Publicado: 23.09.2016 23:43 |Actualizado: 24.09.2016 07:00

Ongi Etorri, el único partido que no pide el voto sino que reivindica el derecho a votar de los inmigrantes

La formación vasca concurre al 25-S con el objetivo de denunciar que los extranjeros no pueden ir en listas ni participar en las votaciones. Para visibilizar esa discriminación, sus cincuenta candidatos electorales cederán simbólicamente su papeleta a un "nuevo vecino"

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Candidatos de Ongi Etorri a las elecciones vascas y ciudadanos sin derecho a voto, en Vitoria.

Candidatos de Ongi Etorri a las elecciones vascas y ciudadanos sin derecho a voto, en Vitoria.

Es, quizás, el único partido que no pide el voto para sus candidatos. “Ni siquiera en la propaganda reivindicamos el vótenos, sino el derecho a votar”, afirma Fede García, fundador de Ongi Etorri. Significa, en euskera, bienvenidos y nació hace una década para denunciar cómo las administraciones le dan la espalda a los extranjeros en las elecciones. “Aquí trabajo, cotizo y pago mis impuestos, pero no puedo decidir en manos de quién pondré mi futuro”, se queja Ayoub el Bachiri, un ciudadano marroquí que vive en Bilbao desde hace quince años y cinco después obtuvo el permiso de residencia.

Ongi Etorri ha dado el salto de Araba a Bizkaia en las elecciones vascas del 25-S. En ambas circunscripciones sólo aspiran a sacar cincuenta votos. Serán los de otros tantos inmigrantes que depositarán la papeleta en las urnas de la mano de los candidatos del partido. Estos, españoles de origen o nacionalizados, les cederán su derecho para denunciar que muchos ciudadanos no pueden votar ni ir en las listas. Ayoub es uno de ellos y tiene claro que su papeleta se queda en casa: “Por supuesto, votaría a algún partido de Euskadi”, asegura, sin especificar la sigla. No importa tanto la formación política como la posibilidad de elegir, “un asunto del que nadie habla”.

Isabel García, número tres por Áraba, no comulga con el sistema electoral, pero se muestra firme en la defensa del derecho al voto, aunque luego no se materialice. “Lo más importante es que todos puedan votar; la pelea en el plano de las ideas ya vendría después”, añade la candidata, quien plantea el absurdo de que una persona no pueda elegir a quién legislará sobre la propia ley de extranjería. Es sólo un ejemplo que trasciende Euskadi, donde sólo podrán acudir a las urnas quienes posean la nacionalidad española, sean mayores de edad, residan en el País Vasco y figuren en el censo electoral.



Las condiciones no saltan a la vista, por lo que hay que brujulear en la web del Gobierno vasco para confirmar que un extranjero no puede votar. “En la página de la Administración no te van a sacar de muchas dudas, porque es un tema que no le conviene que se sepa”, cree Jesús María González, cabeza de lista por Bikzaia. “Por ello, nuestro fin último es visibilizar que no todo el mundo tiene derecho a votar”, añade González, que califica a los miembros de Ongi Etorri como “los sufragistas del siglo XXI”.

No es tarea fácil, cree Fede García, quien señala a los gobernantes pero también a los políticos. “Los partidos no tienen presente esta reivindicación. Es una lucha de una minoría escasísima de la ciudadanía”, explica el también presidente de SOS Racismo Araba, quien deja suspendido en el aire un más difícil todavía. “Los inmigrantes no entran en la cremallera y, como mucho, nos encontramos con presencias testimoniales, en plan ponga un negro en su mesa”, critica García, convencido de que “tendrán que pasar generaciones para que su presencia en las listas se normalice”.

Este domingo, pues, los cabezas de lista de Ongi Etorri comparecerán ante los flashes para ceder su papeleta a inmigrantes, aunque ellos prefieren llamarlos vecinos. “Una nueva ciudadanía de hecho, pero no de derecho”. Los mismos que figuran en la foto superior, donde se confunden las personas que pueden votar y las que no gozan de esa posibilidad, “que son quienes realmente tendrían que estar en las candidaturas”, afirma Isabel García. Puede parecer un simple gesto, pero en realidad destapa una vergüenza: todavía no se ha conseguido el sufragio universal. O sea, el derecho a voto de toda la ciudadanía, independientemente de su raza, sexo, credo o condición.