Publicado: 01.12.2014 07:00 |Actualizado: 01.12.2014 07:00

El fotógrafo argentino que se hizo pasar por falangista

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"Llegué a España porque tenía 24 horas para irme de Argentina". Carlos Bosch es un fotógrafo que convirtió su cámara en testigo de la historia: la de su país y la del que lo acogió cuando tuvo que huir de la última dictadura argentina (1976-1983). Inquieto por naturaleza, este argentino se infiltró entre las filas de la Falange y tomó imágenes de sus integrantes como pocas se han visto.

Él fue en Argentina uno de los creadores de Noticias, el diario vinculado a Montoneros en el que confluyeron personalidades que dieron su propia impronta a la trayectoria periodística y cultural del país. Allí estaban Miguel Bonasso, Juan Gelman, Paco Urondo y Rodolfo Walsh, además Horacio Verbitsky.

"El cura Carlos Mugica (asesinado durante el Gobierno de Isabel Martínez de Perón) me dijo que también tenía que estar en el proyecto. Yo no era peronista y menos montonero. Pero el concepto era hacer un diario popular. He visto llegar a Mario Firmenich (líder del movimiento guerrillero) con un papel que había que publicar, y se rechazaba porque Noticias no era el diario de prensa de Montoneros. Fue mi mejor experiencia laboral, pero duró sólo un año. La mitad de la gente del diario desapareció, y la otra se exilió".

Bosch vive en una casa amplia de techos altos. Nada más entrar, aparece ante la vista un pinball. "Era para un amigo, al que le gustaba jugar". Una mesa alargada ocupa el centro de una de las habitaciones. De las paredes cuelgan algunas fotografías, casi todas en blanco y negro. En dos estanterías muchísimos libros antiguos se aprietan unos contra otros, como para desalentar la ojeada intrusa. Bosch se sienta frente a una mesa donde descansa un gran monitor y enciende un cigarrillo. El ambiente es mortecino y oscuro. Tiene un habla apresurada, entrecortada por alguna risa franca, cordial.

"Yo como fotógrafo pensé que estaba fuera del rollo, pero mi padre era amigo del comandante en jefe del Ejército, que me dijo: 'Mira, gracias a la amistad que tenemos con tu padre, mejor te vas'".

Era 1976. "El 19 de noviembre firmé contrato para irme a Venezuela. El 20 murió Franco, y el 21 pedí que me cambiaran el pasaje a Madrid. Entonces hubo una huelga de pilotos que duró un mes y pico, y me tuve que ir a un campo de un amigo, de clandestino. Nadie sabía que yo seguía en Argentina. Así que al final llegué a España el 7 de febrero de 1976. Me fui con lo que tenía en ese momento. A las 7 am llegué a Madrid, y 12 horas más tardes me tomé un tren para Roma".

Bosch se sincera. La capital no le había gustado. "Tenía un contacto que no se presentó, y además Madrid era gris, gris. Todo el mundo con boina mirando Heidi por televisión. Yo ahí no me podía quedar. Por lo poco que había visto, no me pareció que hubiera un movimiento fotográfico que mereciera la pena".

Pero no llegó a irse de España. El tren hacía escala en Barcelona. "Hice tiempo en el puerto y en un mapa vi que estaba sentado en un lugar que se llamaba Bosch y Alsina. Ese día me encontré una marea antifranquista. Vi a un grupo de gente con una bandera amarilla y empecé a hacer fotos. 'Amnistía, libertad', gritaban. Eran los que luego formarían la Asamblea de Catalunya. Yo exclamé: ‘¡tápese la cara todo el mundo!', para que se ocultaran el rostro, porque si no iban todos a prisión. Es lo que hacíamos aquí.".

Aquellas fotos salieron en El Correo Catalán. En Madrid, Cambio 16 le ofreció el puesto de jefe de fotografía, pero él pidió la corresponsalía en Barcelona. Aquel fue su primer trabajo fijo en España.

