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“A Iglesias y Errejón les daríamos una colleja para que se dejen de tontadas”

La creciente militancia rural de Podemos observa con una mezcla de estupor e indiferencia la tensión con la que sus líderes afrontan la segunda asamblea de la formación

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El círculo de Podemos en La Ribagorza, en el Pirineo oscense, cuenta con una veintena de inscritos y cubre una comarca de más de 2.400 kilómetros cuadrados.

@e_bayona

ZARAGOZA .- “¿Vistalegre? Estamos muy lejos. Aunque estamos pendientes. Trabajamos y compartimos los documentos que se discutirán y convocaremos una asamblea para votar”. Para los miembros del círculo comarcal de La Ribagorza, en el prepirineo oscense, “se hace superdifícil hacer un seguimiento de semejante volumen de documentos cuando llevas una vida normal, trabajas ocho horas y has de hacerte la comida y encargarte de tu casa”, explica Itziar Martínez, enlace del grupo.

A más de 450 kilómetros de Madrid cuesta, por ese motivo y por otros, comprender las actitudes que en ocasiones muestran sus dirigentes. “A Iglesias y Errejón les daríamos una colleja para que se dejaran de tontadas y resuelvan lo que tengan que resolver para seguir trabajando”, señala, mientras recuerda que las tensiones entre los dos fundadores de la organización apenas han sido objeto de conversación en el círculo.

Los círculos de las zonas rurales son en Podemos, como en todos los partidos, la cara B de la estructura: activistas y gente con inquietudes que, alejados de los focos y ajenos a las conspiraciones de la nomenklatura, decide dedicar una parte de su tiempo a trabajar en la calle y en las instituciones para intentar cambiar algo.

En su caso, veinte inscritos para un territorio de más de 2.400 kilómetros cuadrados con 34 ayuntamientos, en tres de los cuales –Graus, Benabarre y Castejón de Sos- lograron representación a través del partido instrumental Aragón Sí Puede, lo mismo que en la comarca.

“Tenemos problemas para organizarnos”

Podemos, que suma unos 900 círculos homologados por la dirección estatal en toda España –ha aumentado más de cien en dos meses y medio-, está creciendo en las zonas rurales, donde el formato comarcal suple las dificultades que la despoblación y las distancias generan a la hora de estructurar un partido político.

Podemos logró en las municipales representación en tres de los 34 ayuntamientos de la comarca, en cuya capital le disputa el segundo puesto al PSOE en las generales.

“Trece de los 36 círculos de Aragón son comarcales. Es la fórmula que más se usa, y también se está aplicando en otras zonas como Asturias, Cantabria, Euskadi, Extremadura, Castilla y León o La Rioja, entre otras”, explican fuentes de la secretaría de Organización de los morados. No obstante, su potencia contrasta con la de los ocho círculos de barrio de la capital, desequilibrio que se acentúa en zonas como Madrid, donde hay más de 30 grupos de distrito.

“Tenemos problemas para organizarnos por las distancias y los horarios de cada uno”, explica Martínez, por lo que optan por las plataformas digitales de debate para temas que no requieren una asamblea presencial: los lados del triángulo que forman los pueblos en los que tienen concejales miden 54, 73 y 165 kilómetros.

“Estamos con los mismos asuntos que Colau y Santisteve”

La agenda del Podemos rural apenas difiere de la que vienen desplegando las candidaturas municipales de confluencia desde el inicio de la legislatura. “Estamos dando caña para remunicipalizar el servicio del agua y estamos marcando al equipo de Gobierno para evitar que el ayuntamiento privatice servicios como el de deportes o la residencia de ancianos”, señala, mientras apunta otros ejes de trabajo como la proliferación de granjas de porcino o la reclamación de vivienda social.

“El tratamiento puede ser distinto, pero los problemas son los mismos que en la ciudad –añade-. Estamos con los mismos asuntos que la gente de [Ada] Colau o de [Pedro] Santisteve”, alcaldes de Barcelona y Zaragoza. Sí tienen, no obstante, una espina clavada con los desahucios, ya que la discreción con la que se ejecutan en el ámbito rural impide en la práctica cualquier movilización. “El problema es que aquí no nos enteramos de cuándo va a haber uno”, anota.

El miedo al estigma

El perfil del podemista rural no difiere mucho del votante de los morados que identifica el CIS, aunque se sitúa en su tramo de edad más elevado. “La mayoría somos autónomos y empleados públicos de entre 40 y 55 años, además de dos jóvenes de 19 y 20”, explica Martínez, que añade que el grueso de los miembros del círculo es originario de otros lugares.

“La mayoría somos forasteros, aunque con más de diez o quince años en la zona”, apunta, al tiempo que señala la escasa afluencia local a las asambleas abiertas. “Hay algo de miedo al estigma, a que te vean y digan que eres uno de ‘esos”.

Sin embargo, las tres últimas convocatorias electorales revelaron un inesperado apoyo. En la capital, Graus, “nos votaron casi 280 vecinos. Nos quedamos alucinados ¿quiénes eran?”, recuerda Itziar Martínez, una de las 40 personas que un año antes, a mediados de 2014, había asistido a la primera asamblea de los morados en el pueblo.

Una de cada seis papeletas era de Aragón Sí Puede, un apoyo que crecería hasta disputarle en las elecciones de 2015 y 2016 –por detrás del PP- la segunda posición local al PSOE: 346 a 341 para Podemos en diciembre y 327 a 356 para los socialistas frente a la confluencia con IU en junio, en ambos casos rozando el 20%. “Tenemos muy buena relación con IU –añade-, aunque cada uno va por su lado. Sí colaboramos, y más todavía cuando llegó Unidos Podemos”.