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Monago, debilitado tras la derrota de su candidata, Cospedal, y erosionado por la fuga de cargos del PP

Juan Antonio Morales, diputado regional y secretario general del PP en Badajoz, solicitó este viernes su baja del partido criticando el “entreguismo total al PSOE” por parte de la dirección de Monago. En los últimos meses ha continuado el tránsito de dirigentes del partido conservador a Ciudadanos.

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José Antonio Monago (PP). / EFE

Menos de 24 horas han bastado a José Antonio Monago para recibir dos duros golpes. El presidente del PP extremeño acusó el primero este jueves, cuando la candidata a la que decidió apoyar en el proceso congresual del PP, María Dolores de Cospedal, quedó fuera de la carrera por la sucesión de Rajoy.

Monago apostó por Cospedal, pero ella quedó en tercera posición en la primera vuelta, de la que sólo salen dos candidatos. Además, Cospedal también perdió por la mínima ante Pablo Casado en Extremadura. El vicesecretario de Comunicación del PP, que sí pasa a la segunda fase junto a Soraya Sáenz de Santamaría, logró 511 votos en la región, frente a los 506 logrados por la exministra de Defensa, respaldada por una dirección cuya imagen se ve debilitada.

En la votación de este jueves, Cospedal logró imponerse en Cáceres (290 votos frente a los 194 de Casado), pero fracasó en Badajoz, donde se quedó a 99 apoyos de su rival, y donde fue sobrepasada incluso por Santamaría. Cospedal también contaba con el apoyo del alcalde de la ciudad, Francisco Fragoso, pero ni siquiera esto la ayudó a despegar, y se quedó con 216 papeletas, frente a los 223 de Santamaría y los 317 de Casado.

"Además de amiga, tiene experiencia, da la cara y tiene ambición y proyecto para España"; "Conozco de su tenacidad y capacidad, y sobre todo me gusta una cualidad que tiene, y es que siempre da la cara. Y en la vida cuando te dan la cara te la parten muchas veces, como a mí, pero me gusta esa gente", afirmó Monago sobre Cospedal el pasado domingo 1, cuando acudió a apoyarla en un acto celebrado en Plasencia (Cáceres).

Así las cosas, el segundo golpe llegó este viernes, con la carta del diputado en la Asamblea de Extremadura y secretario general del PP en Badajoz, Juan Antonio Morales, en la que comunicaba su decisión de renunciar a su cargo orgánico, así como de darse de baja del partido.

El exalcalde de Lobón, que no renunciará a su acta de diputado, criticaba en su misiva a la dirección extremeña por su “entreguismo total” al PSOE, y reconocía sus “constantes discrepancias” con el secretario general autonómico, Fernando Manzano, en lo que a la estrategia electoral se refiere.

A apenas diez meses de las próximas elecciones autonómicas, y con el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, reforzado tras su negativa a ser nombrado ministro en el Gobierno de Pedro Sánchez para seguir en la región, el PP parece incapaz de taponar todas sus vías de agua.

El PP parece incapaz de taponar todas sus vías de agua

De hecho, y como ha quedado evidenciado en los últimos meses, una parte importante de los dirigentes y militantes descontentos con el PP va a engordar las filas de Ciudadanos: en abril, la formación narajna nombró secretario de Organización en Badajoz a Fernando Baselga Laucerica, histórico militante del PP que había abandonado el barco semanas antes, indignado con la política de su formación a la hora de abordar los casos de corrupción.

Baselga, hermano del exdelegado del Gobierno en Extremadura entre 1996 y 2004, Óscar Baselga, militó en el PP desde los tiempos de Alianza Popular, e incluso llegó a disputar el liderazgo regional a Monago.

Recientemente, el diario ‘El Plural informaba de la fuga “masiva” de miembros del PP a Ciudadanos en Cáceres. Entre ellos estaba José Antonio Villa, expresidente de la junta local del PP en esa ciudad, y varios exconcejales del Ayuntamiento.

Paradójicamente, la moción de censura por la que el PSOE arrebató el Gobierno al PP parece haberle dado cierto aire al segundo, frente a un Ciudadanos que reinaba en las encuestas y ahora parece haberse desinflado.

Hoy por hoy, los conservadores gobiernan en más de 3.000 ayuntamientos españoles, mientras los naranjas sólo ocupan 73 alcaldías, ninguna de ellas en capitales de provincia. Si su rearme no es rápido, difícilmente podrán mantener este equilibrio de fuerzas.