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Entrevista Carles Mulet (Compromís): "La mayoría de senadores son zombies"

El senador territorial de Compromís, famoso por sus disparatadas preguntas al Gobierno, es el más activo en la Cámara Alta. Convencido de que un Senado reformado tiene sentido en España, denuncia el pasotismo de sus homólogos.

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El senador de Compromís Carles Mulet./ COMPROMÍS

El senador territorial de Compromís Carles Mulet (Castelló, 1975) es conocido por su frenética y a veces excéntrica actividad en la Cámara Alta. Al margen de sus performances desde el estrado —rompió una fotografía de Susana Díaz y acudió a un debate con Cristóbal Montoro vistiendo una camiseta del señor Burns— Mulet ha roto la aburrida placidez del Senado preguntando al Gobierno si tiene "protocolos ante la posibilidad de un apocalipsis zombie" o si le constan pagos realizados con fondos públicos a "amigas" de Juan Carlos I. Ha llegado a registrar 13.854 preguntas escritas y 2.841 solicitudes de informe en casi dos años de legislatura, un tsunami burocrático que el Senado ha intentado frenar recientemente, aunque él resiste: "Sólo hago lo que tengo que hacer: intentar controlar al Ejecutivo". 

Con 13.854 preguntas registradas y 2.841 solicitudes de informe se ha ganado la etiqueta de "senador hiperactivo". ¿Es así como se siente?

No. Yo me considero activo, no hiperactivo. Nuestra obligación es controlar al Gobierno y podemos hacerlo mediante dos vías. Por un lado, están las propuestas y las mociones, en las que nuestra actividad está constreñida por los cupos. Por otro, están las preguntas escritas que, al no funcionar bajo cupos, se convierten en el espacio donde los grupos pequeños podemos explayarnos para cubrir la falta de medios, recursos y tiempos que sufrimos en la primera vía. Yo simplemente hago lo que tengo hacer, es decir, tratar de sacar jugo a las herramientas de las que disponemos para hacer nuestro trabajo.

Usted acapara un tercio de las peticiones en el Senado. ¿Qué le dicen sus homólogos en la Cámara Alta? 

Nadie me ha hecho ningún comentario. Aunque a algunos les choca que hagamos iniciativas parlamentarias, propuestas, enmiendas y preguntas escritas sobre territorios que no son el valenciano pero es que otros partidos o colectivos recurren a nosotros ante la inactividad de sus senadores. A veces alguno me pregunta por qué lo hago. Muy fácil: porque tú no lo haces. 

"Al PP le interesa que el Senado sea una Cámara que no sirva para nada"

El Senado pretende cercenar ahora el número de preguntas... ¿le ha salido el tiro por la culata?

Me sorprende que la repercusión se haya centrado en cuestionar la actividad del Senado. Hay un senador que cumple sus funciones y el PP reacciona precisamente intentando limitar su acción. Por no hablar de la imagen de la Cámara, que si ya es mala, ahora será mucho peor.  

¿Cree que al PP le conviene que el Senado siga siendo una institución desprestigiada?

La mala imagen no le conviene a nadie, pero que sea una Cámara que no sirve absolutamente para nada sí que le interesa. Al PP le va muy bien perpetuar una institución donde pueda colocar viejas glorias de la política, expresidentes de autonomías y exalcaldes. Es un lugar muy cómodo para tenerles aparcados o en fase de prejubilación porque sólo tienen que acudir dos veces al mes a un pleno para debatir sobre el sexo de los ángeles.

Es conocido por la peculiaridad de sus preguntas al Gobierno. Qué pretendía cuando se interesó por "los protocolos del Ejecutivo ante la posibilidad de un apocalipsis zombi"?

Mi objetivo era poner el foco en el Senado. El Gobierno llevaba mucho tiempo contestándonos con un párrafo todas las preguntas que hacíamos sobre sus actuaciones para cumplir la Ley de Memoria Histórica. El planteamiento fue: si cuando hacemos preguntas razonadas y elaboradas, el Ejecutivo nos contesta tonterías, veamos qué pasa si hacemos preguntas que son directamente tonterías. En definitiva, intentamos poner el foco en el Senado y en un Gobierno que no se deja controlar mediante una pregunta absurda. Y funcionó.

"La respuesta del Gobierno sobre la invasión zombie es la más elaborada que hemos recibido nunca"

Lograron poner el foco en el Senado y consiguieron que el Gobierno les respondiera ampliamente.

Sí, la respuesta sobre la invasión zombie es la más elaborada que hemos recibido nunca. Conscientes del escándalo mediático, se explayaron. Ojalá todas las respuestas fueran tan elaboradas y estudiadas como esa.

¿Cuáles son los políticos más zombies del Senado?

Prácticamente todos. Hay senadores a los que no he visto nunca, son invisibles. Entre los valencianos, por ejemplo, Pedro Agramunt es más conocido por sus aventuras sexuales en Europa que por su trabajo como senador; a Joan Lerma le veo en la Mesa pero jamás hablando en una tribuna y coincido con Alberto Fabra porque compartimos comisión. Y es lamentable, teniendo en cuenta la escasa actividad que tenemos. En los plenos, la mayoría de senadores están hablando entre ellos, en la cafetería o trasteando con el móvil. El debate empieza a las 9 de la mañana y a esa hora no hay prácticamente nadie. La prueba de que el apocalipsis ha llegado a la Cámara es que la mayoría de senadores van como zombies, acuden a votar cuando suena la campanilla, aplauden y se van.

¿Hace falta ingenio o bromas para lograr que se hable del Senado?

No podemos abusar de la teatralidad y la exageración porque corremos el riesgo de que nos tomen a pitorreo, pero hace falta poner el foco en el Senado. El Gobierno viene cada 15 días a respondernos y muy pocas veces es noticia lo que pasa aquí. No hay actividad mediática, excepto por temas candentes que, además, últimamente han sido motivados por hechos lamentables, como Rita Barberá o el 155. Nosotros trabajamos para mejorar la vida de la gente, pero la gente no tiene ninguna información sobre lo que sucede aquí. 

¿Qué hay que cambiar en el Senado para que sea una Cámara útil?

Deberíamos tener unas atribuciones más claras y un sistema de representación más justo. El problema es que el Senado se ha convertido en una Cámara de segunda lectura, que únicamente debate lo que se ha debatido en el Congreso. En un Estado como el nuestro, plurinacional y complejo, tendría sentido un Senado donde las comunidades autónomas pusieran en común sus políticas, donde los consejeros de Educación y de Sanidad, por ejemplo, pudieran tener un punto de encuentro en Madrid para ver qué legislación común hace falta. Ese debate tendría sentido en el Senado y no el Congreso.