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Memoria Pública El Chato, el periodista español de 'New York Times' represaliado por el franquismo

Casi una década en la redacción del NY Times permitieron a Jaime Menéndez 'El Chato'  culminar su vocación periodística y el compromiso político que mantenía con la Segunda República en España. 

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El Chato trabajando en su oficina de EEUU.

Jaime Menéndez El Chato no fue un periodista desapercibido en su tiempo. El primer español que llega como periodista a la redacción del New York Times provenía de una familia humilde y una aldea remota en el Concejo asturiano de Salas, conocida como Sobrerriba, con apenas un centenar de habitantes.

Chema Menéndez, nieto del periodista, se ha propuesto rescatar su historia olvidada en los archivos de los periódicos revolucionarios de la guerra, sus libros escritos en plena represión franquista y sus reportajes al otro lado del contiene europeo. El proyecto del nieto del Chato forma parte de una campaña de micromecenazgo en la editorial libros.com y recopila el legado de su abuelo, en un proyecto con más de 200 fotografías, que se contextualizan con los recuerdos del único hijo que tuvo, Jimmy, nacido en el Madrid de la guerra.

El padre del Chato, maestro de escuela republicano “fue quien le inculcó el amor a la lectura. Con solo 12 años se había ventilado centenares de obras literarias de primer orden, ya que su padre tenía una gran biblioteca. Ya de niño soñaba con ser periodista en el mejor periódico del mundo, que no era otro para él que el New York Times”, aclara el autor.

En 1919, con 18 años, 'El Chato' emigraría a Cuba junto a sus hermanos para iniciar una nueva vida

En 1919, con 18 años, emigraría a Cuba junto a sus hermanos para iniciar una nueva vida. “No quería servir al Ejército y marchó a La Habana para compaginar sus estudios autodidactas de lenguas extranjeras, especialmente inglés, periodismo, política internacional, historia y literatura”. Dos años más tarde, pegaría el gran salto al nuevo continente, afincándose en Nueva York. Como dependiente en una pastelería primero y más tarde como redactor en el diario La Prensa, que llegó a dirigir, donde conocería la oferta de trabajo en el prestigioso Times.

El sueño americano en el New York Times

Jaime Menéndez durante su estancia en Cuba.

Su cambio de residencia al número 35 de Whitson Street, en Forest Hills, le coincidió con su ingreso en la Universidad de Nueva York Washington Square College. Pasó también a formar parte de la Logia Masónica Universal. “Su nivel de inglés era extraordinario y decidió presentarse a la oferta de trabajo que tenía por delante”. A los pocos días llegó la gran oportunidad. El contrato en la redacción del New York Times, donde permaneció casi una década.

Una crónica sobre un partido de béisbol lo llevó a pisar el despacho del jefe del New York Times, Herbert Lionel Mathews

“Trabajó muy duro para quedarse” apunta su nieto. Una crónica sobre un partido de béisbol lo llevó a pisar el despacho del jefe del rotativo, Herbert Lionel Mathews. Chema recuerda como Mathews preguntó qué quién había escrito dicha crónica. “Un español que está en deportes” le contestaron. Mandó que le llevasen a su despacho y hablaron largo y tendido. Una de las cosas que le dijo fue que escribía mejor en inglés que él mismo. Tras esa larga reunión Hebert L. Matthews le dijo: “A partir de mañana empiezas en política internacional”. Chema apunta que “esa era la auténtica pasión de mi abuelo”. Fue en esa sección donde el Chato empezó a escribir sobre la realidad de su país y la Segunda República.

El Chato también participó activamente en la creación de la primera Alianza Republicana de Españoles en Nueva York

Desde su llegada a la Gran Manzana, el Chato también participó activamente en la creación de la primera Alianza Republicana de Españoles en Nueva York. “Cuando se proclamó la Segunda República, debido a la gran alegría que sintieron los más progresistas, casi todo masones, decidieron formar La Alianza Republicana Española de Nueva York”. El autor afirma que también fundarían la revista España Republicana con colaboraciones de Manuel Azaña, Ortega y Gasset, Rodolfo Llopis y Gregorio Marañón.

