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Ernest Urtasun: "La mejor vacuna contra la extrema derecha es que la gente vuelva a creer en el proyecto europeo"

Ernest Urtasun, eurodiputado de ICV-EUiA (Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa), es uno de los impulsores del manifiesto del Caucus Progresista en defensa de una Europa social. 

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El eurodiputado de ICV Ernest Urtasun, en una imagen de archivo. / EFE

Ernest Urtasun, eurodiputado de ICV-EUiA (Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa), es uno de los impulsores del manifiesto del Caucus Progresista en defensa de una Europa social. Urtasun responde a Público sobre cómo abordar este cambio en la Unión Europea, en medio de una creciente desafección política y con una falta de ambición manifiesta tanto del Consejo como de la Comisión Europea.

Muchas de las propuestas que incluye el manifiesto dependen en gran medida de los Estados miembros, algunos de los cuales son más proclives a avanzar en la Europa social. Otros, por el contrario, bloquean ese avance. ¿Creéis en la UE a varias velocidades para asegurar esa dimensión social o sólo es real si abarca a todos los Estados miembros?

Nosotros no hemos entrado en el debate de las dos velocidades como Caucus Progresista, seguimos creyendo en la idea de trabajar en el marco ahora de los 27, y de acometer unos determinados cambios. Es evidente que en estos momentos, por ejemplo si cogemos la reforma de la Eurozona que es una de las más importantes, hay intereses contrapuestos por parte de algunos países. Pero hay una cosa que es muy evidente y es que si no vamos a una reforma de la Zona Euro, la Zona Euro no va a aguantar los próximos diez años porque tiene unos desequilibrios estructurales gravísimos.

"La Zona Euro no va a aguantar los próximos diez años porque tiene unos desequilibrios estructurales gravísimos"

Por lo tanto lo que sí hemos puesto encima de la mesa es la necesidad de avanzar en determinados temas para la propia supervivencia y por el funcionamiento más democrático de la Unión Europea. Somos plenamente conscientes de las dificultades. Por ejemplo, un cambio de tratados implica unanimidad en el Consejo y es un proceso muy complicado, pero también es verdad que ningún gobierno en estos momentos se está atreviendo a decirlo, ni tan siquiera la Comisión. Y de hecho, en el marco del debate del Libro Blanco de la Comisión, nos parece que debería llevar la iniciativa en esta cuestión. Que aunque en estos momentos no cuenten con un respaldo mayoritario en determinados temas, debe ponerlos encima de la mesa.

En este sentido, ¿creéis que encaja el Pilar Social que la Comisión Europea presentó hace unas semanas con vuestra propuesta? ¿Puede ser una oportunidad para impulsar estas medidas que proponéis? ¿Es suficientemente ambicioso el plan de la Comisión?

A mí me parece que las propuestas del Pilar Social se quedan demasiado cortas. Prácticamente no hay ningún elemento legislativo, solamente en el paquete de conciliación de vida laboral y familiar. Pero incluso en las medidas que se incluyen en el paquete de conciliación de vida laboral y familiar, se es muy muy tímido. Por poner un ejemplo muy concreto, se propone una baja de paternidad armonizada para toda la Unión Europea que es la que ya existe en prácticamente todos los Estados miembros. Por lo tanto, no supone ningún cambio sustancial.

"La Comisión se ha convertido en una especie de secretariado del Consejo, que sólo propone lo que sabe que el Consejo va a aceptar"

Compartimos la idea de avanzar hacia un Pilar Social, está en el documento que hemos presentado, pero lo que propuso el otro día la Comisión Europea es una cosa timidísima. Y el problema, volviendo a lo que decía antes, es que la Comisión Europea ha presentado unas medidas en el Pilar Social que ya sabe que no generarán problemas en el Consejo. Renuncia de entrada a cualquier tipo de batalla política con el Consejo para sacar adelante determinadas cosas, y eso es muy triste. Y es lo que le criticamos también a la Comisión, que se ha convertido en una especie de secretariado del Consejo que solo hace y propone lo que cree que el Consejo va a aceptar. Eso de alguna forma lo que hace es dilapidar su papel político como organismo de la Unión. Por lo tanto sobre este Pilar Social, somos muy críticos.

La mayor parte de las medidas que propone el Pilar Social se aplicarían en principio en la Eurozona. Vosotros proponéis, y es algo que el recientemente elegido presidente de Francia Emmanuel Macron también defiende, una democratización de la gestión económica y monetaria de la Unión. ¿Puede ser ésta una manera de avanzar en esa dimensión social desde la Zona Euro y luego ampliarla?

