Publicado: 30.04.2015 20:21 |Actualizado: 30.04.2015 20:21

El joyero de Marjaliza vendió una pluma de 700.000 euros al cerebro de la Púnica

La Fundación Mont Blanc pidió la colección del empresario para una exposición en Madrid. El joyero tenía sus ahorros, casi 300.000 euros, en una caja “hasta arriba” de billetes de 500 porque no se fiaba de Hacienda; “las cajas de seguridad son pequeñísimas”

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Francisco Granados a su salida de los juzgados de Majahonda tras ser detenido en la Púnica.

Francisco Granados a su salida de los juzgados de Majahonda tras ser detenido en la Púnica.

MADRID.- Plumas de colección, relojes de gran lujo… El joyero Juan José Sánchez Barceló compraba para el presunto cerebro de la Operación Púnica, David Marjaliza, serie limitadas y bienes numerados desde el año 2003.

Estas inversiones del cerebro de la Púnica alcanzaron a una pluma Mont Blanc de 700.000 euros. Era una Van Cleef & Arpels de oro blanco que adqiurió para Marjaliza en 2007, según reconoce en el interrogatorio ante el juez Eloy Velasco.

La Fundación Mont Blanc le solicitó la colección de plumas de Marjaliza para realizar una exposición en Madrid, en la calle Ortega y Gasset, para una exposición a la que asistieron 400 personas.

El joyero rechaza ante el juez que entregara joyas y relojes a cargos públicos por encargo de Marjaliza y que está siendo investigado por el juzgado central de instrucción 4. Eloy Velasco investiga, además, cobros por parte de este joyero de 360.462 euros y hasta de un millón de euros a cargo de empresas de Marjaliza en una sucursal de Ibercaja de Valdemoro (Madrid) que tiene especial interés para el juez.

“Por suerte o por desgracia, no tengo más clientes como Marjaliza”, reconoce ante el juez instructor respecto al empresario imputado por una supuesta trama corrupta de políticos autonómicos y locales vinculados al PP.



El joyero comenzó a vender series limitadas numeradas de Mont Blanc al empresario imputado en la trama Púnica desde el año 2003, al igual que relojes Versace, Rolex, Maseratti, algún Cartier…

Las empresas de Marjaliza le compraron los relojes y plumas entre los años 2003 y 2007, a través de su secretaria Ana María Ramírez. En 2008, con el inicio de la crisis económica, Marjaliza reduce sus compras a plumas “básicas” de 1.000 ó 2.000 euros.

En el registro a sus propiedades, se encontró un total de 299.500 euros en billetes de 500 euros en cajas de seguridad. El joyero rechazó ante el juez que ese dinero sea de Marjaliza o que fuera una suerte de banquero suyo.

- “¿Qué iba a hacer usted con eso? ¿Iba usted a facilitarle al grupo del señor Marjaliza, a la señora Ramírez, una remesa de dinero en efectivo? ¿Era usted como su banco?", le pregunta la fiscal en el interrogatorio.

- "¡Señoría, las cajas de seguridad son pequeñísimas, sus compañeros que estuvieron en la apertura abrieron la caja y estaba hasta arriba, no entraba nada más!".

La razón por la que tenía su dinero dentro de una caja fuerte y no en una cuenta corriente era “un problemita” que tuvo: le embargaron en su cuenta más de 60.000 euros después de comprar la joyería Benjamín Joyeros, de 1867, de Ciudad Real, por sucesión de empresas. “Me encontré pagando la seguridad social y el IVA de un señor que no conocía”. “Mientras que la ley no me obligue, permítame decirle que no volveré a tener un duro en ninguna cuenta corriente”, explicó al juez.

En su declaración como imputado, el joyero se comprometió a aportar la documentación sobre el origen de este dinero que tiene en su caja de seguridad. Procedencia, según explica al juez, del reintegro de la adquisición de la hipoteca de su local de Ciudad Real.

El juez reprocha al joyero su falta de curiosidad por el origen de un “cliente serial”. Y en otro momento, el joyero le explica que si el juez va a comrpar una pluma de 10.000 ó 20.000 euros… A lo que el magistrado Velasco aspotilla: “No caerá esa breva”.

Al final de su declaración, Sánchez Barceló se derrumba por las consecuencias personales de haber sido imputado por esta causa y mientras pedía que le desbloquearan su dinero: “Le aseguro, señora, que yo soy muy humano”, concluye.

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