Artículo de Jaime Menéndez en el diario España Republicana

Su estancia en España y la Segunda República

Matthews tenía gran admiración por la figura del Chato, a quién le propuso en 1932 la importante tarea de volver a España como corresponsal. Sería contratado por la North American Newspaper Alliance, (NANA) la organización sindical a la cual pertenecía el New York Times.

En aquella España moderna, llena de cambios y avances, hizo todo tipo de reportajes. Entrevistó a los principales miembros del gobierno para hacer llegar a los Estados Unidos todos sus planes en economía, ciencia, educación, reforma agraria, cultura y feminismo. Chema destaca la fuerte impresión que tuvo para el Chato “las misiones pedagógicas”. Auténticas universidades ambulantes que llevaron “el arte, los libros, el teatro y el cine a los sitios más remotos del país. En aquellas rutas culturales trabajó muy de cerca con García Lorca”.

La tarea periodística del Chato en el Madrid de los años 30 era frenética

La tarea periodística del Chato en el Madrid de los años 30 era frenética. Su hijo Jimmy recordaría que “era una máquina de fabricar artículos. Podía escribir fácilmente veinte o treinta folios al día, lo que le permitió colaborar en varias publicaciones simultáneamente: Política, El Sol, La Voz, Mundo Obrero, Estampa o Mundo Gráfico.

En aquella etapa de corresponsal americano cubrió importantes eventos como el rodaje del famoso documental de Luis Buñuel, en abril de 1933, en las Hurdes. Poco después sería enviado por la Agencia americana y el gobierno de la República a Alemania para realizar un estudio pormenorizado sobre el nazismo. En las líneas de sus crónicas destacaba los discursos de Hitler. “Observamos cómo la gente se volvía loca con la oratoria del Führer; pudimos comprobar que estábamos ante el comienzo de una nueva barbarie, la eclosión del Nazismo”.

Miembros de la Agencia Febus en una visita a Cuba

El Chato llegó a dirigir el diario El Sol, sustituyendo a Enrique Sánchez Cabezas

Pronto llegaría el Madrid de la guerra, de la que el Chato no partiría más hacia América. Chema destaca que “llegó a dirigir el diario El Sol, sustituyendo a Enrique Sánchez Cabezas. Esta actividad la compaginaría con sus cargos oficiales de redactor jefe de propaganda del gobierno republicano, de comisario de brigada y como presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid. “Era un hombre muy importante que se quedó hasta el último momento en la capital, asediado por los rebeldes franquistas, soldados marroquíes, nazis e italianos. Fue uno de los sesenta y seis periodistas que no abandonaron su lugar de trabajo”.

“No preocuparos si os lo encuentra un guarda civil, aunque sepa inglés, no se enterará de nada”

De aquel grupo de corresponsales, solo seis pudieron escapar. El resto fueron encarcelados en el campo de concentración de los Almendros.

El Chato sufriría en primera persona torturas, enfermedades, hambre, hacinamiento y hedores

El Chato sufriría en primera persona torturas, enfermedades, hambre, hacinamiento y hedores, en algunos lugares tenía que hacer sus necesidades donde dormía. Aquella brutalidad nunca la pudo olvidar en vida. Durante su cautiverio emprendió también una lucha antifranquista, formando células clandestinas con su mejor arma: su pluma. Era consciente que debía transmitir el horror sufrido en su libro titulado The Jail. Esta obra en inglés la escribiría a escondidas, en una libreta que camuflaba en el doble fondo de su boina. Su familia la pudo rescatar con un mensaje en castellano donde le advertía “No preocuparos si os lo encuentra un guarda civil, aunque sepa inglés, no se enterará de nada”.

Permiso de trabajo y carnet de prensa de El Chato durante su colaboración con 'The New York Times'

En The Jail detallaba los rostros de los presos republicanos, tras las palizas recibidas en las cárceles “Trágica y terrible era la visión de los hombres, que llegaban a la cárcel destrozados, en una condición tal que era difícil reconocerles. (…) Algunos de ellos permanecían, durante horas o días, tirados en el suelo desnudos. Otros, con la ayuda de amigos o compañeros, bajaban al patio para que el sol ayudase a curar lentamente sus heridas y cicatrices”.

