Público
Público

CiU impide el derecho a decidir el futuro de un monumento franquista

La formación rechaza celebrar una consulta ciudadana sobre una enorme escultura de Tortosa, el mayor vestigio de la dictadura que hay en Catalunya. El mismo alcalde ya tumbó una propuesta ciudadana para retirarla en 2010. La conservación de este tipo de símbolos aún genera debate entre historiadores

Monumento franquista en Tortosa.

MARC FONT

BARCELONA.- En Tortosa (Tarragona), inmune aunque degradado en medio del río Ebro, se levanta el mayor monumento franquista que queda en Catalunya. La obra mide 45 metros de altura, fue inaugurada en 1966 por el mismo dictador y casi medio siglo después vuelve a estar en el centro de la polémica, después de que el pleno municipal de la ciudad rechazara el lunes por la noche una moción que reclamaba celebrar una consulta ciudadana para decidir el futuro de la escultura. La moción era una propuesta de ICV y recibió el apoyo de los ediles de ERC y PSC, y el voto contrario de CiU –que, con 12 representantes, tiene mayoría en el consistorio-, PP y la xenófoba Plataforma per Catalunya (PxC).

La obra fue realizada por el artista Lluís María Saumells y era un homenaje a los “caídos” del bando franquista en la batalla del Ebro, la más larga y sangrienta de la Guerra Civil española. Se levanta encima de la pilastra de un antiguo puente –volado precisamente durante la guerra-, de la que salen dos puntas de hierro. Una está coronada por una estatua que representa a un soldado español guiado por una estrella, a la que toca con el brazo derecho levantado. Mientras la otra culmina con la figura de un águila con las alas extendidas. Si bien es cierto que desde la muerte del dictador se han realizado algunas actuaciones para rebajar su simbología fascista, como la retirada del anagrama “Víctor” que sostenía el águila o la inscripción que mencionaba al “Caudillo de la cruzada y la paz”, no hay ninguna placa que explique su significado. Y es obvio que el monumento se sigue viendo como un símbolo franquista, genera rechazo en parte de la población local e implica debate entre los historiadores.

ICV, que cuenta con dos ediles en el pleno de Tortosa, quería aprovechar la remodelación de la fachada litoral de la ciudad para reabrir el debate acerca del futuro del monumento. Pero no ha sido posible. Para justificar su rechazo, el alcalde de la ciudad, Ferran Bel (CiU), tildó la propuesta de “electoralista”, ya que llega a pocos meses de los comicios municipales, y aseguró que su gobierno quiere consultar a la población sobre el tema, pero haciéndolo en “positivo, explicando el proyecto, su coste y las posibilidades”. Bel, alcalde des del 2007, añadió que la moción era “una maniobra para intentar desgastarnos” y crítico que ICV no propusiera el debate cuando era socio del gobierno local encabezado por el PSC.

Lejos de estar de acuerdo con el alcalde convergente, el portavoz local de ICV, Jordi Jordan, consideró que era el “momento oportuno” para “abrir el debate” de un tema que “debe de dejar de ser tabú”. Jordan dijo no entender el rechazo de CiU si realmente defiende también una consulta y subrayó en una entrevista en la televisión Canal 21 Ebre que su propuesta era en “positivo”, ya que la consulta contemplaría opciones como “transformar el monumento en un espacio para la memoria” o, bien, “retirarlo y exponerlo en otro sitio de la ciudad, donde también se pondría en contexto”. Al lado de CiU votó la ultraderechista PxC, que propuso la reparación del monumento en una propuesta que contó con el apoyo de un PP cuyo edil, Xavier Dalmau, llegó incluso a relatar las supuestas bondades de la dictadura, según recogió la Directa.

