Publicado: 16.01.2016 17:57 |Actualizado: 18.01.2016 17:13

25 años de la Operación 'Tormenta del Desierto'

Cuando la mili se hizo en la guerra

España inluyó unos 150 jóvenes reclutados forzosamente en el contigente militar que envió a la primera guerra del Golfo, ocultando su misión real cuando estalló el conflicto

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La cantante Marta Sánchez, junto a un grupo de marineros de la fragata 'Numancia', donde dio un concierto de Navidad en 1990. EP

La cantante Marta Sánchez, junto a un grupo de marineros de la fragata 'Numancia', donde dio un concierto de Navidad en 1990. EP

@CdelCastilloM

MADRID.- Septiembre de 1990. Escuela de suboficiales de San Fernando (Cádiz). "Recoged vuestras cosas que os vais a la fragata Numancia, nos soltaron de sopetón. Me acuerdo de que lo primero que hice fue llamar a mi padre y decirle: ¡Que me voy a la guerra del Golfo!"

La historia de la mili de Juan Ramón González Melgar es peculiar. Fue uno del alrededor de 150 jóvenes españoles que hicieron su servicio militar obligatorio en una de las dos fragatas que España envió para participar en la coalición de 34 países que atacó Irak en septiembre de 1990. Dirigido por la mano de hierro de Saddam Husseim, el ejército de éste país había invadido Kuwait un mes antes, ganándose la enemistad internacional.

El Gobierno de Felipe González decidió no sustituir a dichos jóvenes reclutados de forma forzosa por soldados voluntarios. La versión oficial era que no correrían peligro, ya que los navíos de la Armada se limitarían a colaborar en el bloqueo del Golfo Pérsico contra Irak decretado por la ONU. Esa es también la realidad que ha quedado en buena parte de la opinión pública española. Sin embargo, el caso de la fragata Numancia fue bien distinto, tal y como desveló su capitán a la prensa de la época.

La fragata ‘Numancia’, en una imagen de archivo. MD

La fragata ‘Numancia’, en una imagen de archivo. MD



"Estuvimos en un escenario de guerra real sin formación ninguna.
Nos enseñaron a realizar zafarranchos de combate en el menor tiempo posible, el problema era que unas veces salia bien y otras no... En caso real nos hubiesen frito", afirma uno de los marinos

"La verdad es que estuvimos en un escenario de guerra real sin formación ninguna. Nos enseñaron a realizar zafarranchos de combate en el menor tiempo posible para prevenir un eventual ataque de [un caza] Mirage F-1 iraquí", denuncia González Melgar, que entonces contaba 18 primaveras. "Cada grupo de marineros tenía un compartimento al que debía ir, te pillara donde te pillara. Tenías que salir corriendo e ir cerrando escotillas o puertas hacia tu destino, el problema era que unas veces salía bien y otras no... En caso real nos hubiesen frito", confiesa en una conversación con este medio.

"Nos habían dicho que la guerra iba a estallar el 15 de enero. Al final estalló el 17. Esos dos días… Entre nosotros se notaba el nerviosismo”, continúa. Efectivamente, aquel 17 de enero –del que este domingo se cumplen 25 años– el general estadounidense Norman Schwarzkopf lanzó la Operación Tormenta del Desierto. “La madre de todas las batallas”, como la denominó entonces Saddam, supuso el choque de tropas tras meses de bloqueo naval y bombardeos, e incluyó una de las mayores batallas de blindados de la historia.

La misión de la Numancia

Para entonces la Numancia ya había relevado a la fragata Santa María, que en agosto del 90 había partido hacia el Golfo Pérsico escoltada por dos corbetas. “Cuando estalló la guerra, en los medios de comunicación dijeron que la fragata se había salido de zona de conflicto, lo que no era cierto. Nosotros estuvimos en zona de conflicto”, explica González Melgar, aunque afirma que la mayoría de los tripulantes no conocían con exactitud los detalles de la misión del navío.


