Publicado: 04.10.2014 23:40 |Actualizado: 04.10.2014 23:40

"Los mossos que mataron a Juan Andrés acabarán siendo indultados"

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"Hace un año que no leo, ni toco la guitarra, ni voy al teatro, ni hago deporte. [...] Peso menos, estoy más feo, pero tengo muchísimo menos miedo. He hecho lo que un amigo tiene que hacer aunque jamás pensé que viviría nada igual. [...] Juan Andrés estaría sumamente agradecido al comprobar que esta ciudad encerraba tantísima solidaridad y gente buena...".

A Gerardo Ariza le tiembla la voz al verbalizar las palabras que acaba de volcar en su Facebook. Sus facciones revelan emoción y cansancio a partes iguales. Efectivamente, está muy delgado. También indignado, triste. Hace un año que perdió a su mejor amigo. Hace un año que lo dejó todo para pedir, buscar y encontrar justicia.

El 5 de octubre de 2013, Juan Andrés Benítez, empresario del 'Gaixample', era violentamente detenido y golpeado por varios Mossos d'Esquadra en el barrio del Raval. Un día después, fallecía en el Hospital Clínic. La actuación policial, grabada por algunos vecinos y relatada con horror por otros testimonios, puso sobre la mesa una realidad velada, prácticamente invisible: el de la brutalidad de los agentes del orden en el antiguo barrio chino. A Ariza, sevillano de nacimiento y barcelonés de adopción, vecino del Raval desde principios de los noventa y amigo personal de la víctima, andaluz como él y a quien había convencido unos años atrás para que se mudara a la capital catalana, aquel episodio le cambió la vida.

Los mossos han empleado "el miedo, la presión, la intimidación y el abuso" para 'limpiar' el barrio y potenciar la marca Barcelona

"No me lo podía creer. De hecho, fui yo quien tuve que comunicar la noticia a su familia... tres días después de su muerte, cuando me enteré. Incluso en algo tan fundamental como esto, la policía actuó con opacidad", relata a Público desde una terraza cercana a la Plaza Joan Corominas, en el vértice norte de este pentágono incrustado en el distrito de Ciutat Vella que es El Raval. El rincón con más toxicómanos de la Barcelona preolímpica, el lugar donde actualmente conviven vecinos de hasta 130 países, 46 lenguas y 15 religiones distintas. "Lo que le ocurrió a Benítez no fue un caso aislado. Hay una realidad que no se ve pero que existe", concede. La realidad a la que apela es la que, durante años, ha estigmatizado El Raval. Los altos índices de prostitución, inmigración y delincuencia han sido el caldo de cultivo perfecto para que la impunidad policial se instalara en el barrio, alcanzando su punto más grotesco con la paliza que acabó con la vida de Benítez. Según Ariza, los mossos se han servido del "miedo, la presión, la intimidación y el abuso en una clara estrategia de gentrificación". Una suerte de limpieza para "regenerar el barrio y potenciar la marca Barcelona".

Pero algo cambió con la muerte de Benítez. Los vecinos dijeron basta, se rebelaron. Distintas asociaciones de carácter social y de derechos humanos -entre las que destaca la LGTB- se personaron como acusación popular en el caso. Empujaron juntos, ofrecieron pruebas, testimonios y ahora empiezan a vislumbrar la recompensa. Este viernes, sin ir más lejos, la Fiscalía hacía público el escrito de calificación en el que solicita 11 años de prisión por cada uno de los mossos que participó en la paliza por un delito de homicidio y otro contra la integridad moral. Además, también pide año y medio de cárcel para dos agentes imputados por un delito de obstrucción a la justicia y encubrir la actuación de sus compañeros.

"Hemos logrado despertar a los vecinos y hemos perdido el miedo" "Me parece un castigo insuficiente. Pero estoy contento porque van a ser juzgados por la ciudadanía. Sin la valentía de los ciudadanos, esto no habría sido posible", valora Ariza, quien observa un antes y un después en El Raval desde la fatídica madrugada de la agresión a Benítez. "Hemos hecho que confluyeran movimientos y asociaciones sociales de caracteres muy distintos y hemos logrado despertar a los vecinos. Hemos perdido el miedo. Estamos haciendo el trabajo que por falta de responsabilidad ética y política no están haciendo ni la consejería de Interior ni los mandos policiales", denuncia.

