Publicado: 23.04.2014 07:00 |Actualizado: 23.04.2014 07:00

Impedir a Silva que cambie de abogado puede anular su juicio

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Si algo ha conseguido el juez Elpidio José Silva es desquiciar al tribunal que le juzga en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Las caras de consternación de los tres magistrados del tribunal simbolizaban ayer la impotencia ante un acusado brillante y peleón, juzgado por prevaricación continuada, que se juega 40 años de inhabilitación, se niega a ser defendido Y desafía al tribunal al calificarlo de ‘ilegal', en la sala y en la calle.

El tribunal que le juzga fue creado de acuerdo a la legislación. Pero la insistencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de seguir adelante, a pesar de que Silva renunciara el l unes a su abogado como maniobra legal, puede crear un problema en el futuro: la nulidad del proceso "Para estos casos es mejor dar cuerda... hasta que cometan un error y se ahorquen". Así se expresa un magistrado especialista en el proceso penal, que lleva en su haber más de 4.000 juicios presididos.  Frente a la estrategia de la provocación y de la dilación, lo mejor es "armarte de razón y ponerte por encima de todo. Y si quiere designar a un nuevo abogado, hay que dejarle. A todos nos ha pasado con un juicio ya organizado".

Pero, en el caso de Silva, el tribunal ha optado por no dar este plazo y continuar. A pesar de la trifulca entre el  presidente del tribunal juzgador, Arturo Beltrán, y el acusado, a pesar de las dilaciones, el hecho es que hoy miércoles el proceso sigue adelante. Con un acusado que el tribunal entiende que está defendido, pero que ha transmitido a su abogado y al tribunal que le prohíbe defenderlo.

"El derecho de defensa está por encima de todo", proclama Víctor Moreno Catena Esta es una estrategia "desquiciante" que busca la nulidad del proceso. Una de las claves de las reglas del juego en la administración de justicia es la confianza entre el abogado y su defendido. Sin confianza, no hay defensa posible.

Y la ruptura de esa relación de confianza es lo que llevó al abogado de Elpidio José Silva, Candido Conde-Pumpido, a renunciar a su defensa. Fue el propio Conde-Pumpido quien esgrimió esta pérdida de confianza en la primera sesión de la vista oral, cuando vio que todas las razones por las que había solicitado la nulidad eran rechazadas por el tribunal.

"El derecho de defensa está por encima de todo", proclama Víctor Moreno Catena, catedrático de Derecho Procesal. "Me preocupa que se esté atropellando las garantías de la defensa", sostiene al tiempo que explica que las maniobras dilatorias, si están dentro de la ley, no queda más remedio que soportarlas para un tribunal. "La garantía del procedimiento es la base" del sistema judicial.

Para Moreno Catena, en el caso del juez Silva habría que ser especialmente cautelosos, ya que es juzgado por decisiones que ha adoptado en la instrucción de una causa penal. "Y la pérdida de confianza en la estrategia diseñada por su abogado es una causa de renuncia. Todos conocemos suspensiones a mansalva", apostilla.

 Ya sea por filibusterismo procesal o por falta de lealtad -como da a entender el tribunal- o porque el abogado está "hasta las narices" de un defendido que no le escucha y sólo busca declaraciones ante la prensa -como reconocen en los aledaños del letrado-, esa pérdida de confianza es razón más que suficiente para otorgar tiempo al acusado y que designe a un nuevo letrado. En caso contrario, se designaría un abogado de oficio, al que Silva no podría renunciar. "Es cuestión de aplazar el juicio y no anularlo", destaca otro experto en procesal.

Bien es cierto que la vista oral ya había comenzado cuando el lunes Conde-Pumpido anunció su renuncia, y que no hay legalmente motivos para otorgar ese plazo: el tiempo de renuncia a un abogado ya ha finalizado. Pero esa negativa a darle un nuevo plazo puede crear problemas en el futuro. Problemas a los que aludió el propio Silva al término de la vista del martes: citó expresamente una posible nulidad por el Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea, y, ya en la calle, denunció su insólita situación procesal como única en el mundo, con la salvedad de "Corea del Norte".

