Publicado: 01.03.2016 22:12 |Actualizado: 02.03.2016 07:00

ICONOS DE LA IZQUIERDA

Eulàlia Vintró, erudita de Bandera Roja

Lo ha sido todo en la universidad y en la política. La catedrática, todavía miembro del Consejo Nacional de ICV, repasa su historia e inquietudes. Como Catalunya, “el problema político más importante del país que no ocupa dos líneas en el acuerdo de PSOE y C´s”.

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Eulàlia Vintró

Eulàlia Vintró

MADRID.- Jubilada, hace el relato de sus días frente a una ventana de Vallvidrera desde la que se ve el mar. Y lo de jubilada es un decir de la catedrática, experta en Hipócrates, que nunca ha dejado de colaborar con sus colegas docentes. “Y un desastre”, añade con ironía la peleona, que en 2007 supero un cáncer de mama y que estos días se recupera de la aparatosa caída que sufrió nada más despedirse, en un emotivo y multitudinario acto, de su Universidad. “Como dice una amiga, más me hubiera valido no dejar de trabajar”, exclama con una risa.

No mamó la lucha porque Eulàlia Vintró (Barcelona, 1945) nació entre los algodones de una familia de la pequeña burguesía de postguerra, “¡y de ocho apellidos catalanes!”, completa. Recuerda de sus primeros años una casa muy grande de la que apenas salía en invierno porque a los niños les sobraba patio para los juegos infantiles. Y unos veranos de aguas medicinales y de sierra de pinares en la casa de sus tíos. “Era una vida bastante cerrada, familiar, de pocas relaciones”.



Tercera de cuatro hermanos, cuenta que iba a misa todos los domingos, “ a sentarnos en un banco que, aunque no estaba reservado, todo el mundo sabía que era el nuestro”. Pero a la familia conservadora ─el padre de Lali fue concejal de la Lliga─ le salieron rana los cuatro chavales: “Los cuatro comunistas, fíjate tú”, se ríe. Al menos sí satisficieron la obsesión de su progenitor, empresario de engranajes para motores, por los estudios que él no había podido realizar. En el caso de Eulalia, con creces.

Catedrática de Filología Clásica, se doctoró con 25 añitos. Fue vicedecana del Colegio de Doctores y Licenciados de Catalunya y Baleares, tesorera del Consejo General de Colegios de Doctores y Licenciados, vicedecana de la Facultad de Filosofía y Letras, secretaria general de la Universidad de Barcelona. Y, en recompensa a tanto codo hincado: Gran Cruz de Alfonso X El Sabio, Medalla de UNICEF y Creu de Sant Jordi. Casi nada.

"Iba a enseñar a leer a gente analfabeta y allí empecé a ver que el mundo que me habían enseñado no era así"

Pero la Universidad, a la que llegó tras terminar el bachillerato en las teresianas del Padre Poveda –“lo más moderno que había en monjas”, dice– le dio algo más que buenas notas a la joven Vintró. “Llegué a Filosofía y Letras en los años en los que se constituyó el Sindicato Democrático de Estudiantes. Y allí empecé a ver otro mundo. Otra realidad distinta a la de burbuja en la que había vivido”.

Cristiana, abonada al principio de la justicia social, gastaba los domingos en el Paralelo. “Iba a enseñar a leer a gente analfabeta y allí empecé a ver que el mundo que me habían enseñado no era así”. Gracias a una amiga, hija de un abogado desterrado en Lanzarote por participar en el Contubernio de Múnich, “descubrí a la gente que había perdido la guerra, a los republicanos, y a los que, sin haber perdido la guerra, eran contrarios al franquismo. Aquello me abrió otras puertas y lo único serio que había en la Universidad en aquella época era el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC)”.

Bandera Roja

"El derecho civil catalán y la cultura catalana fueron despreciadas durante el franquismo”

Con la carrera terminada, miembro ya de los penenes (los profesores no numerarios), entró en contacto con la maoísta escisión del PSUC, Organización Comunista de España-Bandera Roja (OCR-BR). “El sector más importante era el obrero, pero en la Universidad había gente tan prestigiosa como Jordi Solé Tura o Jordi Borja, que estaba en mis mismos planteamientos. En 1974, cuando Bandera volvió al PSUC, allí fui yo. ¡Y ahí sigo hoy!, vuelve a exclamar la todavía miembro de Consejo Nacional de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV).

Eulàlia Vintró junto al alcalde de Girona en los años 80

Pasea su memoria por la Catalunya antifranquista de reuniones clandestinas, reparto de propaganda o las protestas de la Assemblea de Catalunya. Y le echa humor al recuerdo del par de porrazos que se llevó una noche en la facultad de Económicas: “Avancé hacia la policía, que entraba un día sí y otro también, y les dije: ‘Soy profesora’. No me dio tiempo a más. Pedí una entrevista con el rector y me dijo una frase genial: ‘Mire doctora: la policía es como los toros. ¿Verdad que se aparta si se encuentra uno en el campo? Pues en la facultad haga lo mismo’. Y yo le contesté: ‘O me da un estoque para defenderme o me paga como a un torero”.

