Publicado: 08.09.2016 21:12 |Actualizado: 08.09.2016 23:21

Feijóo contra todos

El PP parte como claro favorito en las autonómicas gallegas gracias a las crisis internas de sus rivales y al escaso conocimiento y consolidación de los candidatos del resto de partidos.

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El presidente del PPdeG y candidato a ser reelegido por tercera vez presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, acompañado por el concelleiro de Lugo, Xaime Castiñeira (i), y el conselleiro de Economía, Francisco Conde (d), durante el acto celebrado en

El presidente del PPdeG y candidato a ser reelegido por tercera vez presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, acompañado por el concelleiro de Lugo, Xaime Castiñeira (i), y el conselleiro de Economía, Francisco Conde (d), durante el acto celebrado en Lugo, primer lugar que ha visitado el presidente dentro de la ruta por las siete ciudades para explicar su proyecto de gobierno para la nueva legislatura en la Comunidad gallega. EFE/Eliseo Trigo

A CORUÑA.- El arranque de la campaña gallega con la encuesta del CIS dando al PP hasta tres escaños más de los que precisaría para gobernar en solitario va a convertir el camino de las autonómicas en una lucha de todos contra Feijóo. O de Feijóo contra todos, según se mire. Porque los populares son los únicos que presentan esa imagen de unidad y fortaleza interna que permite a los políticos encarar unos comicios como si se tratara del partido de vuelta de una eliminatoria que ya se ha resuelto en la ida: no hace falta arriesgar el balón, lo que conviene es dejar que sea el contrario el que se la juegue. Y si puedes marcar al contrataque, ¡bingo!

Según el CIS, el PP habría ganado ese encuentro de ida por goleada. Pero ojo, que la letra pequeña del sondeo esconde varios datos preocupantes para Feijóo. En intención directa de voto, la suma de PSOE, En Marea y BNG (32,9) supera en media décima a la de PP y Ciudadanos (32,4). La diferencia se eleva a tres puntos en intención directa de voto más simpatía: 40,3% para las formaciones progresistas y nacionalistas por un 37,3% de PP más C’s.

Aunque una abrumadora mayoría de gallegos, el 85,1%, cree que las elecciones las va a ganar el PP, un 57,3%, querría que gobernase otro partido. Frente al 33,4% que desea que Feijóo siga al frente de la Xunta, la suma de quienes apuestan por los candidatos del resto de formaciones supera el 40%. Así que el PP juega en casa, sí. Pero un error en defensa o una pérdida de balón durante la campaña puede ponerle en aprietos. Un debate perdido, una frase a destiempo, una corruptela de un candidato, una mala jugada de Génova en Madrid... Y el marcador puede dar la vuelta.

Si se analiza la situación en la que cada formación afronta las elecciones, la conclusión es que buena parte del resultado va a depender de cómo se desarrolle la campaña. Porque esto es Galicia, y aquí nunca se sabe quién sube y quien baja, y mucho menos en unas elecciones. El mejor ejemplo lo recoge esa letra pequeña de la encuesta del CIS: un 87% de los gallegos asegura que fue a votar el 26-J. Pero en realidad, sumando los votos nulos y en blanco, sólo lo hizo el 79%.

Partido Popular

Su ventaja es que parte de una sólida posición, con un candidato plenamente consolidado, de imagen moderada y que ha sabido aprovechar perfectamente los tiempos, pillando por sorpresa a sus rivales al adelantar las elecciones en pleno verano, cuando el resto de formaciones aún estaban consolidando a los suyos o discutiendo sus estrategias. Feijóo, además, ha sorteado con pericia los casos de corrupción que afectaban a su partido, especialmente en los Ayuntamiento de A Coruña y Santiago y en la Diputación de Ourense. Y también ha conseguido que se olvide aquella foto en la que aparecía untado de crema a bordo del yate de un narco. Tiene de su parte el control absoluto de los medios públicos y de buena parte de los privados, a los que ha subvencionado sin rubor. Sus desventajas: mientas gastaba en propaganda, los recortes en sanidad y educación y la depauperación de las clases medias le han alejado de muchos tradicionales votantes del PP.

PSdeG

Padece una crítica situación interna que amenaza con convertirlo en tercera fuerza por primera vez en décadas. Su candidato, Xoaquín Fernández Leiceaga, ex militante del BNG, es un desconocido para la mayoría del electorado, y además tiene en contra a la vieja guardia del partido, encabezada por el todopoderoso alcalde de Vigo, Abel Caballero. La confección de las listas fue una pesadilla que trascendió sonada y públicamente. Y si a eso se le suma el descontento de quienes culpan a Pedro Sánchez de que no haya Gobierno en España, la sangría puede ser aún peor de la que augura el CIS. El futuro de Leiceaga está probablemente en manos de un hipotético acuerdo para que, antes de las elecciones gallegas, Sánchez sea presidente en España.

En Marea

La amalgama de partidos que la componen (Podemos, Izquierda Unida-Esquerda Unida y los nacionalistas de Anova) transmite cierto caos al electorado y complica la difusión coordinada de mensajes sobre su programa. El exmagistrado Luis Villares, candidato a la presidencia, tiene buena imagen de cercanía, sosiego e intelectualidad, buena baza para luchar contra el voto del miedo. Pero es un recién llegado y tiene un escaso nivel de conocimiento popular. La ventaja de En Marea es que empieza a contar con una buena maquinaria electoral y con el apego de muchos gallegos que han visto que el voto del cambio funciona en las ciudades donde gobiernan, como A Coruña, Ferrol y Santiago.

BNG

Corre un serio riesgo de convertirse en fuerza extraparlamentaria si su candidata, Ana Pontón, la primera mujer de un gran partido que opta a la presidencia de la Xunta, no es capaz de consolidarse. El nacionalismo gallego puede pagar un precio muy alto por no haberse unido a las Mareas y al tirón ciudadano que arrastraron. El 26-J, el Bloque se quedó por debajo de los 45.000 sufragios, 100.000 menos que en las autonómicas del 2012. Si se repitieran esos resultados, se quedaría sin escaño en Santiago por primera vez en más de 30 años. Su mejor baza es una militancia comprometida, trabajadora y concienciada, base de una organización sólida habituada a las batallas electorales.

Ciudadanos

La formación naranja está completamente descompuesta en Galicia, donde Albert Rivera no ha sido capaz de reunir en sus mítines más que a unos pocos centenares de personas en los últimos meses. ¿Su problema? El desencanto de una militancia que siguió asombrada el proceso mediante el cual la dirección nacional del partido quitaba y ponía candidatos a dedo despreciando las primarias que tanto alaba su líder. Está por ver si la periodista viguesa Cristina Losada es capaz de recuperar la confianza de los votantes desencantados de Feijóo que no quieren apoyar a las opciones progresistas.