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Tensión en el Gobierno de Rajoy Nueva batalla entre Guindos y Montoro por el acuerdo del techo de gasto con Ciudadanos

El ministro de Economía desbloqueó la negociación con los de Rivera tras la oposición del titular de Hacienda a bajar el IRPF. La relación entre ambos miembros del equipo económico de Rajoy nunca ha sido buena. 

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El ministro de Economía, Luis de Guindos, y el de Hacienda, Cristóbal Montoro, en una imagen de archivo. REUTERS

El techo de gasto ha sido el protagonista de una nueva batalla entre los ministros económicos de Mariano Rajoy. El de Hacienda, Cristóbal Montoro, se opuso en un principio a aceptar la línea roja de Ciudadanos, que le exigían rebajar el IRPF para dar su sí a la senda de déficit que se debatirá en las Cortes la próxima semana. Pero unos días después, cambió de opinión y aceptó las condiciones de sus socios.

¿El motivo?  Según adelantó el diario El Mundo y confirmó después este diario, fue el titular de Economía, Luis de Guindos, quien, tras reunirse con el responsable de Economía de Cs, Luis Garicano, desbloqueó el acuerdo. 

Ambos habían sido ya los encargados de escenificar el pacto de ambas formaciones para los Presupuestos Generales del Estado del 2017. Su foto tomándose un café, tranquilos y sonrientes, en Casa Manolo, un bar cercano al Congreso, fue prueba de su buena sintonía. 

Ahora, además, sus conversaciones habrían contado con el beneplácito del propio Rajoy, según el citado medio. Y es que el presidente siempre ha obviado la guerra entre Guindos y Montoro y les ha ofrecido su apoyo por igual. Al segundo, manteniéndole en el Gobierno pese a su reprobación, los escándalos con el despacho que fundó y la anulación de su amnistía fiscal por parte del Tribunal Constitucional. Al segundo, al haber reforzado su cartera sumando el área de Industria y permitiéndole, de vez en cuando, meterse en el terreno de su compañero de equipo, como en esta ocasión. 

El ministro de Economía, Luis de Guindos (d), y el responsable de Economía y Empleo de la Ejecutiva de Ciudadanos, Luis Garicano (i), celebran en Casa Manolo, un bar próximo al Congreso, el acuerdo para los PGE de 2017. Archivo EFE

Las negociaciones del equipo de Albert Rivera con el titular de Hacienda comenzaron con mal pie. Los naranjas incluso se levantaron de la mesa ante la negativa de Montoro a la rebaja fiscal. Al día siguiente, el ministro ya rectificó en parte y negó que su "no" fuera definitivo. Cuatro días después, el número dos de Cs anunció que habían llegado a un acuerdo para destinar 2.000 millones de euros a dicha medida. Asunto zanjado. 

El titular de Hacienda, lejos de mostrarse molesto por esta situación, ofreció a sus socios varios halagos este mismo viernes, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, donde incluso les tildó de "socios prioritarios" a la hora de "dialogar" y pactar medidas. De la mano de De Guindos, ni una palabra, pero esta cuestión es una muestra más de su mala relación. 

Ambos miembros del Ejecutivo han llegado a expresar en varias ocasiones sus intenciones de no continuar en el Gobierno de Rajoy. Pero ambos, a su vez, aceptaron el encargo del presidente para continuar una legislatura más a su lado. Antes de eso, fueron varias las voces que apuntaron a los intentos de uno y otro por robarse mutuamente sus correspondientes carteras.

¿El objetivo? Quedarse con el poder absoluto del área económica más fuerte de Moncloa, junto a la cartera de Empleo de Fátima Báñez y ahora también la de Energía de Álvaro Nadal. Aspiraban a ocupar una vicepresidencia económica que Rajoy decidió finalmente no crear dejando ese cargo de número dos únicamente en manos de Soraya Sáenz de Santamaría. 

Fue ella, precisamente, quien tuvo que apagar los fuegos de ambos nada más empezada la legislatura anterior. Montoro lanzaba preocupantes mensajes de que España no podría cumplir el déficit en 2012. De Guindos, antes de la reforma laboral, apostaba por el contrato único. Sáenz de Santamaría tiró por la vía del medio y desmintió ambas cuestiones intentando no desacreditar a ninguno de sus compañeros.

En esa misma época, tal y como cuenta el ministro de Economía en su libro España amenazada, sus discrepancias se debieron al debate sobre cómo llevar a cabo los recortes del austericidio. De Guindos apostaba por subir el IVA; Montoro, el IRPF. La primera batalla la ganó el de Hacienda, aunque, poco después, Rajoy también dio la razón al de Economía. Los españoles sufrieron ambas subidas. 

Después, mientras Montoro 'mandaba' -y conseguía el beneplácito del presidente- en España, De Guindos hacía lo propio en el exterior, liderando las relaciones con Bruselas y negociando los objetivos de déficit con la UE. Más tarde saltaron los casos Rato y Soria, donde ambos discrepaban -la mala relación de Soria, amigo de De Guindos, con Montoro ha vuelto a ser polémica esta misma semana-, así como en materia de financiación autonómica, especialmente si ésta afectaba a Catalunya. 

A día de hoy, la situación sigue prácticamente igual. Es el titular de Economía quien se encarga de las cifras macroeconómicas y lleva el peso de las negociaciones internacionales. El de Hacienda, hace lo propio para buscar pactos nacionales en los pasillos del Congreso. Aunque a veces el primero se interponga en el camino del segundo. Montoro le respondió con una venganza: el Ministerio de Economía fue el más recortado en los PGE del 2017.

Mientras, Rajoy parece querer a ambos hijos por igual. A ambos les ha perdonado escándalos -el De Guindos intentando colocar al exministro de Industria en el Banco Mundial fue tan sonado como el más reciente de Montoro- y sus discrepancias públicas sobre decisiones económicas del Ejecutivo. Y a ambos los mantiene en su equipo. Para el presidente "nunca se cambia lo que funciona", aunque la relación entre los suyos no funcione.