Publicado: 25.08.2015 21:57 |Actualizado: 26.08.2015 08:29

Esperanza Aguirre sólo acierta a plantear un nuevo 'tamayazo' en sus estertores como lideresa

Sitiada por la corrupción, empañada su gestión por los despilfarros y condenada a ser una simple concejala tras el congreso regional del PP, trata de sacar cabeza al plantearle a Carmona una operación de transfuguismo que le sirva en bandeja la Alcaldía a Villacís.

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Antonio Miguel Carmona, junto a Esperanza Aguirre en las inmediaciones de la Asamblea de Madrid. EFE

Foto de archivo de Antonio Miguel Carmona junto a Esperanza Aguirre, en la Asamblea de Madrid. / EFE

Esperanza Aguirre muere matando. La otrora ministra de Cultura con Aznar y todopoderosa presidenta de la Comunidad de Madrid trata de sacar cabeza mientras cuenta las horas que le quedan para que le arrebaten su último cargo de relieve. Consciente de que tras el congreso regional de su partido será descabalgada por Cristina Cifuentes como presidenta del PP autonómico, la actual concejala capitalina lucha infructuosamente por desbaratar a toda costa el gobierno de Manuela Carmena.

Tras fracasar en el asalto al Ayuntamiento en las pasadas municipales, quiso convertirse en la nueva alcaldesa con los votos prestados, aunque el vano intento la llevó a ofrecerle el bastón de mando a sus contrincantes, los candidatos del PSOE, Antonio Miguel Carmona, y de Ciudadanos, Begoña Villacís. Ante la negativa de ambos, hasta llegó a abogar por un gobierno de concentración en el que estaría la propia Carmena, pero con una línea política hecha a su medida y, por su puesto, sin "sóviets en los distritos".

Cuando ya todo parecía perdido, la lideresa ha vuelto a la carga. "Con Carmona es suficiente", sentenció ayer, cuando se produjo su último intento de quitarle la Alcaldía a la dirigente de Ahora Madrid. La oferta, en esta ocasión, ignoraba al PSOE, pues animaba al socialista a saltarse la disciplina de partido, que lo apartó de la portavocía socialista en el Ayuntamiento. Un candidato herido que podría resarcirse de la traición doméstica arrojándose a los brazos de Aguirre, que volvió a proponer a Villacís como alcaldesa.



La madeja cobra sentido con un par de sumas y restas: Aguirre sólo obtuvo el 34,5% de los votos en los pasados comicios locales, lo que se traduce en 21 concejales; la mayoría absoluta son 29, por lo a los siete concejales de Ciudadanos tendría que sumar uno del PSOE. Durante la resaca electoral planeó el tamayazo, es decir, la reedición del mayor caso de transfuguismo en la Comunidad de Madrid. En 2003, tras perder las elecciones autonómicas, Aguirre fue finalmente investida como presidenta regional gracias al apoyo de dos parlamentarios socialistas, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez.

En esta ocasión, el fantasma del transfuguismo pasó de largo, aunque el ofrecimiento de ayer es lo más parecido a la compra de un voto, personificado en un edil despechado consciente de su ocaso. "A lo mejor está arrepentido de no ser alcalde de Madrid", barruntó Aguirre en referencia a la propuesta que le hizo en su día, aunque la respuesta del socialista no se hizo esperar. "Me ofrezco para que Aguirre sea la taquillera del Circo del Sol", contraatacó Carmona, quien dijo que "debería preocuparse más de Púnica y menos de enredar".

Aguirre, que ha visto cómo sus peones en la Comunidad de Madrid han ido cayendo, de Francisco Granados a Ignacio González, también podría verse salpicada por la trama Gürtel. Su gestión, además, se ha visto empañada por la calculadora, como refleja su última operación errada: El País ha desvelado que despilfarró 105 millones de euros en el Campus de la Justicia, un proyecto megalómano que contemplaba la construcción de doce edificios para albergar los órganos judiciales.

Sitiada por los casos de corrupción y condenada a ser una simple concejala tras el congreso regional del PP madrileño, que se celebrará tras las elecciones generales, la también portavoz municipal conservadora sólo ha acertado a plantear un tamayazo en sus estertores como lideresa. El próximo año se despedirá definitivamente del poder, aunque es evidente que meses antes ya lo ha comenzado a echar en falta.