Publicado: 24.05.2014 08:00 |Actualizado: 24.05.2014 08:00

Martin Schulz: el librero socialista que apoya a Merkel en Alemania

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De las muchas cosas que pueden reprocharse a Martin Schulz, la falta de claridad expositiva no es una de ellas, como ha demostrado criticando abiertamente a franceses y británicos, o durante un encontronazo con el mismísimo Silvio Berlusconi. De padre socialista y madre conservadora, el todavía presidente del Parlamento Europeo lleva la política en la sangre, igual que la aficción por la lectura; dos pasiones a las que se ha entregado en cuerpo y alma desde su juventud. Librero de profesión, Schulz regentó su negocio exitosamente hasta mediados de los 90, cuando decidió dar un paso más en su carrera política, en la que ya había logrado varios triunfos.

Militante del PS desde los 19 años, Martin Schulz (Hehlrath,1955 ) logró superar su problema con la bebida y ser nombrado concejal en 1984. Apenas tres años después, se convertía en el alcalde más joven del Estado federado más densamente poblado de Alemania, con sólo 31 años, comenzando un ascenso hacia lo más alto del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), para después virar rumbo a Bruselas.

Se enfrenta al desafío de frenar a los antieuropeístas y a la extrema derecha, a los que las encuestas auguran un aumento de influencia

El alemán cuenta con una más que probada trayectoria en la UE, donde ha liderado la delegación socialista de su país desde el 2000, ha sido vicepresidente del mismo grupo en la Eurocámara, y ha tomado parte en varias subcomisiones y comisiones parlamentarias, como la de Derechos Humanos o la de Libertades Civiles y Asuntos de Interior.

Profundamente europeísta, Schulz ha estado al frente del Parlamento Europeo durante dos años y medio, en la que probablemente sea considerada la peor etapa de la crisis económica, mientras los gobiernos de los veintiocho -mayoritariamente conservadores- intentan vender la recuperación, a pesar de que el paro y las condiciones de vida de los europeos no reflejan el optimismo de Bruselas, y cuando resuenan cada vez más altas las voces que denuncian la pérdida de soberanía de los estados miembro, hoy en manos de Bruselas.

El todavía presidente del Parlamento Europeo y candidato socialista a volver a tomar el timón de la Cámara ha sido uno de los pocos críticos con el Tratado de Libre Comercio entre Bruselas y Washington, que supondrá importantes ventajas para las multinacionales y limitará aún más los poderes de actuación de los estados. Schulz ha pedido la suspensión de las negociaciones, pero lo ha hecho a destiempo, sin tener ninguna posibilidad real de decisión, y consciente de que cuando el Tratado deba hacerse con el visto bueno de la UE, otro será el encargado de impulsar su aprobación en el Parlamento Europeo. Una aprobación prácticamente garantizada, gracias a la mayoría en la Cámara de conservadores y socialistas; estos últimos, los mismos que ahora cuestionan el acuerdo cuya negociación impulsaron.

Carga con el peso de haber formado gobierno con Merkel, principal defensora del austericidioMartin Schulz es un conocido defensor de una Europa fuerte y en crecimiento, aunque no se ha desvivido por permitir la incorporación de nuevos estados, algunos solicitantes de la adhesión desde hace más de una década. Ha sido crítico con las políticas de austeridad, pero no ha podido o  querido frenarlas; ha cuestionado las ideas de la derecha europea, pero ha comulgado con ruedas de molino y ha gobernado bajo su yugo.

También es el candidato de un partido que gobierna Alemania en coalición con Angela Merkel, a la que en su momento criticó por "dar la impresión de que es la única que manda en Europa", pero a la que hoy no critica con la misma intensidad. Por ser alemán no goza del aprecio de varios países del sur; por formar gobierno con la canciller pierde votos entre los electores de izquierdas, que ven en Alexis Tsipras, de la Izquierda Europea, un candidato mucho más apropiado para luchar contra las políticas que han marcado el devenir de la Unión en los últimos 20 años.

Schulz nunca se ha visto acusado de organizar escuchas ilegales o permitir la malversación de fondos públicos, como sí le ha ocurrido a su principal oponente -el conservador Jean Claude Juncker-, pero carga con el peso de haber formado gobierno con la canciller que para la mayoría de los ciudadanos rige los destinos de los europeos, ideóloga del austericidio que Schulz no ha logrado reducir desde el Parlamento.

Tampoco ha logrado frenar el avance de los partidos euroescépticos, que a todas luces cobrarán aún más protagonismo tras las elecciones. Las encuestas pronostican el ascenso de estas formaciones, pero también el de la ultraderecha, materializada en partidos como el xenófobo Frente Nacional de la francesa Marine Le Pen; una formación que pretende cerrar las fronteras europeas a los inmigrantes, y que también se muestra crítica con la arquitectura de la Unión. Todos ellos, elementos de un cóctel que ha llevado al exlibrero socialista a reconocer por primera vez que "el fracaso de la UE es una posibilidad real". Y no ha sido el único en expresarlo.