Publicado: 23.11.2016 13:06 |Actualizado: 23.11.2016 13:06

La eterna alcaldesa que "transformó Valencia"... en un hito de corrupción

Rita Barberá estuvo 24 años al frente del Ayuntamiento con un único propósito: "Poner a Valencia en el mapa". Hoy la ciudad es un emblema de despilfarro y mala gestión pública.

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Rita Barberá y Francisco Camps, en un Ferrari durante la inauguración del circuito de Fórmula 1 en Valencia.

Rita Barberá y Francisco Camps, en un Ferrari durante la inauguración del circuito de Fórmula 1 en Valencia.

MADRID. -La idea, en boca de sus propios dirigentes, era “poner a Valencia en el mapa”. Y se consiguió. Rita Barberáfallecida hoy tras sufrir un infarto en un hotel de Madrid- se ha marchado dejando tras de sí casi cinco lustros de Gobierno que acabaron por convertir a la ciudad en el mayor referente español de la corrupción, el despilfarro y la mala gestión pública.

Conocida como la “eterna alcaldesa”, Barbera entró en junio de 1991 al Ayuntamiento de Valencia gracias a un pacto del PP con Unión Valenciana (UV) que impidió gobernar al PSOE pese a que había sido el partido más votado; y se marchó, 24 años después, por la misma puerta: un acuerdo entre Compromis, PSPV y València en Comú consiguió desplazar a la regidora, con mayoría de sufragios, en los comicios de 2015.



Entre tanto, la alcaldesa conservadora fue reelegida hasta en cinco ocasiones (en las elecciones de mayo de 1995, junio de 1999, mayo de 2003, mayo de 2007 y mayo de 2011), siempre con mayoría absoluta, una ventaja que le permitió hacer y deshacer a su antojo. La Plataforma de la Auditoría Ciudadana de la Deuda calculó que la factura dejada por el Gobierno de Barberá ascendía a más de 800 millones de euros.

Entre los hitos de su gestión se encuentra la construcción de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, encargada al polémico arquitecto Santiago Calatrava, y cuyo coste final sobrepasó por muchas veces su presupuesto inicial; un circuito de Fórmula 1 con unos costes estimados de 200 millones de euros y que sigue generando deudas pese a que hoy no es más que un amasijo de instalaciones abandonadas; la celebración de un mundial de vela y la visita del Papa a la ciudad en 2006, salpicada ahora por la trama de contratos corruptos de la Gürtel.

Sólo un proyecto se le frustró a la regidora, el que había sido una de sus mayores ambiciones desde que llegara al poder: prolongar la avenida de Blasco Ibáñez hasta el mar, arrasando al paso el barrio arquitectónicamente protegido del Cabanyal. Una orden ministerial firmada por Ángeles González Sinde en 2009 para proteger los bienes de interés cultural del barrio y su salida en 2015 del Consistorio acabaron con las aspiraciones de Barberá.

La exalcaldesa tampoco reparó en gastos de protocolo y representación. Poco después de llegar a la alcaldía, Compromís publicó 446 facturas cargadas al Consistorio valenciano que reflejaban unos gastos de 278.000 euros en tres años y medio sólo en viajes, coches, hoteles de lujo, comidas, celebraciones y regalos. De ellos, 42.000 euros estaban a nombre de la propia Rita Barberá.

Los años de gloria, no obstante, no fueron eternos. Su apoyo al dimitido presidente de la Generalitat Francisco Camps tras su implicación en la causa de los trajes, le valió un notable desgaste. "Todos los políticos de este país, del primero al último, reciben regalos", alegó entonces, coincidiendo con una de las etapas más activas de la instrucción del "caso Gurtel".

La posibilidad de resultar imputada en el caso Noos por los contratos firmados para la celebración del Valencia Summit fue otro episodio negro, y del que sin embargo salió indemne, tras la decisión del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) de no imputarla.

El 13 de septiembre de 2016, el Tribunal Supremo decidió investigarla por supuesto blanqueo de capitales en la financiación de las elecciones de 2015, donde supuestamente 47 concejales, asesores y exediles habrían aportado 1.000 euros y recibido en metálico dos billetes de 500 euros, unos hechos por los que Rita Barberá declaró el pasado lunes, sólo dos días antes de morir y sobre los que negó tener conocimiento.