y territoriales y esto se va integrando hasta que surge una lista. Después hay una fase de cocina para lograr los necesarios equilibros hombre-mujer, territoriales y de sensibilidades. La incorporación de Bel Olid es un gesto, aparte de por su valía, para abrir la lista a personas que no son de la organización. Intentamos llegar a un acuerdo con Som Alternativa y con Procés Constituent, pero sólo tuvimos tres o cuatro días y fue imposible. Pero sí llegamos a un acuerdo para colaborar en campaña. Y a partir de las elecciones del día 21 continuaremos discutiendo para establecer una agenda de trabajo conjunta y que todo esto cree las condiciones para una integración más potente, que incluso se pueda reflejar en las listas de unas futuras elecciones.

Mantenéis que el 1 de octubre se ganó la República, que el 27-O se proclamó y que sólo se puede optar por la unilateralidad porque por parte del Estado no hay diálogo posible

Hay diálogo posible, pero no para hablar de autodeterminación y quien diga lo contrario, miente. El referéndum del 1 de octubre se celebra bajo unas condiciones de represión muy potentes, pero tiene una participación superior al [referéndum del] Brexit o al referéndum del Estatuto y, por lo tanto, me parece demagógico cuando se cuestiona la legitimidad a partir de la participación. Gana el sí de forma muy clara y esto genera un mandato democrático por el cual el 27 de octubre proclamamos la República. A partir de aquí, pasan dos cosas. Hay un golpe de estado constitucional, moderno. Es decir, no hay tanques en la calle, pero se disuelve el Parlament, se suspende el gobierno, se encarcelan líderes sociales y miembros del Govern, hay una presencia excepcional de los cuerpos de seguridad y la aplicación del 155... Y por otro lado, el Govern de la Generalitat resulta que no está preparado para implementar la República en este contexto.

¿Esto os sorprende?

Hay diálogo posible, pero no para hablar de autodeterminación y quien diga el contrario miente

No. Nosotros ya habíamos anunciado que había un error de diagnosis por parte del Govern y habíamos hecho todos los emplazamientos pertinentes en sede parlamentaria, en público y en privado al Govern y a JxSí y lo habíamos anunciado a los medios y a nuestra militancia. El Govern esperaba un estado español más dialogante y democrático y una UE menos conservadora y menos demofòbica, menos defensora del statu quo. Habíamos dicho que había que preparar la implementación de la República en condiciones de insumisión. ¿Qué pasa aquí? El presidente Puigdemont hasta el momento cero antes de proclamar la República intenta llegar a un acuerdo con el Estado, pensamos que ingenuamente. El 10 de octubre decide no proclamar la República porque los actores internacionales y algunos partidos políticos de nuestro ámbito, como el PSC, le dicen que si no proclama la independencia, el Estado no aplicará el 155, ablandará la represión y se puede crear una mesa de negociación sobre el proceso de autodeterminación, que puede empezar un diálogo que permita divisar un referéndum pactado en algún momento. Si declara la independencia habrá represión, se aplicará el 155, habrá presos... A última hora el Estado le dice a Puigdemont que primero usted no proclame la independencia, pero que aplicarán igualmente el 155, los presos ya están bien donde están, las fuerzas de seguridad no se retirarán y, como mucho, podemos hablar de qué intensidad tiene que tener la aplicación del 155. Y en cualquiera de los casos vendrá al Senado, se retractará de cualquier pretensión independentista y acatará la Constitución. Puigdemont tenía la opción de una rendición al más puro estilo colonial e imperial u obedecer el mandato del 1 de octubre y luchar por el derecho, sabiendo que no estaba preparado para sostener la República en un contexto de violencia del Estado.

¿Se ha sido ingenuo por parte del Govern y las instituciones soberanistas para no preparar la población para este escenario?

Hemos dicho por activa y por pasiva que la revolución de las sonrisas está muy bien, pero que en algún momento habría que enseñar los dientes, que el escenario de ir de la ley a la ley era una ficción, que nos teníamos que preparar para la desobediencia, la unilateralidad y la resistencia y que se tenía que crear un movimiento en todo el país, pero había una cierta ingenuidad.

A pesar de la represión, el 1 de octubre se votó y dos días después la huelga general fue un éxito

Una cosa es hablar de autodeterminación e independencia y otra es hablar de una revolución y una revuelta

El 1 de octubre sorprende todo el mundo. Ni JxSí ni las entidades soberanistas esperaban no sólo la represión del Estado sino la revuelta democrática que se produce y todavía esperaban menos la huelga general del 3 de octubre, que no está liderada por CCOO y UGT, sino por la gente, por los movimientos sociales. Estos dos días representan una consolidación del desplazamiento de la hegemonía hacia el independentismo, pero también hacia planteamientos democráticos muy radicales. Hay un desbordamiento y este es un escenario que al gobierno de JxSí no le gusta, porque quería un paso a la independencia no sólo con sonrisas y de la ley a la ley, sino con reproducción del statu quo. Esos dos días esto peligra, esto genera preocupación y de aquí viene la tentación quizás de llegar a un acuerdo con el Estado para evitar ir a una hegemonía que no controlan, sino que está en manos de los CDR, de la izquierda independentista, los movimientos sociales, los sindicatos alternativos... Esto genera miedo y a partir de aquí empieza la campaña política del Estado para que se vayan las empresas y todo el entorno del PDECat empieza a moverse alrededor de Puigdemont para advertirle de que esto se tiene que parar. Una cosa es hablar de autodeterminación e independencia y otra es hablar de una revolución y una revuelta.

