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Maíllo es más optimista que IU

La coalición de izquierdas en Andalucía, mucho menos tensionada y movilizada que hace cuatro años, reelige a su coordinador regional en un congreso marcado por la incertidumbre sobre su futuro político

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Antonio Maillo./Izquierda Unida

Hace cuatro años, todo era paz, amor y concordia en la gran familia de Izquierda Unida convocatoria por Andalucía. El nuevo líder, Antonio Maíllo (Lucena, 1966), fue elegido por la mayoría más rotunda en los casi 30 años de historia de la coalición de izquierdas (83,8% de los votos). Hasta los comunistas más recios lloraron al ver su partido tan unido y cohesionado. Aquel día de junio de 2003, en lugar del himno solemne de La Internacional, la asamblea regional de IU se clausuró con una canción de los Monty Python: Always look on the bright side of the life (Busca siempre el lado bueno de la vida).

La vida no se lo ha puesto fácil a IU ni a Antonio Maíllo en los últimos cuatro años, los primeros de su mandato. La coalición de izquierdas está peleando por su propia supervivencia, con 2.200 militantes menos que en 2013 y apenas un 5% del electorado; y su líder ha regresado a la política tras superar un cáncer de estómago. “Han sido mucho más que cuatro años biológicos. ¡Cómo hemos cambiado, compañeros! No somos los mismos que entonces”, confesó Maíllo en el arranque del congreso. En efecto, en 2013 se hablaba de “un momento histórico para IU”. Con el bipartidismo en decadencia, la coalición aspiraba a consolidarse como alternativa de Gobierno y fuerza hegemónica de la izquierda. Hoy las expectativas han cambiado drásticamente: “sobrevivir”, “resistir”, “hacernos invisibles”, “subalternos”…

La XXI asamblea de IU ha estado cargada de nostalgia, probablemente lo que más daño le hace a los comunistas. Pero, claro, quienes estuvieron aquí en el congreso de hace cuatro años recuerdan el ambiente de fiesta, las aglomeraciones en la puerta, las caras de emoción y de éxtasis. “Hemos recuperado el orgullo de pertenecer a IU”, gritó Maíllo tras ser proclamado vencedor. Parecía el principio de algo nuevo. “Estábamos inaugurando una nueva era en Izquierda Unida, más moderna, más joven y más madura”, recuerda un veteranísimo de la dirección. Y ahora, muchos tienen la sensación de estar cerrando un ciclo definitivo.

La XXI asamblea de IU ha estado cargada de nostalgia, probablemente lo que más daño le hace a los comunistas

Antonio Maíllo ha salido reforzado de esta asamblea, pero la organización está visiblemente menos tensionada que en 2013. La participación de los militantes en la votación del nuevo proyecto político ha sido baja (el 48% de un censo netamente inferior al del último congreso), mientras que el 24% de los 406 delegados acreditados ni siquiera votó el informe de gestión del líder saliente. IU da síntomas de agotamiento. Pese a los constantes llamamientos al optimismo de los oficialistas, en el discurso general se percibe el desánimo, se nota que la nostalgia ha vuelto: “Aún estamos vivos, aún estamos aquí”, decía Fernando Macías, de la agrupación de IU en Cádiz. “¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro?”, se preguntaba Manuel Lay, coordinador de IU en Sevilla, “yo creo que sí”, se dijo él mismo.

Así es como se ha digerido el drama: 30 años zafándose del abrazo del oso del PSOE, luchando para no dejarse asfixiar por el partido hegemónico de la izquierda en Andalucía, para finalmente verse fagocitados por los suyos: Podemos. Aquel grupo de jóvenes activistas, con sus mismos ideales, pero con un lenguaje político radicalmente distinto. El lenguaje que en ese momento necesitaban escuchar miles y miles de indignados en las calles. Y ahora IU ha afrontado su XXI asamblea andaluza —31 años de historia— para decidir que sin la confluencia-absorción- integración o fusión con Podemos no habrá futuro que decidir.

La ausencia de Valderas

Los veteranos mascan el drama con más filosofía que los nuevos cachorros. Ya han visitado antes este desierto. Resulta que la sensación ahora es más amarga que en el pasado, porque IU parece morir de vieja precisamente cuando más joven está. En 2013, la formación de izquierdas, después de 13 años en manos del veterano Diego Valderas, abrió la puerta a una transición pacífica, renovó y rejuveneció a toda la cúpula del partido: la vieja guardia comunista dio un paso atrás, sin estridencias ni jaleos, y cedió el poder a las nuevas generaciones.

