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Partido Socialista La Corte de Sánchez: los hombres y las mujeres que más influyen en el líder del PSOE

Lastra, Ábalos, Calvo y Vara configuran en este primer año lo que podría considerarse su equipo de confianza más cercano.

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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. /EFE

Un año después de ser elegido secretario general del PSOE, se podría afirmar que Sánchez ha consolidado un equipo a su medida, de fieles convencidos que están dispuestos a defenderle en cualquier situación y que trabajan denodadamente por llevarle a La Moncloa.

Sin embargo, un año ha bastado para dibujar un mapa de contrapesos en el PSOE, donde cada uno tiene un papel muy claro, pero no todos están dando el mismo juego político. "Una cosa es lo que se dibuja sobre el papel y las expectativas que tienes, y luego el día a día pone las cosas en su sitio". Con esta frase, una persona cercana al secretario general analiza el recorrido que ha tenido el equipo de Pedro Sánchez desde que fue elegido para este cargo en el PSOE y nombró su Ejecutiva en el 39º Congreso hace ya casi un año.

Tal vez, con este comentario se refería a Óscar Puente, que no ha ejercido prácticamente como portavoz del partido; o al andaluz Alfonso Gómez de Celis —que jugó un papel clave en los resultados que obtuvo Sánchez en Andalucía durante las primarias— pero que no ha tenido el protagonismo político que se esperaba en Madrid.

Por el contrario, quienes sí han mantenido su status y las perspectivas hasta ahora, según distintas fuentes consultadas, son la vicesecretaria general, Adriana Lastra; y el secretario de Organización, José Luis Ábalos, quienes son las personas de mayor confianza de Sánchez en Ferraz.

La tercera persona que más influencia tiene actualmente sobre Sánchez es Carmen Calvo, secretaria de Igualdad

Lastra, aunque mediáticamente juega un papel más secundario “está haciendo bien su trabajo” —dicen la mayoría de dirigentes consulados por Público— tanto en el partido, como en el Grupo Socialista en el Congreso. Y Ábalos, por su parte, se ha convertido en el hombre fuerte de Ferraz, el portavoz de facto del partido y quien marca buena parte de las directrices políticas.

Junto a Ábalos, dos personas vinculadas a la Secretaría de Organización, Santos Cerdán (Coordinación Territorial) y Francisco Salazar (Acción electoral), también están en el centro de decisiones del partido.

Y, tal vez, la tercera persona que más influencia tiene actualmente en Sánchez es la secretaria de Igualdad, Carmen Calvo. La dirigente andaluza ha ejercido de portavoz cada viernes del proyecto Diez acuerdos de país y, además, ha tenido gran protagonismo en los temas de mujeres que han alcanzado su máximo interés a partir del 8-M, aunque se haya producido una importante pérdida del voto de las mujeres para el PSOE según han detectado las últimas encuestas. No obstante, Sánchez confía en ella y hasta le ha encargado los actos para la conmemoración del 140 aniversario de la fundación del PSOE que se cumple el próximo año.

Más allá de la Ejecutiva Federal —donde también juegan un papel destacado Cristina Narbona, Patxi López, Andrés Perelló, Odon Elorza o Manuel Escuedero, entre otros— el líder socialista ha mejorado la relación con los referentes del partido, de los que se alejó durante el proceso de primarias ya que todos ellos apoyaron a Susana Díaz.

Así, se han normalizado las relaciones con José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González —sin llegar a ser las mejores posibles—, aunque no ha ocurrido lo mismo con Alfredo Pérez Rubalcaba, dolido entre otras cosas por el veto de Sánchez a que Elena Valenciano fuese candidata a la presidencia del Grupo Socialista europeo.

Entre Sánchez y Susana Díaz sigue sin haber ninguna empatía y no parece que vaya a haberla

También han mejorado sus relaciones con los “barones”, con una excepción que no ocultan desde Ferraz: Susana Díaz. Aunque la presidenta andaluza se ha refugiado en su labor de gobierno y mantiene las formas, sigue sin haber ninguna empatía entre ambos dirigentes y no parece que vaya a haberla. “Eso, no tiene arreglo”, afirma una cercana colaborada de Sánchez.

Eso sí, ambos mantienen las formas, entre otros motivos, porque Andalucía tiene elecciones a principios del próximo año —además de las municipales de mayo— y a nadie le conviene el enfrentamiento interno.

Con el resto de secretarios generales el tono y las formas han cambiado. Hay mejor relación con Ximo Puig (Valencia) y, pese a la desconfianza mutua que existe entre ellos, también con Emiliano García-Page. Con Javier Lambán (Aragón) tampoco se da el mejor ambiente, pero como en el caso de Andalucía, se mantienen las apariencias externas.

Con quien ha cambiado radicalmente la relación es con Guillermo Fernández Vara. Sánchez habla habitualmente con el presidente extremeño —que, aunque apoyó a Díaz en las primarias, Sánchez lo nombró tras el Congreso presidente del Consejo Federal del PSOE—, ha visitado en varias ocasiones ya la región y, en mucha de las decisiones recientes de Sánchez, se adivina la influencia de Vara. De hecho, un miembro de la Ejecutiva afirmó a Público que Vara tiene ahora sobre Sánchez parecido ascendente al que en su día tuvo Juan Carlos Rodríguez Ibarra con Felipe González.

Su escudero, el mismo que al principio

Más fáciles y cómodas son las relaciones de Sánchez con el resto de secretarios generales ya que, en su mayoría, o le apoyaron en las primarias o, los que ha salido elegidos en los procesos congresuales, son en su mayoría afines a Sánchez. También siguen siendo buenas las relaciones con el PSC.

No obstante, Sánchez sigue manteniendo su mayor confianza en que fue su escudero desde el principio, su jefe de Gabinete Juan Manuel Serrano; aunque también está jugando un papel importante Iván Redondo, quien en su día fue mano derecha del ex presidente del PP en Extremadura, José Antonio Monago.

Pero, según personas muy cercanas a Sánchez, la mayor influencia del líder del PSOE en sus decisiones y su comportamiento le llega desde su casa. “Su mujer, Begoña Gómez, sigue siendo su mayor referente”, aseguran.

Lo cierto, es que un año después de salir elegido secretario general, se puede decir que Sánchez está cómodo en Ferraz y, en esta ocasión, nada tiene que le perturbe su acción política. Si fracasa, nadie podrá echar la culpa en esta ocasión a que no haya llevado el barco por el rumbo que él ha querido.