El tribunal juzgador está sometido a una gran presión mediática -cerca de cincuenta periodistas siguen el proceso en tiempo real desde la biblioteca del TSJ de Madrid-, se siente ante el foco de la opinión pública y quiere dar ejemplo. De ahí que su presidente, Arturo Beltrán, optara el martes por imponer su autoridad y seguir adelante a pesar de la renuncia de Silva a su abogado.

"Es un error", remachan expertos en derecho procesal. La razón: un tribunal ajeno revisará la causa y puede encontrar problemas de violación de derecho a la defensa y a la tutela judicial efectiva en esta negativa a dar tiempo al acusado para designar un nuevo abogado. Ya sea ante el Tribunal Supremo, ya sea en Estrasburgo, Silva está construyendo las bases para una nulidad del proceso a la vista de todo el mundo.

La estrategia de Elpidio José Silva no es nueva. "Se suele dar en casos de narcotráfico y grandes tramas", reconocen fuentes jurídicas. Consiste en buscar la provocación, para desquiciar al tribunal y que cometa un error: ahí se encontrará la razón de la nulidad.

"Técnicamente, y aunque sea pecar de garantista y aún estando convencido de que se trata de un fraude, es mejor ceder y que el acusado designe a un nuevo abogado", reconoce un magistrado de dilatada trayectoria. Dar diez días de plazo para que designe a un nuevo letrado y, si es necesario, conceder tiempo para que el nuevo abogado se estudie la causa.

El tribunal juzgador debe "mirar los toros desde la barrera" y colocarse por encima de las provocaciones, agrega. No ha sido así en el caso del tribunal que juzga a Elpidio José Silva por  un delito continuado de prevaricación al encarcelar a Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid.

El martes el acusado se negó a declarar ante el tribunal, porque decía no tener abogado defensor tras su renuncia. Y el abogado que lo defendía se vio obligado a permanecer en el estrado, bajo el apercibimiento del tribunal de incurrir en un delito penal y dos faltas administrativas en el caso de que se ausentara.

Un representante de guardia del Colegio de Abogados de Madrid, el diputado Javier Íscar de Hoyos, se personó entre el público, para amparar al letrado. El magistrado Beltrán no arregló mucho el conflicto al replicar a Conde-Pumpido que el colegio de abogados no pintaba nada en el proceso: el Colegio de Abogados de Madrid ha pedido la transcripción de la sesión.

"Mi abogado está aquí contra su voluntad", destacó Silva ante el tribunal este martes. "Está contra su voluntad porque su voluntad es manifiestamente fraudulenta", replicó Beltrán. Y, en una nueva vuelta de tuerca, Silva anunció su intención de recusar a los tres magistrados del tribunal, pero esta recusación no la podía plantear porque carece de abogado.

Una vez entregada al tribunal el escrito manuscrito en el que Silva renunciaba a su letrado y le prohibía que le interrogara en el proceso, el presidente Arturo Beltrán ordenó: "Señor letrado, prosiga". "Soy el acusado, no el letrado", replicó Silva. "Es letrado y magistrado", insistió el Beltrán, a lo que éste remachó "todavía no soy letrado", en alusión a que aún no se había dado de alta en el Colegio de Abogados. Silva ha pedido copia escrita de la sesión "de cara al Tribunal de Estrasburgo" porque "se ha coaccionado expresamente a mi abogado".

"Silva alegará que ha tenido una defensa formal en el juicio, pero no una defensa material", sostiene un catedrático de Procesal. Y el Tribunal de Estrasburgo tiene fijada jurisprudencia al respecto.

El juez juzgado es un experto en Derecho Procesal. En su particular sudoku con el tribunal, ha optado por una huida hacia adelante, aunque le perjudique, en busca de una nulidad y una proyección pública para captar votos entre los descontentos de la crisis económica, como los preferentistas que acudieron al juicio.

El Silva de la vista oral -político, peleón y fajador-, es muy diferente del  juez que declaró inicialmente en la instrucción del sumario, sereno y sólido en sus argumentos jurídicos. Entre medias se ha convertido en candidato a las elecciones europeas.

Conde-Pumpido se planteaba ayer defenderlo incluso en contra de su voluntad. Para ello, buscaría el amparo del tribunal en el caso de que Silva le denunciara después por desobedecer sus instrucciones.

¿Otra solución? "Asistir al juicio como las vacas miran pasar a los trenes". Es frase pronunciada por ambos ayer.

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