Publicado: 13.05.2015 23:13 |Actualizado: 14.05.2015 07:00

La mareas ciudadanas amenazan la hegemonía del PP en Galicia

La izquierda gallega, a excepción del BNG, se reconfigura con la integración de Anova y EU en las candidaturas populares, bien por cuestión de supervivencia, bien como apuesta estratégica

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El candidato de Compostela Aberta, Martiño Noriega.

El candidato de Compostela Aberta a la a la Alcaldía de Santiago, Martiño Noriega.

SANTIAGO.- “Santiago necesita un cambio. La gente está muy quemada”. Así habla Pati, joven trabajadora precaria y vecina de Compostela, en un céntrico bar de la zona histórica de la capital gallega. Su deseo, en una ciudad que ha cambiado de alcalde tres veces en el último mandato debido a diversos casos de irregularidades que han salpicado al partido gobernante, es que gane las elecciones la candidatura de unidad popular Compostela Aberta (CA). “El problema no es solo la corrupción del PP. También el inmovilismo del PSOE y del BNG”, opina. Sus palabras podrían representar el sentir de muchos gallegos que quieren, y presienten, aires de renovación en la política municipal. Y sus augurios podrían cumplirse.

Cualquier cosa puede pasar en un panorama electoral abierto y cambiante a medida que avanzan los días previos al 24 de mayo. La encuesta de Sondaxe para el periódico La Voz de Galicia publicada el 10 de mayo prevé un descenso en el número de actas en las siete urbes gallegas respecto a las municipales del 2011 del 11,5% para el PP, del 16,7% para el PSOE y del 28,6% para el Bloque Nacionalista Galego (BNG).

Y no hay duda de que la emergencia de las mareas ciudadanas es en este sentido no solo factor de erosión de la hegemonía del PP, sino de reconfiguración de la izquierda. “Vamos a hacer historia. Seremos la lista más votada”, proclamaba el candidato a la alcaldía por Compostela Aberta, Martiño Noriega, en el acto de inicio de campaña.



La encuesta preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en Santiago atribuye al PP entre 9 y 10 ediles, al PSOE entre 6 y 7, a CA 5, a Ciudadanos 2 y al BNG 2, frente a los actuales 13 de los populares, 9 de los socialistas y 3 de los nacionalistas. Pero en intención de voto el PP se situaría en el 17,4% y CA en segunda posición, con el 13,6%, por lo que no sería posible revalidar la mayoría absoluta del PP -que obtuvo por primera vez en el 2011 en una ciudad que había contado con alcaldes del PSOE desde principios de los 80-. CA sería, así, la llave del cambio.

En A Coruña, la Marea Atlántica parece también llamada a disputar la victoria del PP. Según la cuarta encuesta de Radio Coruña-Cadena Ser, el PSOE y la Marea quedarían empatados en 6. En la quinta entrega de esta misma encuesta, publicada el 11 de mayo, el PP se sitúa en los 11 concejales y Ciudadanos se acerca a los 4, mientras el PSOE continúa en 6 y la Marea Atlántica baja a 5.

El candidato de la Marea Atlántica, Xulio Ferreiro, cuenta con un grado de valoración popular elevado en comparación con el resto de líderes. Pero la Marea se enfrenta todavía con un problema de conocimiento público. “La Marea Atlántica es un espacio de confluencia de fuerzas que comparten un mismo ADN. Nuestra propuesta, dirigida a la mayoría social, es poner a las instituciones al servicio de la gente y no del Ibex 35”, señala el propio Ferreiro.

La Voz de Galicia pronostica en su tracking del 13 de mayo que el conservador Carlos Negreira podría seguir como alcalde de A Coruña, con 13 ediles, con el apoyo de Ciudadanos, con 2, aunque la Marea, con 6, iguala al PSOE, con otros 6. Al mismo tiempo, el periódico gallego, que prevé que las mareas desplacen al BNG como tercera fuerza en las ciudades, calcula que Martiño Noriega, con 8 ediles, podría recuperar Santiago para la izquierda con el apoyo de los nacionalistas, con 1, y del PSOE, con 5, frente a los 10 del PP y a 1 de Ciudadanos. El mismo tracking atribuye a la marea ferrolana, Ferrol en Común, 4 ediles, a la viguesa 2, a Ourense en Común 3 y a Lugo Novo 2. Las mareas tienden a crecer en Santiago, A Coruña, Ferrol, Lugo y Pontevedra.

