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La excarcerlación de De Juana radicaliza al PP

De Cospedal, en un acto de la AVT, sugiere la apuesta de su partido por la cadena perpetua para los terroristas

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La imagen del etarra Iñaki de Juana saliendo de la cárcel de la mano de su mujer, Irati Aranzabal, espoleó la radicalización en el mensaje del PP. Dos de sus más destacados dirigentes, la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y el presidente del Partido en Euskadi, Antonio Basagoiti, urgieron ayer al Gobierno a emprender reformas legales para endurecer las leyes contra los terroristas.

Mientras el dirigente vasco acusaba desde San Sebastián al Gobierno de Rodríguez Zapatero de estar “de vacaciones, tomando el sol” mientras “un asesino convencido y no rehabilitado se pasea delante de las viudas y huérfanos que él mismo ha causado”, De Cospedal, que acudió a un acto organizado por la AVT en Madrid, sugería la apuesta de su partido por la cadena perpetua al preguntarse “por qué las leyes permiten que un asesino pueda salir de la cárcel y hacer que nos sintamos indignados”. En ese mismo acto, en el que se hicieron notar con sus pancartas pequeños partidos de extrema derecha y en el que también participó el ultra Ricardo Sáenz de Ynestrillas, se corearon, precisamente, gritos a favor de la cadena perpetua y en contra de Zapatero.

Sólo habían pasado cuatro horas y media desde que el etarra, acompañado de su esposa y los abogados Jone Goirizelaia y Álvaro Reizabal, abandonara poco antes de las siete y media de la mañana la prisión de Madrid VI-Aranjuez donde cumplía una condena de tres años de cárcel por un delito de amenazas. Sin prisas, pero sin pausa. Sin puños en alto ni abertzales vitoreándole. Y con un fuerte despliegue de la Guardia Civil para evitar incidentes, el terrorista se subió inmediatamente en el vehículo todoterreno negro que conducía una de los letrados y partió inmediatamente hacia un lugar no determinado del País Vasco. Una tenue sonrisa vislumbrada a través de la ventanilla del coche fue la última imagen del terrorista, quien, finalmente, decidió no dirigirse a su domicilio de San Sebastián, convertido en foco de atención mediática.

Tampoco acudió al acto que la izquierda abertzale le había preparado en el casco viejo de la capital donostiarra por motivos de “seguridad” y de “salud”, según la carta escrita por el propio etarra que se leyó en el mismo. Una misiva en la que el etarra se quejaba de la “presión” a la que dice haberse visto sometido él y su familia, y en la que se calificó de “una víctima” del “estado de excepción” creado por Francia y España.

Casi a la misma hora, en San Sebastián y en Madrid, colectivos de víctimas celebraban sendos actos de repulsa por su excarcelación en los que participaban los dirigentes del PP. En el celebrado en la capital, el presidente de la AVT, Juan Antonio García Casquero, acusaba al Gobierno de José Luis Rodríguez de no haber hecho lo que estaba en su mano para evitar la salida a la calle del etarra.

La respuesta del Gobierno no se hizo esperar, Desde México, donde se encuentra en viaje oficial, la vicepresidente primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, leía una breve declaración en la que reiteraba el mensaje lanzado en los últimos días por otros miembros del Ejecutivo y el propio Zapatero: “A partir de ahora, el Gobierno, la Fiscalía General del Estado y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado van a estar especialmente vigilantes para que ni la memoria ni la dignidad de las víctimas pueda ser vulnerada”. “No nos gusta que De Juana esté en la calle, nos repugna”, añadió.

En la misma línea, el secretario de Organización del PSE, Rodolfo Ares, aseguró que los socialistas vascos comparten y comprenden “muy bien los sentimientos de dolor y de rabia que tienen las víctimas”, pero advirtió de que “todos, también las víctimas”, deben “entender que vivimos en un Estado de Derecho y que, en democracia, quien cumple la condena y las leyes queda en libertad”.

Por su parte, el parlamentario del PNV José Antonio Rubalkaba, aseguraba ayer en una entrevista radiofónica que “no es bueno” lo que “se está montando”con la excarcelación del preso etarra. Rubalkaba criticó que “se está aprovechando el boom de las víctimas” para decir que “a todos los que salgan, aunque hayan cumplido, hay que seguir manteniéndoles” en prisión.

