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El giro de Rubalcaba une al PSOE en la exigencia de dimisión a Rajoy

Los críticos con la gestión de la Ejecutiva celebran la contundencia expresada por la dirección ante el 'caso Bárcenas'. Rodríguez Ibarra entiende el "gesto" de la cúpula socialista, pero no lo v

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Nadie hace apenas unas semanas podría haber imaginado que los escándalos por corrupción podrían salpicar de la noche a la mañana al corazón del Gobierno y del PP como ha sucedido en los últimos días con la publicación de los supuestos papeles del extesorero de los conservadores Luis Bárcenas. Pero tampoco podía esperarse un vuelco semejante en la estrategia de oposición del PSOE como la que realizó el pasado domingo el líder de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando manifiestamente afectado por la situación exigió la dimisión del jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, mencionado insistentemente en los documentos que sacó a relucir El País.

Ese giro, no obstante, parece llamado a convertirse en un elemento de cohesión interna del principal partido de la oposición que se encuentra en sus horas más bajas de la historia democrática. Incluso los más fervientes críticos con la gestión del líder que ascendió a la Secretaría General hace apenas un año han celebrado con 'alegría' y con 'alivio' la firmeza manifestada por Rubalcaba durante la solemne rueda de prensa que ofreció para dar lectura a la declaración institucional que exigió el cese de Rajoy.

La Ejecutiva, tal y como reafirmó el lunes el secretario de Organización, Óscar López, 'validó' por completo el planteamiento de su máximo dirigente. También lo hizo ayer mismo la portavoz de los socialistas en el Congreso, Soraya Rodríguez, en nombre del Grupo Parlamentario. La nueva posición del partido la respaldan incluso quienes en los últimos meses han exigido a Rubalcaba que cediera el testigo por su voluntad de diálogo con el Gobierno que ha puesto en marcha los recortes más extremos de las últimas décadas.

'Ha sido una intervención de hombre de Estado', llegó a decir el secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, indisimulado crítico con su máximo jefe, nada más escuchar a este último. Y es que Rubalcaba no hizo más que suscribir la postura que había defendido Gómez desde que salieran a la luz las primeras informaciones acerca de las cuentas del extesorero del PP. Porque fuentes del PSM recuerdan que su líder ya dijo el pasado 20 de enero que 'no se acaba con la corrupción pactando con corruptos' y que, unos días después, Gómez ya advirtió de que Rajoy no tenía autoridad moral para seguir gobernando.

También celebran el nuevo posicionamiento de la dirección federal otros secretarios generales consultados por este diario y que se han posicionado críticos con la gestión de Rubalcaba. Apoyan a pies juntillas a su líder, pero recuerdan, no obstante, que 'el problema' es que el reto que tiene el PSOE si quiere recuperar la confianza de la ciudadanía va 'más allá' de la exigencia de dimisión al presidente del Gobierno. 

Incluso algunos militantes de base que se han situado claramente frente a la labor de oposición de su secretario general reconocen el gesto de este último. 'Al fin y al cabo, Rubalcaba es socialista', recalca con orgullo Martu Garrote, impulsora en septiembre del manifiesto Por un PSOE útil que exigió la renovación completa del partido. Sobre el máximo dirigente de su partido dice que 'ha intentado ser leal y constructivo', si bien finalmente 'se ha dado cuenta de que no puede ser'. Todo no es positivo, matiza, antes de criticar que la Ejecutiva 'no ha contado con los militantes de base' para elaborar su calendario de renovación, que se prolongará a lo largo de este año. 

Quien pone más peros a la exigencia de dimisión al presidente del Gobierno es el histórico socialista y expresidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. 'Es un gesto para expresar una disconformidad con lo que está ocurriendo, pero útil no es', explica. 'Yo optaría por convocar antes una reunión de todos los partidos para hacer frente a la crisis institucional, y después que se vaya quien se tenga que ir', enfatiza. Él aboga por impulsar un 'pacto de convivencia como en el 76', con un fin claro: 'recuperar la democracia'.