Rosa Martínez, Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Xulio Ferreiro (candidato de la Marea Atlántica al Concello de A Coruña) y Antón Sánchez, en un mitin celebrado el martes.

Rosa Martínez, Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Xulio Ferreiro (candidato de la Marea Atlántica) y Antón Sánchez, durante un mitin en A Coruña. / SANDRA G. REY

El BNG ha sido, hasta el momento, la fuerza más votada a la izquierda del PSOE, al que incluso superó en las elecciones autonómicas del 1997, consiguiendo en las municipales del 1999 las alcaldías de Vigo, Pontevedra y Ferrol, además de compartir mando con el PSOE en Santiago y Lugo. Actualmente, el Bloque solo mantiene la alcaldía de Pontevedra, aunque ha avanzado en las villas y ayuntamientos de tamaño medio. “Soy prudente con los resultados de las encuestas”, explica Xavier Campos, miembro de la Executiva Nacional del BNG. “Nuestro objetivo de cara a las municipales es consolidar al BNG como referente de la izquierda en Galicia y como herramienta al servicio del cambio”, añade.

Las últimas europeas y autonómicas anunciaron, sin embargo, el inicio de nuevas tendencias en el voto. En las autonómicas, el PSOE descendió de 25 escaños en el 2009 a 18 en el 2012 y el BNG de 12 a 7, mientras que Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) -coalición de Anova con Esquerda Unida, Equo y Espazo Ecosocialista, obtenía 9 escaños. En las elecciones al Parlamento europeo de 2014, además del descalabro del PP y del PSOE respecto al 2009, se confirmó la presencia de AGE -con el 10,5% de los votos, frente al 13,90 de las autonómicas-, al mismo tiempo que irrumpía Podemos con el 8,35%, superando al BNG, con el 7,88%.

Y ese es el espacio en el que se mueven las mareas, cuyo origen sitúan la mayor parte de los analistas en el 15-M o, más atrás, en el Nunca Máis. “Es un espacio social que antes estaba dividido en compartimentos estancos y que confluyó con el 15-M. Personas que apostaban por la ruptura y que no encontraban referente político o que votaban al BNG no por ser nacionalista, sino por ser de izquierdas”, explica el periodista Marcos Pérez Pena.

Junto a los ciudadanos sin adscripción política, los partidos han sido uno de los pilares de la construcción de las mareas, compuestas, según el analista político Manolo Barreiro, por cuatro vértices: “Los activistas de los movimientos sociales; personas de prestigio, como profesionales de ciertos ámbitos; partidos políticos y ciudadanos que se autoorganizan. En la Marea Atlántica los partidos quedaron subordinados a la acción ciudadana. En Santiago, la estructura no acabó de arrancar hasta que llegó el liderazgo de Martiño Noriega. En Vigo, donde la propia sociedad civil es más construida desde los partidos, fueron estos los protagonistas, como en Ferrol”.

En este contexto, una de las cuestiones a dirimir es el efecto, para los partidos, de la integración en las mareas -de las que el BNG no participa, pero sí parte de sus antiguos afiliados-. El miedo a terminar disolviéndose en el interior de las mismas era en un principio “justificado”, según la politóloga Marta Lois, que destaca la “generosidad” de las organizaciones políticas al ceder cuadros o experiencia militante. “Hubo que recurrir a la correlación de debilidades para conseguir lo que los partidos no estaban en condiciones de asumir en solitario. Es cierto. Pero a partir de eso surge otra cosa. No es una unión temporal para luego repartir beneficios”, reflexiona, por su parte, Barreiro.

Hablar de disolución sería, en cualquier caso, exagerado. En Vigo, Esquerda Unida no tiene ningún concejal, pero ascendió de 2.395 votos en las municipales del 2007 a 6.588 en las de 2011. El secretario de organización de este partido, Rubén Pérez, es el candidato de la marea viguesa. “Sabiendo que solos no íbamos a poder cambiar las políticas del país, decidimos que la mejor opción era refundar la izquierda. A nivel gallego, podíamos reeditar AGE, pero quisimos ser más audaces y plantearnos encuentros como Guanyem en Barcelona o la Marea Atlántica”, señala.

En las últimas autonómicas, Esquerda Unida pasó de carecer de representación en el Parlamento gallego a sumar cinco de los nueve diputados del grupo de AGE. También tiene concejales en A Coruña (1) y en Ferrol (2). En la Marea Atlántica, la lista que representaba a la ciudadanía sin adscripción política se impuso en las primarias a las más identificables con partidos, pero la número cuatro de la candidatura es militante de EU y el séptimo de Anova. En Compostela, la número 2 de Compostela Aberta es miembro de la Ejecutiva Nacional de EU y en Ferrol el candidato de Ferrol en Común pertenece también a EU. Podemos apoya, por otra parte, las candidaturas de las mareas de Santiago, A Coruña, Pontevedra y Lugo.