"Como freelance, decidí entrevistar a quienes pensaba podían ser futuros presidentes de Catalunya. Entrevisté a Jordi Pujol, quien me dijo 'Catalunya será libre si la banca catalana es fuerte'. Le hice una foto muy especial que mandé a The Observer con la semblanza de quien pensaba que podía ser el futuro presidente. Me mandó llamar Pujol y fui su fotógrafo personal durante tres años. Me propuso trabajar en un periódico. Le pregunté cuál iba peor: El Correo Catalán, me dijo. 'Bueno, yo entro si me dejan la portada para mí'. Y accedió. Yo hacía fotos que no hacía nadie. Y aquello empezó a crecer".

Un día caminaba por Madrid cuando vio un anuncio en la calle con el que la Falange convocaba una manifestación en Paracuellos. Tres autobuses contratados por la Falange salían hacia allí. "Cuando subí a uno de ellos, me di cuenta de que todo el mundo me empezó a mirar las tres cámaras que llevaba colgadas. 'Mmm, esto va mal', pensé. Me senté atrás del todo, para que, si llegaban a pegarme, sólo pudieran hacerlo desde un lado. Entonces llegaron cuatro tipos, uno con bate de béisbol (Servicio de Orden, los llamaban) y me increparon. Ahí les contesté: 'Mi padre es un combatiente de la Batalla del Ebro, falangista de toda la vida, y tiene un cáncer terminal, así que pensé que si le llevo un recuerdo de esto, se va a alegrar'. '¡Camarada!', me dijeron contentos. Me salió redondo. Además los fachas son así, les encanta agrandar el macho".

Sintió no obstante que había dos personajes que desconfiaban. "Me levanté entonces y los exhorté: '¡Todo el mundo a cantar el Cara a Sol!", que yo conocía porque había un curo pedófilo que nos la había enseñado en la escuela cuando era pequeño. Fue eso lo que decidió que yo me quedara con ellos".

Cuando llegaron a Paracuellos, Bosch buscó al secretario de prensa de Fuerza Nueva (publicación de la fuerza falangista) y le propuso convertirse en su fotógrafo oficial. 'Yo te hago las fotos y te mando un juego. Ahora, no sé dónde más se van a publicar, porque yo las vendo a una agencia francesa que las distribuye'. El secretario aceptó.

Bosch cubrió durante más de dos años los actos falangistas. Manifestaciones en homenaje al almirante Luis Carrero Blanco, los aniversarios del 20-N en el Valle de los Caídos, y hasta una reunión a la que asistió el presidente del partido ultraderechista MSI Giorgio Almirante y Blas Piñar (el referente de ultraderecha que fundó Fuerza Nueva).

"Luego me dediqué a ficharlos. Como ya era de confianza, me ponía tres o cuatro etiquetas de Fuerza Nueva y con otro fotógrafo les pedía sus datos personales y les hacía una foto". El País llegó a publicar unos 100 retratos de aquellos. "Hubo un coronel del Ejército que fue a recibir a Almirante al aeropuerto, y los saqué abrazándose. Gracias a eso, al coronel lo rajaron del Ejército".

Bosch comenzó a sentir pesado el terreno que pisaba cuando lo invitaron a Núremberg, Alemania, para visitar al nazi de las SS Karl Heinz Hoffman, que tenía un club deportivo y social y estaba entrenando a un grupo de mercenarios para invadir Laos. "Cuando volví, me di cuenta de que no podía publicar el reportaje porque iba a servir de efecto llamada. Me habían utilizado de propaganda. Por más titular que le pusiera, iba a funcionar a favor".

Durante aquel tiempo, el argentino seguía viviendo en Barcelona pero viajaba a Madrid para fotografiar a los falangistas. Fue editor gráfico de Primera Plana, confundador de El Periódico de Catalunya y más tarde, jefe de fotografía de Interviú. "Para mí era un trabajo de militancia: neutralizar las minas en bolas con fotos de denuncias antifranquistas. Era la búsqueda de a quién podíamos joder. Ni el rey podía decir nada frente a eso".