También hay movimientos desde Europa

Europa también reacciona. Obviamente le preocupa que haya una carambola de procesos de independencia si triunfa el de Catalunya, pero es algo acotado y limitado. Que de golpe en un territorio europeo más de dos millones de personas digan que si conviene no obedeceremos al Estado, no obedeceremos a la policía, no obedeceremos a los jueces y no obedeceremos las leyes si nos parece que son injustas es inadmisible para la UE. Y el Estado español se blinda. Aparecen dudas y contradicciones en el mundo de JxSí, pero como en el Estado español la única respuesta es la de rendición y rendición, al final se lucha por el derecho. Nosotros nos hacemos plenamente corresponsables de haber dado un empujón a un carro para ir a un camino muy difícil, pero ¿qué era primero la estabilidad u obedecer el mandato democrático del 1 de octubre? Para nosotros no hay ninguna duda.

De acuerdo, pero en el contexto actual, ¿es posible implementar la República? Más allá de la apelación retórica, ¿la vía unilateral es aplicable?

Con el Estado español no es posible llegar a un acuerdo en términos de autodeterminación, por lo tanto, la única vía es la unilateral y la desobediencia y abrir un proceso que puede ser difícil y largo, de unos cuantos años, de conflicto con el Estado. Hemos conseguido desplazar la hegemonía y ahora, en términos de Gramsci, viene la guerra de posiciones. Tenemos que disputar el territorio, la soberanía, tenemos que desobedecer el Estado con una mano, y con la otra crear institucionalidad republicana alternativa fuera del Parlament y dentro del Parlament hacer República. ¿Cómo? Aplicando la ley de transitoriedad jurídica, y por lo tanto dejando de aplicar el Estatuto y la Constitución, iniciando el proceso constituyente, y empezando a legislar y decretar desde una lógica republicana. Esto quiere decir aplicar las más de 40 leyes y decretos aprobados por el Parlament, la mayoría con una finalidad de protección social y equidad, que el Tribunal Constitucional ha suspendido a instancia del gobierno español; aprobar el plan de choque contra la pobreza, y lo que llamamos decretos de la dignidad, es decir, una legislación republicana que nos permita crear una banca pública, nacionalizar y socializar los sectores estratégicos, como el energético; desprivatizar la sanidad y la enseñanza pública, garantizando un plan de vivienda con la expropiación de los pisos vacíos de la banca...

¿Y cómo se hace posible?

¿Esto es posible hacerlo desde un marco autonomista, como quizás está planteando JxCat? ¿O con un aplazamiento temporal de la República y un marco autonomista a corto plazo como plantea ERC? ¿O en un marco francamente autonomista como plantean el PSC o los Comunes? Evidentemente que no, porque el régimen del 78 también está diseñado para que esto no sea así. En un contexto autonómico, toda esta legislación ha sido suspendida. Por pragmatismo la única vía posible es la unilateralidad, pero esto quiere decir conflicto abierto con el Estado y soportar y sostener represión. Y, por lo tanto, tenemos que tener un movimiento social bien armado, dispuesto a aguantar la movilización y la desobediencia, unos ayuntamientos dispuestos a aguantar y a hacer República y una intervención en las instituciones que articule la desobediencia y la construcción Republicana. Esto puede parecer utópico, pero el 2015 parecía utópico que hiciéramos el 1 de octubre y llegáramos al 27-O, pero la fuerza del movimiento social y la incidencia de la CUP lo hizo posible.

Si se plantea un conflicto de años, entiendo que veis básico ampliar el número de catalanes partidarios de esta República. Ahora una parte muy importante directamente la rechaza e, incluso, aplaude la aplicación del 155. ¿Cómo queréis ampliar el apoyo republicano?

Para mi la base es hacer un republicanismo de orientación socialista. Creo que la sociedad catalana está más dividida y fragmentada por cuestiones de clase y de condiciones materiales de vida que no por cuestiones identitarias. Ahora obviamente, por el papel del Estado, los partidos unionistas y los medios, se ha acentuado mucho esta fractura social por una cuestión identitaria, mientras que el discurso republicano e independentista ha sido siempre el de crear un país para todo el mundo en el que el origen es irrelevante y donde se hace hincapié en el pacto alrededor del proyecto de República, no en la identidad. Un primer reto que tenemos es avanzar en materia de políticas públicas y sociales que nos permitan coser la sociedad. Y aquí también tenemos que hacer una interpelación al espacio de los Comunes e incluso a un determinado entorno del PSC.

