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La oferta de pactos de Zapatero choca con la desconfianza de Rajoy

El candidato a la investidura presenta un plan de choque contra la crisis económica, cuyo fin prevé para 2010

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Cambió la música, que en la víspera de cumplirse un mes de las elecciones generales pasó del stretto de la pasada legislatura al moderato de ayer, pero no la letra. A pesar de que José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy entonaron un nuevo espíritu de disposición –casi vocacional– a los acuerdos de Estado y de que el océano del hemiciclo estuvo sereno, se confirmó que el foso de la desconfianza entre ambos sigue abierto.

En consecuencia, quedó abierto el interrogante sobre los derroteros que tomará la nueva legislatura, a la espera de que el tiempo dilucide si, como dijo el candidato presidencial, “pesan más las ganas de futuro que los reproches de pasado que podamos hacernos”, y que se hicieron ayer, aunque sin la agresividad de días aún cercanos. Fue notable, en este sentido, que la algarada se limitara a alguna acometida menor de los jabalíes del PP, acaudillados por Miguel Arias Cañete, durante el turno de réplica.

Zapatero, como presidente in pectore, expresó su propósito de entablar un “diálogo inmediato y a fondo” con el jefe de la oposición, y apeló a que “debemos a los españoles cuatro años de más serenidad, diálogo y entendimiento”. Respondió Rajoy que está “dispuesto a hablar, pero en serio”. Y así quedaron.

El doble debate de investidura, de Zapatero como presidente del Gobierno y de Rajoy como líder de la oposición, se saldó a satisfacción de sus respectivas bancadas, a juzgar por el entusiasmo que exteriorizaron. Sin embargo, el portavoz conservador dio la impresión de querer satisfacer a un tiempo a los halcones y a las palomas de su partido, con el riesgo consabido. Mientras que el líder socialista exponía su programa de Gobierno, los móviles se saturaban con alertas que recogían declaraciones de dirigentes del PP a propósito de la batalla por el poder que se libra en el principal partido de la oposición con vistas a su congreso de junio.
Propuso Zapatero abordar hasta seis pactos de Estado –terrorismo, Justicia, financiación autonómica, presidencia de la UE, políticas de igualdad y proyección exterior de España– y a todas respondió Rajoy con una disposición genérica al acuerdo.

«Desconfianza»

Pero luego vinieron las puntualizaciones, que tomaron pie en “la profunda desconfianza” que, según dijo el portavoz conservador, le inspiran “el pasado, el crédito que podemos otorgar a sus palabras y el análisis que ha hecho de la situación” el candidato presidencial, hasta el punto de resultarle “inquietante en la obstinación de repetir parecidas
equivocaciones”.

Mientras que Zapatero otorgaba al PP la condición de interlocutor “principal”, pero no excluyente, Rajoy subrayaba que no cabe hablar de “pacto de Estado” si no lo cocinan los dos grandes partidos que son alternativa de Gobierno, “y si después se suman otros, mejor”. Y, junto al procedimiento, el contenido. Así, mientras que el candidato planteó un pacto “de todos” contra el terrorismo, Rajoy distinguió entre quienes “deseamos la derrota de ETA y otros que, en el fondo, no quieren ver derrotadas sus pretensiones políticas”.

Cohesión de España

La situación económica fue, como estaba previsto, elemento medular del debate, que arrojó en el contraste dos diagnósticos radicalmente distintos. Zapatero, que compareció con un discurso milímetricamente apegado al programa electoral del PSOE y sin concesiones previas a terceros, formuló como columna vertebral el compromiso, reiterado en varias ocasiones, de mantener las políticas sociales sin subir los impuestos, incluso sin descartar rebajas futuras, a pesar del escenario de desaceleración económica que, según las previsiones que expuso, se prolongará hasta 2009.

“Debemos afrontar con realismo un periodo de desaceleración económica que se extenderá a lo largo de la primera parte de la legislatura, pero el Gobierno que aspiro a presidir no sacrificará sus políticas sociales ni abdicará de su afán de progreso”, aseguró.

El candidato a la investidura presidencial emitió un mensaje de tranquilidad porque España dispone de “un buen amortiguador” para hacer frente a lo que calificó de “paréntesis”, pero sin incurrir en la pasividad ni en el abandono de los más desfavorecidos. Por ello, anunció sendos paquetes de medidas, unas de aplicación inmediata, empezando por la devolución de 400 euros del IRPF, y otras a medio plazo, especialmente vinculadas con un esfuerzo en innovación, educación y desarrollo de infraestructuras.

Todas parecieron “parches” a Rajoy, para quien el candidato presidencial “disfraza la realidad y se ata las manos para ponerle remedio”. El portavoz conservador no planteó ninguna alternativa hasta que, apretado por Zapatero, anunció su intención de presentar una batería de iniciativas extractadas de su programa electoral, tales como la reducción del IRPF o el aumento de las deducciones por vivienda.

Zapatero presentó su programa bajo el rótulo de “Una idea de España”, en la que otorgó especial trascendencia al logro de la igualdad real –también en salarios– entre hombres y mujeres, así como a la cohesión del país con respeto a su diversidad. Así, adelantó que la reforma de la financiación autonómica pasará por la garantía de la nivelación en toda España de la prestación de los servicios sociales básicos, la sanidad y la educación.

También acotó que el Estado mantendrá al menos el 50% del gasto público y, para asegurar la unidad de mercado, se reservará en exclusiva los recursos provenientes del impuesto de sociedades. Además, achicó espacio al discurso del PP en inmigración, al subrayar el compromiso de que “ni un solo ciudadano se vea privado de cualquier derecho o ayuda social por la llegada de inmigrantes”.

Guiños a las minorías

Las intervenciones de los portavoces de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, y del PNV, Josu Erkoreka, confirmaron que los nacionalistas harán valer su capacidad de bisagra.

Duran arrancó con el recuerdo de esta situación y de que “la confianza se quebró” con el Estatut y el tripartito, pero dejó abierta la puerta a negociar una alianza parlamentaria estable. Y Zapatero empujó esa puerta con el compromiso de publicar las balanzas fiscales en el plazo de dos meses y asumiendo como una posibilidad técnica el trasvase de agua desde el Ródano.

En línea similar, el peneuvista Erkoreka también mostró una disposición escéptica al diálogo y recordó que en política no se aceptan los “créditos sin garantía”.

Los partidos minoritarios no quieren quedar a la zaga y reclamaron “juego por las bandas”. Gaspar Llamazares tendrá una ponencia parlamentaria para estudiar la reforma del sistema electoral.

 


1. Partido Popular // Mariano Rajoy confirmó que su grupo parlamentario votará en contra de la investidura de Zapatero.

2. Convergència i Unió // El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, empezó su intervención entre el no y la abstención, para acabar en esta última, que no permitirá la investidura hoy, pero sí el viernes.

3. PNV // Los nacionalistas vascos se inclinan también por la abstención, aunque su portavoz, Josu Erkokera, no quiso anticipar formalmente su voto ayer.

4. ERC, IU, ICV, BNG // Los cuatro partidos que componen este grupo parlamentario se mueven entre el voto en contra de ERC y la abstención del resto.

5. Grupo Mixto // Los portavoces de Coalición Canaria, Nafarroa Bai y UPyD hablarán hoy.