El Chato tardaría cinco años en conseguir la liberta condicional, el 26 de enero de 1944. A su salida fue contratado como secretario del agregado de prensa de la Embajada de Estados Unidos en Madrid y desde allí “formó parte de la célula antifranquista más relevante de aquellos momentos”, como indica el profesor Fernando Hernández Sánchez en su libro ‘Los años de Plomo’.

Sin embargo, la presión policial era muy fuerte y decidió, junto a su familia y la connivencia del Partido Comunista aceptar la oferta de redactor jefe del diario España en Tánger. Chema recuerda a Público que consiguió este cambio de residencia al Norte de África gracias a sus jefes directos del departamento de prensa: Mr. Wyse, Mr. Hughes y Mr. Bonsal. “Entre todos le arreglaron todos los papeles para poder exiliarse a Tánger con su familia, también intervino en el proceso Gregorio Corrochano, director del diario España de Tánger, que lo contrató”, aclara Chema.

Carnet de prensa internacional para la estancia de El Chato en Tánger

Los papeles de la represión franquista en la embajada

El historiador Fernando Hernández Sánchez destaca que muchas de las cifras recopiladas sobre los asesinatos perpetrados en la represión franquista “coinciden con el trabajo clandestino que hizo para el gobierno de los Estados Unidos el Chato siendo agregado de prensa en la embajada de Madrid Abel Plenn. El investigador aclara que este “trabajo aunque ha sido ignorado en España y fuera de ella, fue publicado, en Estados Unidos y en México, en 1946. Sus cifras se guardan bajo un libro titulado Viento en los Olivares, que describe con gran rigor y minuciosidad la verdadera cara del régimen franquista”.

El régimen franquista produjo desde el fin de la guerra hasta la mitad de la década de los 40 cerca de un millón de muertos

En 1944 la War in Office de los Estados Unidos mandó al departamento donde estaba El Chato el encargo de hacer un informe oficial de la represión franquista. “Mi abuelo colaboró clandestinamente. Las conclusiones fueron paladinas. El régimen franquista produjo desde el fin de la guerra hasta la mitad de la década de los 40 cerca de un millón de muertos, entre fusilados y fallecidos por las enfermedades y palizas recibidas. Solo esperemos que algún día el gobierno de los Estados Unidos lo desclasifique para que todo el mundo sepa realmente lo que ocurrió aquellos años”.

Salida y exilio a Tánger

De 1946 a 1947 El Chato, en su exilio de Tánger, se incorporó a otra célula clandestina y desde su puesto de redactor jefe y luego de subdirector del diario España mantuvo una línea pionera crítica a la dictadura franquista en la prensa española.

En 1957 regresó con su mujer, Avelina Ranz, a Madrid. Sus tertulias antifranquistas, en diferentes cafés de Madrid, adquirieron bastante fama, compartiendo las mismas con personajes comprometidos en la causa como Héctor Vázquez Azpíri, Fernando García Vela, Juan Antonio Cabezas, Goico Aguirre, escultor y dibujante y Alfonso Tortosa, comandante médico de Carabineros en la guerra civil, entre otros.

"Hay que reconocer que Fraga lo admiraba bastante por su profesionalidad y también le pagaba muy bien"

Al final de su vida profesional fue contratado por el Ministro franquista Manuel Fraga en el Instituto de Estudios Políticos y en el Consejo de la revista Política Internacional. “Mi abuelo hacía labor de zapa en otra célula clandestina antifranquista, como en todas sus etapas desde el periodo de cautiverio incluido. Hay que reconocer que Fraga lo admiraba bastante por su profesionalidad y también le pagaba muy bien. Le ayudó bastante en aquellos años difíciles”.

A los 68 años de edad, ya fallecida su esposa Avelina, Jaime Menéndez El Chato muere de cáncer sin haber consentido participar con su carné de periodista en la nueva Asociación de la Prensa madrileña, que lo obligaba a inscribirse en los principios del “Movimiento Nacional”. Sin embargo Chema señala que “aunque su especialidad fue la política internacional, escribió de deportes, arte, cultura, arquitectura, cambio climático, economía, espionaje, y sobre todo de antifranquismo”, incluso camuflado en el propio régimen.