Publicado: 14.07.2015 08:10 |Actualizado: 14.07.2015 08:10

La gran estafa del 'pequeño Nicolás': "Yo soy el que manda en el CNI"

Varios testigos relatan cómo funcionaba la tapadera del presunto estafador para embaucar a empresarios y empleados.

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Una imagen de archivo del 'Pequeño Nicolás!

MADRID.— El pequeño Nicolás, que pasa su verano entre discotecas de Ibiza y otras fiestas, fue capaz de crear una película al estilo más puro estilo de Holywood y, a través de coches de alta gama, documentación presuntamente falsificada que le acreditaba como colaborador del Gobierno, la Casa Real o el CNI, y falsos agentes de Policía, logró crear una mentira que boca a boca cogió fuerza.

Los agentes del orden que han pasado a declarar por el juzgado de instrucción número 2 de Madrid se han negado a declarar en la mayoría de los casos. Por ejemplo Jorge Hormigos, cabo de la Policía Municipal de Madrid, no quiso contar cómo se hizo pasar por “Jorge Mendoza” en el viaje que hizo a Ribadeo con Francisco Nicolás, ni cómo enseñaba su arma del 38 para ejercitar su posición como jefe del grupo y miembro de un cuerpo de seguridad estatal y no municipal.



Al séquito que los acompañaba y también a quienes les recibieron en el destino —el alcalde, el jefe de la Policía Municipal y el presidente de Alsa—, el pequeño Nicolás les hizo creer que al encuentro acudiría el rey Felipe VI. Pero por allí no apareció. La excusa que el presunto estafador y su hombre de confianza, el cabo de la Policía Municipal, dieron al resto de los involucrados fue que el rey tenía "una amante y había que despistar la atención”.

La declaración de los conductores, escoltas y empresarios que suministraban los coches de alta gama, los dueños de Cabify y Black and Car, ponen de manifiesto como "de pequeñas verdades puede construirse todo un escenario con el que hacer picar a gente necesitada o con gran ambición. Es en el ámbito en el que se mueven los estafadores", explican a Público reconocidos criminólogos.

Primavera de 2014. Francisco Nicolás ha ido a la sede del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y se ha reunido con el gabinete protocolario del director, Félix Sanz Roldán. No es a él a quien le han autorizado esa visita; es al dueño de Executive Forum, César Chiva, que "el día antes del encuentro nos escribe diciendo que le acompañará un socio o un colaborador". Chiva se había presentado en el CNI a través de un correo electrónico como un empresario que organizaba desayunos, a los que habían acudido el secretario de Estado de Telecomunicaciones, Víctor Calvo Sotelo; el jefe del JEMAD (Jefe del Estado Mayor de la Defensa), Fernando García; o el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez. "Por eso aceptamos, pero al ver que los asistentes tenían que pagar nos sonó todo raro y decidimos no realizar el desayuno", explican fuentes oficiales.

Sin embargo, Francisco Nicolás aprovechó la visita al Centro y los contactos que pudo establecer para hacer creer que trabajaba para el CNI y la Casa Real y para que sus empleados, a los que pagaba con irregularidad según las declaraciones, pudieran llegar a pensar que acabarían trabajando o trabajaban para los servicios de inteligencia.

Eso le pasó a Sebastián, portero de la discoteca Tartufo, que conocía a Francisco Nicolás de la noche madrileña. Siempre veía "al pequeño" acompañado de "un escolta" y los compañeros le decían que "se iba de cacería con el Rey Juan Carlos". Tan fuerte actuó el boca a boca que cuando se quedó sin trabajo se puso en contacto con el veinteañero.
Al principio no lo entendía, pero Nicolás comenzó a enseñarle fotos con "Arturo Fernández, con Esperanza Aguirre y Ana Botella, con gente de UGT y CCOO".

Más tarde Francisco Nicolás también le mostró una foto dándole la mano al rey Felipe VI, una foto que el pequeño tenía en su perfil de whatsapp. Hacía poco tiempo que se había producido la coronación, un acto en el que entró junto a la empresaria Catalina Hoffman y que la comisión judicial investiga por si se valió de los favores de una agente de la Guardia Civil destinado en Casa Real, de los contactos de la propia empresaria o de sus conversaciones con Carlos García Revenga, ex secretario de las Infantas.