“Cuando estalló la guerra, en los medios de comunicación dijeron que la fragata se había salido de zona de conflicto, lo que no era cierto. Nosotros estuvimos en zona de conflicto”

“Yo sabía más cosas porque un amigo de mi mismo pueblo (Villanueva del Arzobispo, Jaén, de unos 8.000 habitantes) estaba destinado en el sonar. Ese tenía más información. Pero a nosotros los militares no nos decían la verdad –acusa–. Un día estaba de guardia, y al terminar salí a la cubierta del barco. Entonces vi que nos estábamos comunicando por morse, y al mirar vi que era con un portaaviones que había a babor. Se acercó, nos pasó por la popa y se puso a estribor. En cuestión de minutos empezaron a despegar aviones”.

La verdadera misión de la Numancia fue escoltar a los cuatro portaaviones estadounidenses desplegados en la zona, que se acercaron en varias ocasiones a las costas de Kuwait durante el conflicto armado, que duró mes y medio. La principal preocupación de su capitán, que quedó bajo el mando de un almirante francés, eran las minas, que había que detectar visualmente.

La Numancia sufrió una baja en el Golfo Pérsico. Un marinero de 22 años –que el Gobierno socialista se apresuró en comunicar que era “profesional”– falleció tras recibir un golpe en la cabeza del lanzador de misiles del buque durante unas maniobras a principios de diciembre del 90. Felipe González pidió entonces no hacer "interpretaciones torcidas” del suceso.

La nota de color en la misión de la fragata española la puso el concierto de Navidad que ofreció a bordo el grupo Olé Olé, con Marta Sánchez a la cabeza. Al más puro estilo americano, la cantante amenizó la Nochebuena de los marinos. “Yo estuve toda la noche sirviendo y apenas disfruté del momento”, se lamenta González Melgar.

El fin de las tropas no profesionales

Aunque no llegó a las cotas de repulsión social de la Guerra de Irak de 2003, la intervención española en la guerra del Golfo también provocó protestas en Madrid, Barcelona, y frente a algunas bases militares como Rota. A la incomprensión por la participación del país en un nuevo conflicto bélico –nada más acabar la Guerra Fría– se sumaba la participación de jóvenes procedentes del servicio militar obligatorio.

La Guerra del Golfo marcó el comienzo de “la era dorada de las misiones internacionales”, que ahora ha entrado en retroceso

“La presencia de soldados de reemplazo en este tipo de conflictos, no solo en España sino en muchos otros países, es lo que genera la necesidad de "profesionalidad las tropas”, explica el investigador del Instituto Elcano Félix Arteaga. “Los gobiernos tenían que enviar ciudadanos a zonas exteriores, en misiones que no tenían un tratado que las diera cobertura y que no afectaban a la integridad territorial, lo que repercutía en su legitimación social”, comenta. En España, José María Aznar puso fin a la mili en 1996.

La Guerra del Golfo marcó el comienzo de “la era dorada de las misiones internacionales”, dice el experto en Seguridad y Defensa: “Desaparece la URSS y de repente se plantea esta misión, la primera gran misión de combate de la postguerra fría. Allí los ejércitos se encuentran con que no estaban preparados para un despliegue logístico a distancia, y menos con tropas no profesionales. Estaban preparados para estar en la frontera alemana, para mover grandes unidades de tropas por Europa. Eso es lo que hace que el despliegue para recuperar Kuwait tarde meses”.

Una era que cumple ahora 25 años y que para el investigador está tocando a su fin. A pesar de que los ejércitos cambiaron toda su estructura de tropas para dinamizar el despliegue rápido de tropas, el pueblo sigue sin dar su consentimiento a este tipo de intervenciones. Un consentimiento que ahora, a diferencia de entonces, es necesario en la mayoría de los países, vía aprobación parlamentaria del envío de tropas al exterior. “Los ejércitos son demasiado numerosos para hacer despliegues efectivos y no hay mucho apoyo social a misiones que se alargan en el tiempo y que al final no solucionan nada”, sentencia Arteaga.