Campaña ciudadana en 2010

No es ni mucho menos la primera vez que hay un debate sobre la enorme escultura. En noviembre de 2010, el pleno rechazó una moción ciudadana que pedía directamente la retirada del monumento. En aquella ocasión se trataba de una iniciativa de una entidad, el Casal Popular Panxampla, que recogió casi 2.000 firmas a favor, de las cuáles 856 eran de ciudadanos de Tortosa. También fue una alianza de CiU y PP la que impidió hacer nada con la escultura y Bel ya recurrió a la acusación de “electoralismo” para tumbar la petición, a pesar de que la impulsó un colectivo popular. Xavi Rodríguez, miembro de la Comisión para la Retirada de los Símbolos Franquistas surgida del Casal Popular Panxampla, recuerda a Publico.es que se generó un “debate muy vivo en la ciudad, que se alargó varias semanas a raíz de la recogida de firmas”.

Ester Baiges, integrante de la misma comisión, deja claro que mantienen la misma posición de hace cuatro años, rechazan también la consulta propuesta por ICV y, por lo tanto, apuestan por la retirada por una cuestión de “dignidad democrática”. Para el Casal Popular Panxampla, un monumento con “el águila, una cruz, un soldado nacional y dedicado al ‘caudillo de la cruzada y los veinticinco años de paz’ no puede representar a los dos bandos, sino sólo a los fascistas. Ni ser un monumento a la paz”.

Discrepancias entre historiadores

Lejos de la batalla política, el debate sobre el futuro de un símbolo de la dictadura sigue bien presente entre los historiadores, básicamente en aquellos dedicados a la memoria histórica. En 2010, el Memorial Democràtic, la institución de la Generalitat de Catalunya destinada a recuperar la memoria desde la Segunda República hasta la transición, recomendó la retirada del monumento al considerarlo “demasiado agresivo con los valores de la democracia”. En una entrevista telefónica con Publico.es, el actual director del Memorial Democràtic, Jordi Palou-Loverdos, recuerda que el organismo mantiene el “mismo criterio”, que fue establecido conjuntamente por “técnicos y expertos de cuatro universidades”. Pero Palou-Loverdos matiza que el Memorial “en base del principio de autonomía municipal, no puede indicar a un ayuntamiento lo que debe hacer, pero sí hacer sugerencias”.

En cambio, el historiador David Tormo, especialista en cuestiones de memoria de la Guerra Civil, considera que el monumento no se debe retirar, sino que “se tiene que adaptar a los tiempos que corren y utilizarlo como un instrumento pedagógico, explicar lo que significó, quién lo impulsó y porque se impuso en este lugar concreto, donde no tuvo lugar la Batalla del Ebro”. Para Tormo, “eliminar las huellas de la memoria histórica que no nos gustan, porque las hizo gente que sometió este país a 40 años de dictadura, es borrar una parte importante de esta memoria y a la larga negar la existencia de la misma dictadura”. El activista Xavier Rodríguez discrepa del historiador porque si fuera así “no se hubieran retirado otros muchos símbolos de la dictadura” y se pregunta porque no se puede hacer lo mismo en Tortosa.

Tormo añade que “no se debe borrar el franquismo, sino explicarlo, pero en ningún caso exaltarlo, porque fue nefasto”, aunque reconoce que el monumento “no es viable ni tiene sentido tal como está ahora”. Nadie se encarga de su mantenimiento y su degradación es evidente. El historiador apunta que “nadie se plantearía destruir vestigios de la Guerra de Sucesión, de la Guerra dels Segadors o de la Guerra del Francés [o de la Independencia]”, sino que “se conservarían y explicarían, pues con los de la Guerra Civil se debe hacer lo mismo”. David Tormo concluye que lo que no se puede hacer es “presentismo con la historia”, en relación a la batalla partidista en estas cuestiones. Palou-Loverdos, por su parte, apunta que si el monumento se mantiene, el hecho de “señalizarlo adecuadamente serviría a las generaciones presentes y, sobretodo a las futuras para saber realmente que pasó en la batalla del Ebro, que significó para el final de la guerra y que vino después, que fue una dictadura de 40 años con una represión brutal”. De momento, en todo caso, no se hará nada y los ciudadanos de Tortosa no tendrán su derecho a decidir sobre el tema. Gentileza de CiU.

¿Te ha resultado interesante esta noticia?