Publicado: 16.10.2016 17:55 |Actualizado: 16.10.2016 17:55

“Se inventaron una trama sobre una organización criminal”

Iru Moner, activista del entorno libertario en Barcelona, explica a Público sobre la persecución que han sufrido los anarquistas en los últimos años.

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Iru Moner, conocido activista del entorno libertario en Barcelona

Iru Moner, conocido activista del entorno libertario en Barcelona

BARCELONA.- Iru Moner es un conocido activista del entorno libertario, además de militante de distintas asambleas libertarias como la mítica Kasa de la Muntanya del barrio barcelonés de Gracia. El 16 de diciembre de 2014, este espacio fue asaltado por los Mossos d'Esquadra durante la llamada “operación Pandora” contra el terrorismo anarquista.

Catorce personas fueron detenidas. Se les acusaba, entre otras cosas, de formar parte del supuesto entramado de células de los llamados Grupos Anarquistas Coordinados o GAC -filial española, según la policía, de la Federación Anarquista Informal-Frente Revolucionario Internacional (FAI/FREI)- al que se atribuía la autoría de distintos atentados terroristas y actos de vandalismo. El manifiesto fundacional del GAC fue dado a conocer a través de la web “alasbarricadas.org”. La única mención tácita a la violencia consistía en referirse al uso del sabotaje como herramienta política legítima.



¿Formó usted parte del GAC?

No, nunca participé en aquello.

¿A qué se refiere con aquello? ¿Al grupo terrorista del que hablaba la policía? ¿A una coordinadora de grupos anarquistas o, como sostienen algunos, a una especie de fábula creada en la trastienda del estado y de algunas administraciones autonómicas como la catalana?

Por lo que tengo entendido, era una agrupación creada para coordinar los distintos grupos anarquistas de todo el Estado. Después del 15-M y de ambas huelgas generales, al Gobierno catalán se le pasó por la cabeza que los sectores más críticos de la sociedad se habían radicalizado en torno al anarquismo y comenzó a dedicar a nosotros parte de los recursos que antes destinaba a la lucha contra ETA. Cada distrito de Barcelona dispone de dos agentes que se ocupan de investigar los movimientos sociales y, por alguna razón, se usó a la coordinadora como cabeza de turco. Crearon un relato completamente ficticio de acuerdo al cual los anarquistas se estaban organizando para fomentar la violencia y producir una respuesta a los recortes y a la crisis mucho más radical. Esos supuestos atentados de los que no sabemos nada, y presuntamente cometidos por algunos grupos de la coordinadora, dieron alas a sus tesis. Después, la Audiencia Nacional les compró la película y se produjo la primera operación Pandora, a la que seguiría una segunda. Entre medio de ambas, se produjo la operación “Piñata”, ésta de ámbito estatal. Y más recienmente, la “Ice”, en la que cayó Nahuel, todavía preso. Todas ellas tenían como objetivo hacer frente al “terror anarquista”.

Algunos de los artefactos explosivos eran muy reales

Todo lo que sé sobre esos ataques es lo que afirma la prensa sobre la bomba del Pilar y acerca de las explosiones en cajeros automáticos. Pero una cosa es que tres personas lleven a cabo un ataque y otra es fabular toda una trama sobre una enorme organización criminal y extender la sombra de la duda sobre el conjunto de los anarquistas. Y con ese paraguas, con semejante excusa, irrumpieron en catorce centros sociales y espacios liberados a las tantas de la noche y requisaron material escrito e informático que todavía no han devuelto. El GAC era una coordinadora de varios grupos estatales que fue dada a conocer como un compacto grupo violento con la ayuda de la Prensa. Pero es que incluso el tribunal que condenó a los dos chilenos por la bomba de la basílica del Pilar descartó que se tratara de una organización terrorista. Ni poseían los recursos logísticos necesarios ni la organización precisa.

La juez terminó por archivar Pandora II y reprochó a los Mossos que no aportaran ningún indicio contra los nueve anarquistas imputados

Los catorce imputados por Pandora I están todavía a la espera de juicio. Pandora II se archivó porque no tenían nada. Pero gracias a ello, recabaron información de cómo trabajamos, quiénes somos y qué capital manejamos. Y sobre todo, atemorizaron al movimiento. De hecho, ha sido un duro golpe para el entorno libertario porque mucha gente se ha ido por el miedo, o han reducido su nivel de compromiso.

Quien sigue en la cárcel es Nahuel, por su pertenencia al colectivo 'Straight Edge', de corte anarquista, y por sus supuestos ataques contra oficinas bancarias madrileñas

Straight Tech es una tendencia emparentada con el punk hardcore, que se oponen al consumo de drogas y a la ingesta de productos de origen animal. Fomentan el veganismo y el amor verdadero. Y en tal sentido, se oponen a la comercialización de los afectos. Organizaban charlas, conciertos... y carecían de un proyecto político. Se refirieron a ellos como si fueran terroristas. La lectura que hacemos desde el movimiento libertario es que actuaron contra ellos a modo de revancha por los policías heridos durante las marchas de la dignidad. Extendieron la idea de que Straight Tech estaba detrás de los disturbios y Nahuel fue el cabeza de turco.

¿Y por qué cree usted que a Interior le inquieta tanto el anarquismo?

Han visto que somos un agente social y politico en crecimiento y nuestro discurso no puede ser absorbido y neutralizado por el sistema, tal y como sucede con el de grupos mas reformistas que han acabado en el Gobierno.

Nunca hemos ocultado que nuestra lucha tiene por finalidad cambiar el sistema politico y social y eso no puede ser recuperado ni desviado para mejorar el capitalismo. No puede ser asimilado para provocar cambios...

Dice usted que son un colectivo en crecimiento... ¿Lo dice usted quizá por el espíritu del 15M?

Sí, el espíritu del 15M era en cierto modo anarquista. De hecho, muchos de nosotros parcitipamos en aquello. Claro está, cada vez que surge una fuerza política de esa magnitud aparecen agentes dispuestos a instrumentalizarla o absorberla. Es lo que hizo Pablo Iglesias y lo que trató de hacer IU sin éxito. Ahora que se han hecho con las riendas en lugares como Barcelona han comprendido que el poder político es una minucia, frente a los de la policía, el estado profundo, los militares, la Prensa o las oligarquías económicas... Y entonces, toda esa ilusión que habían capitalizado se está diluyendo. Para darle la vuelta a la desigualdad social o las injusticias que potencia este sistema no basta con votar a uno u otro partido. Es preciso dar la cara cada día. En el trabajo, en la PAH, en la obra social...

¿Es entonces ahí, en ese día a día, donde se desarrolla la lucha del movimiento libertario?

Durante muchos años, el anarquismo pecó de plantearse objetivos demasiado abstractos e inabarcables. Ahora queremos ir poco a poco, recuperando derechos, arrebatando espacios, dividiendo a los ricos y la patronal... y sobre todo, combatiendo esa idea que nos asocia, como hace un siglo, a las bombas o a una moda juvenil o que nos equipara a una especie de creencia utópica. Tenemos perdida la batalla mediática, pero de la operación Pandora hemos aprendido a cuidar la comunicación. El espíritu del 15-M sigue vivo y si se recrudece la crisis, renacerá con fuerza.