Mediodía en Madrid. Plaza de la República Dominicana. Doscientas personas se arremolinan en uno de sus extremos, frente al monumento a las víctimas. Hay banderas de España –sin aguilucho, eso sí–, gritos de “Zapatero, dimisión” y un dirigente del PP –en este caso una fémina– en primera fila. No hay duda. Es un acto made in AVT. En esta ocasión, la convocatoria es una ofrenda floral en desagravio a las víctimas al calor de la indignación causada por la excarcelación de Iñaki de Juana.

Flores blancas, un minuto de silencio, un padre nuestro y las inevitables declaraciones ante la prensa del presidente de la asociación convocante, Juan Antonio García Casquero, y del dirigente del PP, en este caso, su secretaria general, María Dolores de Cospedal, clamando contra lo inevitable. Todo se ajusta milimétricamente al guión de los actos made in AVT.

También los gritos e insultos, que, como en anteriores manifestaciones, se ceban más en el presidente del Gobierno que en ETA. Tampoco faltan los vivas a la Guardia Civil, a España y al Ejército –¿por qué no se acuerdan nunca de la Policía?–. Incluso, hay quien se pasea enfundado en una camiseta de apoyo a Jiménez Losantos.

Los familiares de las víctimas del atentado que en ese mismo lugar costó la vida a doce personas hace casi 23 años se emocionan y lloran. Personas de avanzada edad congestionan sus rostros mientras gritan las maldades de los socialistas y sus leyes, sin percatarse que el etarra está en calle gracias al Código Penal de 1973... con Franco en el poder.

Al PP también le cae lo suyo. Mujeres endomingadas se acercar a De Cospedal y le piden más mano dura. Ella, con una sonrisa en la boca, asiente con cara de querer salir de allí cuanto antes. Otra le reprocha que su partido sea “muy blandito”. Los gritos de “cadena perpetua” cuando hace declaraciones a la prensa le terminan de convencer de que debe abandonar el lugar.

Para ella, de hecho, no hay aplausos. Tampoco para Mikel Buesa, dirigente del partido de Rosa Díez. Los ha acaparado el ultraderechista Ricardo Sánez de Ynestrillas cuando ha depositado un ramo de flores. ETA mató a su padre y ahora su actual partido, La Falange, reparte en el lugar octavillas que claman por la ley del Talión. Más de uno le da su respaldo con una palmada.

 “¿Qué hay aquí? ¿Ha pasado algo?” Era el comentario entre los que pasaban por alguno de los actos organizados en Donostia por la llegada de De Juana. Pese a la expectación que suscitó su liberación, no fueron más de medio centenar de personas las que ayer lamentaban o celebraban su salida de prisión, una respuesta ciudadana poco acorde con el “circo mediático” que, según De Juana, rodea a su persona.

La mañana prometía: pancartas en el casco viejo le daban la bienvenida, al tiempo que operarios limpiaban pintadas en la fachada de la que será su vivienda, en el número 1 de la calle Carlos I: “”No olvidamos, no perdonamos”.

Cerca de las doce, miembros del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco y la Plataforma España y Libertad se congregaban en Alderdi Eder. Entre ellos, el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti. También familiares de las víctimas, como Pilar Ruiz, madre de Joseba Pagazaurtundúa, asesinado por ETA –que vive sólo a un par de portales del nuevo hogar del terrorista–. Una ofrenda floral, banderas españolas, fotografías de De Juana bajo el lema “¡Qué asco!”, y unas cincuenta personas. Y muchos viandantes camino de la playa.

Al mismo tiempo, decenas de simpatizantes del movimiento pro amnistía organizaban en el casco antiguo un acto de homenaje al etarra, impidiendo el paso a los medios de comunicación: “Ni se te ocurra. Esto va a ser privado”. El homenajeado no acudió, por “seguridad”; pero sí envió una carta que leyó en alto una mujer, donde anunciaba su retirada “temporal” para recuperarse de la huelga de hambre. Gritos en favor de ETA, y de fondo, el turista de San Sebastián, indiferente: “¿Hay manifestación? mejor da la vuelta...”