La dirección regional de IU rejuveneció sin guerras civiles ni resentimientos. “¡Te quiero Diego, lo sabes!”, fueron las primeras palabras de Maíllo al ser elegido para sucederle en 2013. Valderas no ha asistido a este congreso, ni le han invitado ni ha pedido venir. El cisma entre ambos es total: el veterano afea a su discípulo que se haya puesto en manos de Podemos sin reivindicar la autonomía política de IU, una fuerza con 30 años de historia; y el joven le reprocha a su mentor que le dejara atado de manos, con una herencia de más de cuatro millones de euros de deuda pública y con bancos. “Estos cuatro años hemos hecho política sin un duro”, ha reiterado Maíllo.

El futuro de IU es incierto, ha quedado patente en el rostro cansado de los muchos delegados que han acudido al congreso

Para muchos, la verdadera transición de IU consistió en salir de la utopía, de la cómoda altura moral que dieron los muchos años de oposición al PSOE, para convertirse en una fuerza de Gobierno junto a los socialistas. La federación de izquierdas demostró que sabía gobernar en una economía capitalista, y luego el partido cerró filas en torno a Maíllo. Aquel profesor de Latín que supuraba energía y optimismo proyectó desde el principio una imagen de IU más madura, se rodeó de gente joven que no vivía de la política, sino que había llegado a ella desde sus profesiones (maestros, abogados…).

Maíllo acuñó un lenguaje culto y un pensamiento cicerónico de quien revela muchos libros apilados junto a la cama. Pero, sobre todo, una seña de identidad que no han logrado torcer los años más duros de su carrera política: La sonrisa. El nuevo líder de IU sonreía, sonríe constantemente, a veces se ríe a carcajadas. “La alegría es revolucionaria”, fue lo primero que dijo, hace cuatro años, tras ser elegido coordinador regional. Parece una tontería, pero no, no es fácil ver sonreír a los viejos camaradas, ni siquiera cuando gobernaban con el PSOE.

Incluso esto les ponía cara de coliflor hervida, como si les incomodara compartir gabinete con aquellos a los que se habían pasado 25 años acusando de traicionar a la izquierda. Nadie cuestionó el pacto con los socialistas en la asamblea regional de hace cuatro años, cuando aún formaban parte del gabinete, pero este fin de semana los comunistas han vuelto a hablar de los socialistas con el mismo rencor que hace tres décadas. “¡Fue un error entrar en el Gobierno con ellos”, decía uno. “Esa decisión fue ratificada por la militancia en un referéndum”, replicó otro. “¿Cuándo vamos a dejar de hablar de una puñetera vez del pacto con el PSOE? Hablemos de futuro”, exigía un tercero.

Parecía más fácil ser alegre y optimista hace cuatro años. Antonio Maíllo heredó un partido de Gobierno, con 12 diputados en el Parlamento y representación en las ocho provincias. Tenían 437.000 votos, el mejor resultado electoral desde los años noventa. Pero más importante que las cifras fue el valor simbólico: en las elecciones de 2012, el PSOE andaluz fue derrotado por primera vez en la historia autonómica, el PP de Javier Arenas se impuso por una distancia corta, y los socialistas tuvieron que pedir ayuda a los comunistas para que la derecha no gobernase en Andalucía por primera vez en cuatro décadas.

El político cordobés, de 50 años, ha optado a la reelección con el único objeto de pilotar a su formación hacia la confluencia de izquierdas

En efecto, IU demostró que podía gobernar sin estridencias en una economía de mercado. Pero resultó que el capitalismo implosionó, y la coalición de izquierdas tuvo que hacerse cómplice de los recortes sociales que gestionó la Junta para contener la crisis. Y ahí surgió una dualidad tóxica que terminó por devorarla: una IU que era gobierno junto al PSOE, y otra IU en la oposición, manifestándose contra la Junta, cada vez más incómoda por su doble rol. Una bicefalia compleja, con Valderas como vicepresidente de la Junta y Maíllo como nuevo líder de la coalición. Las contradicciones aplastaron a IU, que fue incapaz de capitalizar el descontento del 15M, y en estas brotó un partido morado.

El futuro de IU es incierto, ha quedado patente en el rostro cansado de los muchos delegados que han acudido al congreso. La otra certeza es que no hay futuro sin la confluencia con Podemos y otras fuerzas de la izquierda, una realidad incómoda para muchos, pero a todas luces inevitable. La líder de la formación morada, Teresa Rodríguez, ha sido invitada a la clausura de la asamblea, junto al coordinador federal, Alberto Garzón. Por muy débil que esté IU Andalucía, sigue siendo la federación más arraigada en el territorio, con más peso institucional (80 alcaldías y más de mil concejales). IU no es tan fuerte ni tan optimista como Antonio Maíllo. El político cordobés, de 50 años, ha optado a la reelección con el único objeto de pilotar a su formación hacia la confluencia de izquierdas. “La derrota no forma parte de nuestro lenguaje”, le ha gritado a los suyos. Y el partido entero se ha encomendado a su optimismo biológico.