Puede ser una opción, sí. De hecho ya tenemos mecanismos que son específicos de la Zona Euro como el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera o el Banco Central Europeo. Con lo cual aquí no estamos hablando de ir a dos velocidades, es que las velocidades ya existen entre los que están en el euro y los que no. Entonces hay necesidades de los países que están en la zona Euro de compartir determinadas cosas por el hecho de compartir moneda.

Por ejemplo, los países que comparten moneda que no pueden devaluar tienen necesidad de compartir con los demás países lo que se llama estabilizadores en caso de choque asimétrico. Dicho de una forma más concreta, necesitamos mecanismos de apoyo a los subsidios de paro a escala de la Zona Euro. Porque si no, un país que sufre una gran bolsa de desempleo y no tiene capacidad para devaluar después tiene mucha dificultad en prestar apoyo a esos desempleados.

"Necesitamos mecanismos de apoyo a los subsidios de paro a escala de la Zona Euro"

Eso debería hacerse a escala de la Zona Euro. Un sistema, por ejemplo, para reasegurar a los desempleados, una especie de fondo que completaría los seguros de paro actuales, o también empezar a armonizar los salarios. Si compartes moneda debes intentar tender a una cierta armonización del salario mínimo. Eso no significa que todos los países de la Zona Euro tengan que tener el mismo salario mínimo pero sí que haya unos criterios comunes de cálculo para cada uno de los países. Son cosas que son necesarias y que podrían empezar a hacerse dentro de la zona euro.

En el manifiesto habláis de un proceso de desintegración de la UE que no está siendo abordado por la Comisión. En este sentido proponéis lanzar un proceso constituyente que implique a los ciudadanos europeos en la reconstrucción de las instituciones. ¿Creéis que el clima político de desafección y la consolidación de la extrema derecha son obstáculos a este proceso o por el contrario, pueden ser una vacuna contra el fascismo?

Desde luego que es una vacuna. La mejor vacuna contra la extrema derecha es que la gente vuelva a creer en el proyecto europeo pero para hacer eso hay que ir a una reforma en profundidad del funcionamiento de la Unión Europea y sobre todo, a la democratización de su funcionamiento. Y eso que es una voluntad muy abstracta, en lo concreto debe traducirse por ejemplo en un mayor control por parte del Parlamento Europeo de determinadas cuestiones que ahora no tiene. Los representantes que la ciudadanía elige directamente, que somos los eurodiputados que estamos aquí, no controlamos por ejemplo los rescates de la Zona Euro que se hacen totalmente al margen nuestro. Ese tipo de cosas ayudarían a una reapropiación por parte de la ciudadanía. Hay gente que está proponiendo, por ejemplo, a la hora de reformar los tratados, crear auténticas convenciones ciudadanas a escala de los distintos países para que la gente vuelva a imaginar y a poder debatir qué tipo de Europa quiere. Este tipo de cosas tienen que hacerse y es una vacuna contra la extrema derecha, porque es así como podemos romper la propaganda del nacionalismo reaccionario que está volviendo a poner sobre la mesa.

Los grandes cambios en la Unión Europea necesitan la iniciativa de la Comisión, el acuerdo de los Estados miembros a través del Consejo y la aceptación del Parlamento Europeo. En este complejo entramado político, ¿dónde y cómo empieza el cambio que puede hacer posible esa Europa social que propone el Caucus Progresista?

El cambio tienen que empezar, y esa es la batalla que tenemos que dar los movimientos del cambio, a un doble nivel. En primer lugar, la batalla se da en cada uno de los Estados Miembros y en sus elecciones. Ahora mismo no tenemos prácticamente gobiernos transformadores en el Consejo, más allá del gobierno portugués o el griego. Tenemos que dar la batalla en cada una de las elecciones nacionales para ser capaces de ganar espacios de poder en cada uno de los Estados Miembros, que al final son los principales motores de la integración europea. Y después tenemos otra fecha que es el 2019, que son las próximas elecciones europeas en las cuales tenemos que ir a una mayoría distinta en el Parlamento Europeo. Y aquí tenemos una responsabilidad importante al nivel de la izquierda que es que nos hemos presentado siempre a las elecciones muy divididos y tenemos que ser capaces de crear grandes procesos unitarios de cambio de cara a las elecciones de 2019. Un poco lo que está proponiendo por ejemplo Varoufakis con el DIEM25, de intentar ir a un gran bloque democrático del cambio donde podamos estar todos. Hay que empezar a trabajarlo ya porque 2019 suena lejos pero no es tan lejos y va a ser uno de los retos importantes.