Luego se fue del grupo Zeta para trabajar en El País, cuando abrieron la edición en Barcelona. "Entonces llegamos a un acuerdo de que iba a hacer portadas de Barcelona que estuvieran en todas las ediciones. Había un problema con Pujol, que quería que en Catalunya El País saliera al menos la mitad en catalán. Yo pregunté cuál era la política, y me dijeron que anti-Pujol, y yo lo conocía como nadie. Él es alérgico y toma fenobarbital por la mañana, así que a las 11 se queda dormido. Así conseguí la famosa foto que ganó el premio de prensa Wordpress Photo: el tipo durmiendo en un acto militar".

Bosch dice que aquel fue el día más feliz en su vida como fotógrafo. Aquella foto se publicó cuando se celebraban los 1000 días de Pujol. El director adjunto de El País en Barcelona en aquel momento, Antonio Franco, recorría los pasillos del diario asustado, pensando que tenía que renunciar por culpa de una fotografía. "Que yo hiciera irse a un director de un diario por una foto", recuerda Bosch, y ríe. Pero se terminó yendo él, fichado por el director del diario Juan Luis Cebrián para ir a Madrid.

En aquel momento de su vida fue cuando se terminó su etapa de infiltrado entre los falangistas. Era 1980, y todo ocurrió cuando asistió a una manifestación en Barcelona. "Unos falangistas habían metido una bomba en la redacción de una revista de izquierda y mataron a un portero. Entonces se manifestaban los fascistas y los del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC). La poli estaba en medio. Del otro lado los falangistas me descubrieron: '¡Ése es el hijo de puta!', gritaron. Vinieron a por mí y me pegaron. Ahí me abrí. Me habían identificado como el fotógrafo traidor que publicaba las fotos. Hicieron un análisis de todo el material y se dieron cuenta de que era un infiltrado".

En 1987 hizo un paréntesis y se mudó a Luxemburgo. No volvió a Madrid hasta 1999, cuando lo contrataron como subdirector de la agencia Cover. De aquel período rememora una anécdota muy curiosa que involucra a la familia real. "Salió una noticia de los caballeros de la orden de no sé qué, quienes iban a hacer una ceremonia en Portugal para nombrar a alguien en un monasterio con el juramento de la espada. Se supone que también iba a ir también la que en ese momento era novia del príncipe Felipe. Cuando fui allí, me encontré a todos los caballeros vestidos como en la Edad Media y llevaban el escudo de la Falange. Yo había montado un operativo para sacarle fotos a la novia en cuestión. Me puse detrás de ella, hice que me llamaran al móvil, el cual tenía el volumen al máximo. Cuando aquello empezó a sonar, ella se dio la vuelta, y ahí la escraché".

Bosch no sintió miedo de rodearse de falangistas. Sí, quizás, de lo que transmitían. "Me infiltré porque tenía una importancia la permanencia de aquello. Yo estaba haciendo algo que tenía que quedar. Por eso cuidé mucho el archivo y busqué muchos nombres para identificarlos. Me pareció que tenía la posibilidad que no tenían otros de hacer este documento".

Hace siete años que Bosch regresó definitivamente a Argentina. Hoy mira hacia España, y le queda la sensación de que todos aquellos que él fotografió están hoy reciclados en los ministerios. "¿Qué pasa en España con el PP como consecuencia de todo esto? Los militantes de verdad del PP están adentro de la Falange. Son los cochorros. Rajoy seguirá hasta donde pueda llegar. La mujer de Aznar es de Cristo Rey, un grupo de presión. Otros son del Opus Dei, pero todos piensan lo mismo a nivel político. La hija de Mussolini también está intentando hacer lo que puede en Italia, como Le Pen en Francia. Ellos creen que tienen el poder. Están ahí".