Jorge Suárez, candidato de Ferrol en Común, pertenece a Esquerda Unida.

Jorge Suárez, candidato de Ferrol en Común, procede de Esquerda Unida.

Martiño Noriega es el coportavoz nacional de Anova que, excepto en Ourense, se ha integrado en todas las mareas. En este tipo de procesos de convergencia, apunta él mismo, “la ciudadanía tiene miedo de ser cooptada por los partidos y los partidos de diluir su identidad, pero estos tienen que renunciar a una posición de parte si queremos responder a las agresiones del sistema. AGE ya era una acumulación de fuerzas de la izquierda partidaria y las mareas son un lugar de encuentro entre la izquierda social y la partidaria. Es como un proceso de superposición de matrioskas”.

Según el analista político Carlos Neira, la decisión de participar en las mareas muestra, por parte de Anova y EU, al mismo tiempo un componente de supervivencia y una apuesta estratégica. “Tanto BNG como Anova y EU están hundidos, en el sentido de que todos estaban produciendo trasvases de voto a Podemos. El BNG cuenta con un electorado fiel de entre el 5 y el 7%, y tiene más marca, más historia, y eso puede ayudarle. Podemos solo no podría hacer nada y el resto, si fuesen por libre, corrrería casi el riesgo de desaparecer. La colaboración es, así, la única opción”, sostiene.

La emergencia de las mareas responde, en su opinión, a un nuevo ciclo de un proceso con décadas de historia. “Existe un nicho electoral que gravita alrededor del galleguismo de izquierda. Sus votantes se han ido moviendo entre el PSG-Esquerda Galega, el PSdG-PSOE, el BNG y luego la abstención y el desencanto. Más tarde llegó el 15-M y el desgaste electoral de Zapatero. La gente enganchó luego con AGE para después salir de nuevo desencantada. Ahí se sitúa el auge de Podemos. De cara a las autonómicas, sería un suicidio que se presentasen BNG y una posible Marea separados, ya que compiten en el mismo espacio”, advierte.

El BNG descarta, sin embargo, la integración en las mareas. “Somos proyectos diferentes. Nosotros creemos que los problemas de la sociedad gallega derivan de la falta de soberanía del país”, indica Xavier Campos. La analista política y exdiputada nacionalista Pilar García Negro va más allá. “No admito que el BNG sea denostado por no diluirse. El BNG no se ha planteado estar fuera ni dentro porque no tendría sentido. ¿Es que la historia no existe? En 1982 se produce el proceso unitivo del nacionalismo. La unidad la han roto los que han decidido subordinarse a fuerzas políticas de obediencia no gallega”, asegura.

García Negro se refiere a Anova, formación nacionalista surgida a partir del abandono del BNG por parte del Encontro Irmandiño de Xosé Manuel Beiras, al que luego se unieron otras organizaciones como la Frente Popular Galega, Movemento pola Base o personas sin adscripción partidaria. “No hay nada nuevo que descubrir. El BNG no tiene nada de partido tradicional. Lo único que ocurre es que otros buscan una manera de apuntarse al caballo ganador en línea con el españolismo”, sostiene. La politóloga Cristina Ares concibe el proceso de otro modo. “No creo que las mareas sean un fenómeno provocado por los partidos para fortalecerse”, afirma.

Xavier Campos recuerda además que el BNG abrió, tras las elecciones europeas, su propio proceso de Asambleas Abertas. “El BNG siempre ha sido asambleario. Pero las Asambleas Abertas van más allá. Se trata de conectar con las personas que comparten nuestros objetivos y que no son militantes nacionalistas”, destaca.

Para el analista político Anxo Lugilde el ciclo alcista de AGE y Podemos se debió no tanto a la inauguración de otro modo de hacer política sino al contexto, a la “podredumbre del sistema. Ocurrió con Anova y luego con Podemos. Pero ahora la situación de AGE, con dos diputados en el grupo mixto, es cada peor. Y la relación entre EU y Anova tampoco es fácil. La estrategia ha sido renovar AGE buscando la confluencia con Podemos”. No hay duda, en cualquier caso, de que algo está cambiando en Galicia a los dos lados del eje izquierda-derecha.