¿Cuál?

Creo que haciendo políticas sociales y emplazando estos partidos en el debate y el diálogo podemos encontrar puntos en común

El 15-M estábamos en la calle con los que después serían las bases de los Comunes y planteábamos destituir el régimen del 78, la tercera república y un proceso constituyente. Yo les digo que esto es posible hoy y aquí, o como mínimo estamos cerca de conseguirlo. ¿Por qué no están en ello? ¿Cuál es la razón de este aplazamiento? ¿Cuál es el proyecto alternativo? Y nos dicen que un mejor autogobierno... ¡Vuelven al llibertat, amnistía i estatut d'autonomia! Una bilateralidad con el Estado que saben perfectamente que excluye el debate sobre la autodeterminación. Podemos nació como espacio realmente alternativo, con capacidad destituyente y ahora vemos cómo el espacio de los Comunes se encuentra en el cruce de decidir si juega un papel de la ruptura con el régimen del 78 o hace regeneracionismo. El último discurso recuerda más al regeneracionismo, tanto el que hace Pablo Iglesias, como el que hacen Ada Colau y Xavier Domènech. Hacen equidistancia entre un golpe de estado y la gente que lo ha sufrido y está en prisión. Y esta equidistancia es inmoral y muy poco ética. Estas direcciones están inmersas en unos debates y unas contradicciones que bloquean que, al menos, una parte de este movimiento pueda sentirse cómodo desplazándose a posiciones rupturistas con el Estado. Creo que haciendo políticas sociales y emplazando estos partidos al debate y el diálogo podemos encontrar puntos en común, para trabajar conjuntamente para un proyecto republicano nacional aquí, y tenemos que apelar sus bases para que se decanten entre un Estado español dictatorial o una República catalana que es una oportunidad.

Hasta hace poco la sensación es que el independentismo ganaba la batalla del relato, al hacer una propuesta en positivo. Esto ha cambiado y ahora el discurso, por la fuerza de los hechos, ¿es más resistencialista?

Es verdad que desde el independentismo intentábamos hacer un discurso y un relato y hacerlo de un país para todo el mundo, independientemente de la identidad. Porque esta será una República social y representará un salto adelante en derechos sociales, civiles y políticos respeto de lo que hay hoy en el Estado español. Y esto será para todo el mundo, era un discurso muy integrador. En el momento en que el españolismo empieza a pasar fractura, este relato se encuentra con sus limitaciones. Una parte significativa de la población no quiere participar de este proyecto republicano más democrático y más social, le va bien quedarse en el Estado español, incluso teniendo poca calidad democrática y siendo muy despótico. Le pesa más la identidad española. Por eso ahora la clave es más que nunca hacer hincapié en el relato social de la República. Esto es fundamental y no se hace en un día ni en dos, pero es un cambio estratégico y tiene que ser no sólo de relato, sino también de praxis. Si nos mantenemos en el contexto autonómico esta praxis no es posible y esto nos lleva a la necesaria unilateralidad y confrontación con el Estado, pero no desde la resistencia, sino de la contraofensiva, porque hay que convencer pero también es imprescindible vencer.

¿Qué pasará si en el próximo Parlament no hay una mayoría independentista?

Sinceramente es un escenario con el que no contamos.

Pero es posible

Es posible, pero es improbable. Es posible que nos encontramos con un escenario de mayoría independentista y ojalá nos encontremos con un escenario de desplazamiento a la izquierda. Esto produciría lo que para nosotros sería 'bingo', que es una mayoría republicana y una mayoría de izquierdas, lo que nos permitiría articular una geometría variable de mayorías parlamentarias que nos permitiera investir un gobierno de vocación y compromiso republicano, que entrara en la lógica de desobediencia y de construcción de República, y una hegemonía de izquierdas que marcara la construcción de la República social. La CUP está dispuesta no sólo a investir un gobierno, sino incluso a participar en él si efectivamente está dispuesto a materializar la ruptura y construir República. Y además a que el programa de esta República sea social. Si no es así, la CUP nunca contribuirá a investir un gobierno unionista, pero tampoco lo hará con un gobierno que quiera continuar con una lógica autonomista, porque entendemos que es una lógica de una pantalla pasada.

Los programas y las propuestas de JxCat y ERC os hacen pensar que si la aritmética lo permite, ¿apostarán para implementar la República a partir del 22 de diciembre?

Realmente la letra de los programas es inquietante. Con el diálogo siempre estaremos de acuerdo, pero si es para hablar de república el diálogo con el Estado durará cero segundos... Y entiendo que el único camino posible es volver al conflicto y apostar por la República. Si la apuesta es esta, nosotros estaremos ahí. Si el escenario es autonomista, la CUP se tendrá que replantear su presencia en las instituciones. Volveremos a las calles y a los ayuntamientos y ya veremos cómo incidimos desde el Parlament para oponernos a esta dinámica.