Además de las libertades, “que se reivindicaban lo mismo en Barcelona que en Madrid”, evoca la Eulàlia catalanista dos elementos de su pelea específica: la lengua y la cultura. “En el colegio me decían aquello de hable usted en cristiano, como si Dios no entendiera las otras lenguas. En los años 70, cuando empezó a reivindicarse el catalán, no había conflicto en las aulas, pero tampoco existía autorización. La otra cuestión era el respeto a las instituciones, al derecho civil catalán, a la cultura catalana, que fue sistemáticamente despreciadas durante el franquismo”.

Catedrática de la política

Llegada la democracia se disparó la carrera política de Vintró que tiene también varios master en el bregar de los escaños. Diputada en el Congreso y en el Parlament, concejal en Barcelona, su primer despacho –del que guarda mejor recuerdo- se ubicó en la Carrera de San Jerónimo tras las elecciones del 79. “En Madrid pasé cuatro años maravillosos. Fue durante la primera legislatura constitucional; la que aprobó los estatutos de autonomía y la que desmontó todo el aparato jurídico y legislativo del Franquismo”. Y fue también la legislatura del 23-F.

"El 23-F le pregunté a Ramón Tamames: ¿Dónde nos van a llevar, a la plaza de toros o al estadio Santiago Bernabéu?"

“Me han preguntado muchas veces si me di cuenta de lo que pasaba. Y la verdad es que no. Hoy ruidos, gente correr y mi sensación primera fue que había un incendio. Hasta que llegó la Guardia Civil, empezaron las ráfagas de ametralladora... ¡y el susto! Yo no había oído en mi vida pasar un tiro tan cerca de mí y lo único que hacía era preguntarle a Ramón Tamames, que se sentaba a mi lado: ‘¿Dónde nos van a llevar, a la plaza de toros o al estadio Santiago Bernabéu?’ Pasamos mucho miedo”.

Pascual Maragall y Eulàlia Vintró celebrando la victoria en las municipales de 1995

Pascual Maragall y Eulàlia Vintró celebrando la victoria en las municipales de 1995

Tras las elecciones del 82, llegó la debacle del PSUC. “Los elegidos cabíamos en un taxi”, explica gráficamente la catedrática que tiene claro por qué ocurrió: “Estábamos en plena Guerra Fría y en plena campaña propagandística de EEUU. Había mucha gente que temía el comunismo. En muchos mítines yo empezaba diciendo: ‘Mírenme, no tengo rabo ni cuernos. En Galicia, en el mitin de una amiga mía, el cura salió por la torre de la Iglesia con un altavoz para excomulgar a los asistentes”. Y suma a eso la “fabricación de un PSOE sobre el que alguien escribió cuando celebró sus cien años: ‘100 de historia y 40 de vacaciones’, ¡porque el Partido Socialista estuvo ausente durante el franquismo!”, matiza.

"¡El Partido Socialista
estuvo ausente durante
el franquismo!"

Vintró regresó a Catalunya. Concejala del Ayuntamiento de Barcelona, durante varias legislaturas, cuenta que su otra ocupación de mayor orgullo fue la realizada como concejala de Bienestar Social: la creación de una estructura de servicios sociales, junto a Pascual Maragall, “el mejor alcalde de Barcelona”, no tiene ninguna duda. Entre el 84 y el 87 fue diputada del Parlament, del que no guarda tan grato recuerdo: “Era un Parlament con mayoría absoluta de Convergencia. No tenía posibilidad de ejercer el control parlamentario y del gobierno. Me marché antes de acabar”.

Eulàlia con la antorcha olímpica en 1992

En el 99 volvió a las aulas, a la Universidad de Barcelona donde ha dado clases hasta su jubilación el año pasado. Aunque Lali nunca ha dejado la política ─cerró las listas de ICV al Congreso en 2008─ ni la cátedra de la vida que sigue ejerciendo cada día. Le preocupa Catalunya, “un gobierno catalán que no gobierna” y que “el problema político más importante del país no ocupe dos líneas en el acuerdo firmado por C´s y PSOE”. Sentencia Eulalia que van mal. Y advierte: “Yo no lo soy, y la mayoría no lo era, pero en pocos años el señor Rajoy ha conseguido fabricar un 47% de independentistas”.

Y le preocupa, por encima de lo anterior, la izquierda. “No hay izquierda en Europa y los grandes problemas no se resuelven ni en Catalunya ni en España, se resuelven en Europa”. Cree que “si Europa no consigue hablar de tú a tú con EEUU o con China, desaparece. Y si desaparece, pasaremos a ser irrelevantes, el tercer mundo”. Mirando al Mediterráneo desde su piso de Vallvidrera, se duele Vintró de los refugiados que lo cruzan cada día y concluye pesimista: “Que no haya una izquierda en Europa capaz de ver eso y construir soluciones y alternativas me tiene… ¡desesperada!”.