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La importancia de ejercer el derecho a decidir

JOAN HERRERA*

Los actos de reivindicación nacional y social convocados durante la fiesta nacional de Cataluña, la Diada, fueron, un año más, un éxito extraordinario. Los mensajes altos y claros se han ido sucediendo en los últimos años, aunque lamentablemente tanto PP como PSOE han hecho oídos sordos.

Ya en 2010 una manifestación multitudinaria salió a las calles para reivindicar la integridad del Estatut. Aquellos que lamentan hoy el aumento del independentismo deberían culpar especialmente al Sr. Rajoy y a su partido. ¡Qué diferente podría ser hoy la situación si el PP no hubiera recurrido el Estatut ante el Tribunal Constitucional! Hoy contaríamos con un marco de convivencia dentro de la Constitución aprobado por abrumadora mayoría en el Parlament, las Cortes Generales, y el pueblo de Cataluña en referéndum. El caso es que PP y PSOE optaron por ningunear aquel clamor y decidieron no hacer nada, creyendo que las aguas se calmarían y volverían a su cauce.

Muy al contrario, el resultado fue que en 2012 la manifestación de la Diada fue aún mayor. Y sin embargo nuevamente PP y PSOE siguieron de brazo cruzados. Creyeron que la derrota de CIU supondría el fin de la escalada, pero la ciudadanía va mucho más allá de los partidos.

La prueba es que este año 2013 los actos convocados han superado todos los récords. Una gran mayoría se manifestó por la independencia, pero también un gran número a favor de los derechos sociales, y unos y otros, todos ellos y ellas, lo hicieron reivindicando el derecho a decidir la relación que se desea tener con España, un ejercicio democrático básico.

La cuestión es: ¿qué más tiene que pasar para que el Gobierno del PP afronte la situación? ¿Cuántas personas tienen que salir a la calle? ¿Existe hoy en Europa un Estado más plurinacional que el español y con una reivindicación nacional más acentuada?

En este sentido la carta de respuesta de Rajoy al President de la Generalitat es decepcionante. Hemos tardado tres años en recibir una apelación genérica al diálogo dentro de la Constitución que suena a una estrategia para ganar tiempo. Mientras tanto avanza sin cesar en sus políticas recentralizadoras (desde la LOMCE a la ley de estabilidad presupuestaria).

Igualmente insatisfactoria es la propuesta del PSOE, que de federalista sólo tiene el nombre, y que ni tan sólo llega al nivel del Estatut que ellos mismos apoyaron en su momento. El problema de haber ignorado las reivindicaciones es que lo que quizá hubiera valido en 2010 no vale para 2013. Y la respuesta que se requiere hoy puede que no valga si optan por esperar a 2014.

Porque hoy, en Cataluña, no hay respuesta posible que no pase por el ejercicio del derecho de autodeterminación, es decir, la celebración de un referéndum para decidir qué relación desea tener con España y con el mundo la ciudadanía de Cataluña.

Lo que se vive hoy en Cataluña ya no es simple malestar. Hoy el proyecto independentista ilusiona a mucha gente. El antiguo malestar podría solucionarse con algún gesto o compromiso puntual que ahora llega tarde. Es necesario mostrar un proyecto que sea en positivo, igualmente ilusionador y, sobretodo, creíble.

Eso sí, ese proyecto, esas alternativas, en ningún caso pueden pretender substituir a la consulta, sino que deben ofrecerse, explicarse y ganarse sus apoyos en el marco de ésta. No pretendan esquivar el proceso, afróntenlo con convicción, y confianza en la seducción de sus planteamientos. PP y PSOE se equivocan creyendo que impidiendo la consulta se impide la independencia. La negativa a consultar a la ciudadanía tan solo tensionará más la situación, quizá hasta que sea demasiado tarde. 

Gran Bretaña y Canadá así lo han entendido. Por eso aceptaron la celebración de un referéndum. En el proceso de debate previo Canadá ofreció sus argumentos y alternativas como ahora está haciendo Gran Bretaña. Canadá consiguió convencer a la mayoría, veremos que sucede en Gran Bretaña.

Lo que nos demuestran estas dos experiencias es que el ejercicio del derecho a decidir no solo es conveniente por convicción democrática (dar cumplimiento a una reivindicación mayoritaria en Cataluña), también es hoy la única manera posible de reestablecer los lazos. Eso sí, ya no será a partir de la posición dominante del gobierno de España, sino de un diálogo entre iguales en el que, para empezar, la palabra la debe tener el pueblo de Cataluña.

Así lo han entendido también partidos como IU o Equo. Y así confío en que lo entiendan y lo compartan todos los demócratas, especialmente los federalistas, del conjunto de España. Yo mismo me considero federalista y estoy absolutamente convencido de que la única manera posible de conseguir un Estado que merezca ese nombre es a partir del ejercicio del derecho a la autodeterminación.

Así mismo desde ICV siempre hemos reivindicado que en este proceso de consulta pretendemos incluir más cuestiones. Una consulta en Cataluña debe servir para definir como queremos relacionarnos con España, pero también entre nosotros mismos. La consulta representa la oportunidad de abrir un verdadero proceso constituyente. Un proceso para construir una democracia abierta, más participativa y directa, un sistema de bienestar avanzado, una economía al servicio de las personas. Un proceso constituyente que puede servir de revulsivo, de detonante, para que se extrapole a toda España.

Como nos demuestra la experiencia de los últimos años, ignorar una reivindicación tan sensata y democrática no hace que desaparezca. Muy al contrario, tan solo radicaliza las posiciones. Todos aquellos y aquellas que aún desean un encaje de Cataluña dentro de España deberían apoyar el proceso y sumarse a él lo más pronto posible.

* Joan Herrera es primer secretario de Iniciativa per Catalunya-Verds

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