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Otegi se resiste a tirar la toalla

Pese a que ETA lo considera ‘amortizado’ y la Policía duda que recupere su influencia, el ex líder abertzale anuncia a sus fieles que volverá a la política cuando salga de la cárcel el 30 de agosto

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Arnaldo Otegi consume los días que le faltan para salir de prisión el próximo 30 de agosto con la lectura de los periódicos, las clases de inglés y la asistencia dominical a misa. Se relaciona sin problemas con los presos comunes, ejerce cierta ascendencia con los jóvenes condenados por kale borroka con los que coincide e, incluso, se muestra afable con los funcionarios de la prisión donostiarra de Martutene donde permanece recluido desde hace trece meses. Es, según fuentes penitenciarias, la “antítesis de un líder”.

De hecho, los expertos de la lucha antiterrorista creen que cuando salga de prisión pasará a un segundo plano, que será incapaz de salvar el ostracismo al que le ha sometido la propia izquierda abertzale. Por ello, la Policía está convencida de que ETA y su entorno ya no cuentan con él, que después de diez años siendo el rostro de Batasuna, le da por amortizado.

Y, sin embargo, Otegi, el dirigente abertzale que con más firmeza apostó por el fin de la violencia durante el pasado proceso de paz, se resiste a tirar la toalla. Así lo han confirmado a Público varias fuentes políticas vascas, una de las cuales mantiene contacto, a través de una tercera persona que le visita en prisión, con el líder abertzale. Según esta, “quien diga que se va a ir a su casa no le conoce. Ya ha anunciado a los más cercanos su intención de volver a ser el referente de la izquierda abertzale y, además, apostando de nuevo por el fin de la violencia”.

En este sentido, recuerda que el otoño pasado, como adelantó este diario el 20 de noviembre, el político guipuzcoano hizo llegar a los socialistas vascos y, más en concreto, a su presidente, Jesús Eguiguren –muñidor junto a él del diálogo que desembocó en la tregua de marzo de 2006– el mensaje de su decidida apuesta por retomar las conversaciones.

Un destacado cargo del Gobierno vasco también niega validez a las interpretaciones que aseguran que Otegi es ya un cadáver político. “Cuando salga de prisión, no se va a quedar de brazos cruzados”, asegura, no sin matizar que “eso no signifiqua que vuelva a dar una rueda de prensa casi cada día como hacía antes de ser detenido”. De hecho, esta fuente muestra su convencimiento de que “mantendrá la línea de cautela de los últimos meses, en la que Batasuna se ha visto obligada a delegar su voz en cargos electos de ANV y el PCTV para evitar la acción de la Justicia”. 

Sin embargo, todas las fuentes consultadas reconocen que Otegi encontrará serios obstáculos para recuperar ese protagonismo. El primero, judicial. La Fiscalía de la Audiencia Nacional ya ha pedido la apertura de juicio oral del sumario de las herriko tabernas, en el que Otegi, junto a otros 40 dirigentes abertzales, se enfrenta a penas que van desde los ocho a los catorce años de cárcel. La sentencia, de hecho, podría conocerse a finales de 2009, lo que en opinión de las fuentes políticas vascas consultadas, “reduce el margen de maniobra”. Sin olvidar, que no es el único proceso judicial en el que está imputado.

El segundo gran impedimento está en el seno de la propia ETA y Batasuna. “Es evidente que el sector duro, que tomó el control durante el ‘alto el fuego permanente’ e hizo descarrilar, no se va a dejar arrebatar fácilmente ahora el poder”, señala un político nacionalista, que reconoce que Otegi va a necesitar el apoyo de influyentes miembros de la propia banda y la izquierda abertzale para recuperar el liderazgo.

En esta línea, apunta al histórico etarra José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, y al que fuera hasta mediados de mayo líder del sindicato LAB, Rafa Díez Usabiaga, sus grandes aliados en la anterior tregua. “A su favor juega la actual debilidad de ETA, que refuerza a los que, como él, son partidarios de volver a la senda de la propuesta de Anoeta”, añade. “Seguro que en Navidades ya habrá recuperado su liderazgo, aunque no trascienda públicamente”, vaticina alguien cercano a él.

En las últimas reuniones del proceso de paz –celebradas en Ginebra en mayo de 2007 a dos bandas entre el Gobierno y ETA, por un lado, y el PSOE y Batasuna, por otro–, Otegi sorprendió a los emisarios de Moncloa mostrándose como el más intransigente de los negociadores. De hecho, de su boca salieron los más duros reproches hacia el Ejecutivo. Aquella inesperada dureza es calificada ahora como una “hábil jugada” del político guipuzcoano por fuentes conocedoras de los detalles de aquellos encuentros, que muestran su convencimiento que así consiguió mantener su influencia en la izquierda abertzale. “Si hubiera apostado por seguir con el diálogo, el sector ‘duro’ lo hubiera arrinconado entonces definitivamente. Ahora, sin embargo, aún puede aspirar a a ser el líder”, añaden.