Para entrar como acusación popular, las asociaciones depositaron una fianza de mil euros. Gerardo Ariza se puso manos a la obra para organizar comidas populares y otras actividades culturales para lograr ese dinero. Aún hoy sigue buscando fórmulas para costear los gastos del proceso judicial. Benítez tenía dos negocios en el Eixample y formaba parte de la Asociación de Empresas para Gays y Lesbianas. Ariza recuerda sus días de activismo en favor de los derechos de los homosexuales junto a Benítez, en Sevilla.

"Juan Andrés habría estado muy feliz de ver cómo el pasado jueves se aprobaba la ley contra la homofobia en Catalunya" "Veníamos de una ciudad conservadora y Barcelona nos atrapó en todos los sentidos. Juan Andrés habría estado muy feliz de ver cómo el pasado jueves se aprobaba la ley contra la homofobia en Catalunya", confiesa. Justamente la condición de gay de la víctima también ha sobrevolado el caso en más de una ocasión. Para Ariza, "no hay pruebas, por el momento, de que éste sea un caso por homofobia". Igual de críptica se posiciona Laia Serra, la abogada de la acusación popular y que también lleva el caso de Esther Quintana, la joven que perdió un ojo tras una actuación policial en 2012. "No negaré ni afirmaré que la muerte de Benítez tuvo un componente homofóbico pero creemos que la vulnerabilidad de la víctima por ser gay es un factor presente en este caso", revela a Público. La letrada añade que, para la gente del Raval, este caso tiene "un componente simbólico" porque se trata también de un "juicio a la impunidad y un homenaje a todas las víctimas anónimas".

Durante el último año, Ariza ha seguido de cerca todos los movimientos relacionados con el caso Benítez. Forma parte de la Asamblea del Raval, que este domingo realizará un homenaje con motivo del primer aniversario de su muerte. Desde el viernes, miembros de esta plataforma y otros vecinos ocupan un solar en la calle Aurora, donde residía la víctima, para proclamarlo Ágora Juan Andrés Benítez. El mensaje que pretenden lanzar es que la muerte de Benítez "es consecuencia de las estrategias de represión y estigmatización del barrio para favorecer la renovación de vecinos y atraer a otros con un poder adquisitivo mayor".

"La concejal de Ciutat Vella no dio las condolencias por la muerte hasta que le hicimos un escrache, casi un mes después"

Para Ariza, "Juan Andrés ya forma parte del Raval". También espera que toda esta lucha que con tanto ahínco lidera junto a otros vecinos "sirva como ejemplo de que la solidaridad y la unión es el único camino para defender los derechos". Se estremece al pronunciarlo y, enseguida, empieza a enumerar todo aquello que lamenta de un año que le ha desgastado anímica y físicamente: "La intimidación de los mossos a los vecinos que vieron y grabaron los hechos, el excesivo corporativismo del cuerpo policial, la falta de sensibilidad del gobierno catalán, la no suspensión de los agentes imputados...". Frena y sigue. Esta vez con el rostro compungido: "Nunca olvidaré que Mercè Homs, la concejal de Ciutat Vella, el distrito, no diera las condolencias por la muerte de mi amigo hasta que le hicimos un escrache, casi un mes después del suceso".

El sevillano, que limita el uso de su teléfono desde que apareció en Internet un documento con nombres y apellidos de personas vinculadas a la campaña #JusticiaJuanAndrés supuestamente vigiladas, confiesa antes de despedirse que una de las cosas que más le duelen de todo lo sucedido es que el cuerpo de Benítez esté enterrado en un cementerio de Barcelona. Las autopsias derivadas de la investigación tienen la culpa.

"Él quería ser incinerado y que sus cenizas fueran lanzadas al Mediterráneo", lamenta Ariza, cuyo corazón aún se le acelera cada vez que se cruza por la calle con los mossos. "Antes de su muerte, nunca había sentido que fueran mis enemigos", razona. Sin embargo, y aún a riesgo de sufrir taquicardia, desea con todas sus fuerzas estar presente el día que un tribunal popular les juzgue. "Me conformo con eso, con que sean juzgados. Porque estoy convencido de que, aunque sean condenados, acabarán siendo indultados", concluye.