Dispositivo fantasma

Así que cuando se quedó sin trabajo, Sebastián recordó que una vez el veinteañero le preguntó cuál era su profesión, y él le respondió que encofrador. Le llamó y le dijo que estaba en el paro. Francisco Nicolás le prometió entonces que hablaría con Florentino Pérez pues comía habitualmente con él y con el presidente de Fomento. Nicolás le requirió al poco tiempo y le pregunta si tiene traje, ofreciéndole trabajar como escolta para él y "realizar varios cursos de escolta en el CNI”.

Sebastián se sorprendió. ¿Cómo le iban a formar en el CNI si no era ni policía ni guardia civil?, explica en su declaración. Pero Nicolás lo arregló rápido. "Me dijo que él era el que mandaba en el CNI", recuerda Sebastián. Era su práctica habitual. Al inspector jefe de la Policía Nacional que le detuvo también le ofreció hacerle ministro del Interior en Guinea Ecuatorial, en cuanto hablase con el dictador Obiang.

Pero el portero de Tartufo picó a pesar de su escepticismo. Otro día le llamó para acudir al hotel Wellintong de Madrid y uno de los chóferes, Antonio, le dio instrucciones sobre "lo que iba a tener que hacer en esa reunión, cosas tales como guardar silencio o mantenerme a una distancia prudente de Francisco Nicolás".

Al llegar al hotel el presunto estafador le recibe "con un abrazo" y le promete que trabajará para él toda la vida y que le pagaría el curso de escolta en el CNI. Después fueron a la estación de Atocha, donde se encontraron con el presidente de Alsa, Jorge Cosmen, a quien llevaron a comer al club de golf Puerta de Hierro donde recibieron al veinteañero "como si fuera una personalidad".

Después volvieron rápido al AVE y Nicolás intentó entrar al recinto reservado a los pasajeros. No se lo permitieron, pero acudió "a la comisaria de Atocha y se entrevistó con el responsable de la comisaría, quien le acompañó hasta el filtro de seguridad y que dio instrucciones al responsable de seguridad para que Francisco Nicolás pudiera entrar o salir al recinto todas las veces que quisiera".

Sebastián no cobró nada por ese servicio, pero Francisco Nicolás le ofreció al despedirse "un regalo y un contrato de trabajo con una nómina de unos 2.500 euros por trabajar de escolta".

Viaje a Ribadeo

El portero de Tartufo intentó repetir la operación pero Nicolás no le devolvía las llamadas ni los whatsapp. Hasta que un día el presunto estafador le dijo que se iban para Galicia "en convoy presidencial". Sebastián se mostró dispuesto y salió enseguida hacía una gasolinera de El Pardo donde se encontró con el resto del dispositivo.

Allí conoció a Jorge Mendoza, el cabo Hormigos de la Policía Municipal según la investigación, que les dijo, según la declaración de Sebastián: “Todos tenéis que hacerme caso y el que no quiera que se vaya".

A la vez, "abría su chaqueta para mostrar su pistola". Tras la exhibición, Jorge les dijo que cuando él diera la orden debían de cambiar su posición y que a la llegada al pueblo tenían que ir con los pinganillos’ puestos”.

Mendoza les equipó con lanza destellos y la parafernalia necesaria para que pareciese un dispositivo oficial. Al llegar a Ribadeo les recibió el alcalde, un dispositivo de la policía municipal y el presidente de Alsa. "Entonces Mendoza bajó a uno de los coches oficiales y trajo un libro con el escudo de la Casa Real en la portada, viendo desde lejos como escribía en su interior el alcalde" y como el alcalde le daba a Nicolás un papel "que parecía un diploma", pero el jefe del dispositivo le aclaró que "era la llave de la ciudad".

El despliegue continuó hasta llegar a Madrid de vuelta. Francisco Nicolás le pagó 120 euros y uno de sus compañeros le "hizo un gesto como si fuera poco". Pero la experiencia de Sebastián fue tan sorprendente que "al llegar a Madrid estaba convencido que era un miembro de Casa Real o del CNI".

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