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España pide silla propia en la cumbre mundial

"Ser la octava economía del mundo justifica por sí solo nuestra presencia". Zapatero reclama que la UE comparta con EEUU la selección de los participantes en la cumbre de Washington

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El Gobierno no alberga ninguna duda -al menos ante la opinión pública- de que España participará en la cumbre mundial convocada en Washington para afrontar la crisis del sistema financiero. Pero no suelta prenda sobre la fórmula que le permitirá incorporarse, tras su exclusión inicial por el Gobierno de George Bush.

El presidente Zapatero y su portavoz, María Teresa Fernández de la Vega, rehusaron ayer comentar la posibilidad de que, como publicó el diario francés Le Figaro, la solución pueda ser que España ocupe la silla que corresponde a Francia como miembro del G-8, al disponer Nicolas Sarkozy de un doble asiento por ser el presidente de turno de la Unión Europea.

Pero de las palabras de la portavoz se desprende que esta fórmula de préstamo no satisface en absoluto al Gobierno: 'España es la octava economía del mundo y este dato justifica por sí solo nuestra presencia en todos los foros internacionales'.

Se trata de una cuestión de fuero antes que de huevo. 'España tiene que dar esta batalla porque tiene que poner ya el pie en esos foros', explicaron a Público fuentes gubernamentales. Por eso, soluciones de préstamo como la mencionada no colman las aspiraciones de Zapatero y tuvo que ser descartada oficialmente por el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia horas después de las manifestaciones de De la Vega.

Según las fuentes consultadas, la solución aceptable sería que, junto a España, se amplíe la convocatoria a algunos otros países, entre los que se cita a Holanda.

En este objetivo, Zapatero introdujo ayer, en la rueda de prensa que celebró al término de la cumbre iberoamericana celebrada en El Salvador, un nuevo elemento de presión: 'Es a los organizadores y a quienes han tenido la iniciativa a quienes corresponde definir los países' que participarán. La organización corresponde a EEUU, pero la iniciativa partió de la UE.

Por si acaso, advirtió: 'Espero que no pase nada nuevo para no tener que decir nada distinto'.

El presidente insistió en que España tiene 'razones y argumentos' para participar en una cumbre que calificó de 'trascendental'. El Gobierno español esgrime en su ofensiva diplomática que 'España es Iberoamérica y es Europa'.

En Europa cuenta, entre otros, con el apoyo de Sarkozy, pese a que el presidente francés está condicionado en su apoyo por su faceta de presidente de turno de la UE; el del británico Gordon Brown, con quien Zapatero mantiene una relación 'mucho más intensa' que la que tenía con su predecesor, Tony Blair, además de una mayor identidad de criterios -de hecho, algunas de las últimas intervenciones públicas de dirigentes socialistas están prácticamente calcadas de otras del primer ministro británico-; y el del portugués José Sócrates, quien ayer avisó de que la cumbre 'empezará mal' si no está España.

En Iberoamérica, Zapatero ha aprovechado la cumbre de El Salvador para hacer visible el apoyo de los principales países del continente, con Brasil a la cabeza, aunque el presidente señaló que el apoyo iberoamericano siempre lo 'da por supuesto'.

Pero, además, Moncloa está jugando también la baza de que China reclame la participación de España a partir de la idea de que puede jugar un papel de puente para la entrada del país asiático en Europa.

A los apoyos se sumó ayer el presidente de Banco Santander, Emilio Botín. 'Desde luego, España debe estar presente en esa reunión del G-20 y seguro que estará', dijo el banquero en Sao Paulo (Brasil), según informa Virginia Zafra.

El Gobierno reconoce que la cumbre del 15 de noviembre tiene una importancia práctica relativa, pues no sólo es convocada por un mandatario cesante, sino que en ella difícilmente se podrán adoptar decisiones concretas. Los trabajos 'llevarán tiempo', reconoció Zapatero.

La previsión es que de esta reunión salga la convocatoria de algún tipo de conferencia o foro, seguramente bajo el paraguas de la ONU, cuyo trabajo no se sustanciará en semanas ni meses.

Pero, aun así, la prioridad es 'estar desde el primer momento' y por derecho propio. En cuanto a las aportaciones concretas que pueda hacer España, hay unanimidad en que la principal es el comportamiento que ha tenido el sistema financiero español, consecuencia de que la epidemia que sufrió en los años ochenta obligó a reforzar los controles.

La otra aportación tiene un sesgo marcadamente ideológico, en el que Zapatero coincide singularmente con el británico Gordon Brown, y que se puede resumir en el principio de que la superación de la crisis actual pasa por 'la restauraciónn en la economía internacional del interés público' y por 'una gobernanza global más fuerte'.

En el encabezamiento de las decisiones a adoptar figuran la reforma del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, pero el fondo de las propuestas es crear instituciones más fuertes para la acción concertada en momentos de crisis y sistemas globales de supervisión y regulación.

En síntesis de José Blanco: 'Lo que no puede ser es que pase la tormenta y los tiburones del liberalismo vuelvan a las andadas'.