Publicado: 14.01.2014 07:00 |Actualizado: 14.01.2014 07:00

El PP vuelve a cuestionar a Cospedal por compatibilizar la secretaría general con la presidencia manchega

El rechazo a aplicar el copago hospitalario en Castilla-La Mancha y las críticas a los dirigentes que no dan la cara por el 'caso Bárcenas' acentúa el aislamiento de la número dos en el partido.

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"Yo no le voy a pedir a ningún ciudadano con una enfermedad grave que ayude al pago, aunque sólo sea con cuatro euros". Con esta declaración, efectuada durante una entrevista conjunta con 21 medios de Castilla-La Mancha a finales de la semana pasada, la presidenta de esta comunidad autónoma se desmarcaba de una de las medidas más polémicas decretadas por el Ministerio de Sanidad y que, tanto el Gobierno como el PP, se han esforzado en defender por activa y por pasiva con el argumento de la necesidad de su implantación para mantener la sanidad pública, en particular, y el Estado del bienestar, en general.

Consciente, probablemente, de la que se le venía encima, el sábado, durante la reunión de la dirección nacional del PP con Mariano Rajoy en el Parador de Toledo, María Dolores de Cospedal, respondió a las preguntas de los periodistas sobre este desmarque de las políticas del Ejecutivo nacional con una frase génerica, en la que lo mismo cupo responder por el copago que por el aborto, un asunto que también tiene dividido al Partido Popular: las medidas del Gobierno son "necesarias y absolutamente imprescindibles", afirmó la secretaria general del PP, sin entrar en el detalle de que con ella, son al menos tres las comunidades autónomas gobernadas por su partido las que han decidido no aplicar el copago hospitalario (Extremadura, Comunidad de Madrid o Castilla-La Mancha, junto a la mayoría que lo están retrasando).

La cuestión, razonan en el PP, es que Cospedal es la secretaria general del partido; la número dos del Partido Popular, la formación que apoya al Gobierno que decreta estas medidas y que debe respaldarlo "sin fisuras". Al margen de que los más incisivos achaquen también las palabras de la presidenta castellanomanchega a su "pésima relación" con Ana Mato, la responsable de Sanidad, las voces que reclaman a Cospedal que abandone ya la Secretaría General del PP han subido de tono con esta decisión de la también jefa del Ejecutivo de Castilla-La Mancha. Recuerdan en el partido la "incoherencia" de que Cospedal sí apeló a su condición de secretaria general del PP para evitar pronunciarse sobre el aborto.

"La secretaria general del PP no puede entrar en la estrategia de presión al Gobierno para que ponga o quite medidas en función de sus intereses electorales", razonan los conservadores en referencia a las elecciones de 2015, a las que Cospedal ya ha confirmado que quiere repetir como candidata por Castilla-La Mancha.

Los críticos en el PP con el trabajo de Cospedal o los movimientos para que ésa abandone su puesto en el partido no constituyen nada nuevo. El argumento de estos descontentos se basa en la tesis de que la secretaria general antepone sus intereses personales a los del partido. Sean objetivos electorales, como en el caso del copago hospitalario, sean la defensa de su honor y credibilidad "caiga quien caiga" en el PP, razonan, incluido el presidente del Gobierno, como en el caso Bárcenas.

Efectivamente, en la entrevista concedido a los medios de su región, la número dos del PP insiste en su estrategia de defender su posición frente a las acusaciones del extesorero, aunque ello le suponga poner en entredicho la actitud de silencio de compañeros suyos de partido -el más evidente de todos ellos ha sido el de Javier Arenas- aunque no cita a nadie expresamente. "Yo tengo derecho a mi honor y a mi nombre", mantiene Cospedal. "Que eso te acarrea problemas personales porque son muchas las críticas (las críticas son al que da la cara y al que se enfrenta y el que no da la cara ni se enfrenta siempre queda en un segundo plano), pues sí, es verdad, pero yo creo que era mi obligación [haberse enfrentado a Bárcenas]", concluye.

Con todo, la secretaria general del PP reconoce que este puesto de número dos "es duro" y "no es cómodo", aunque asegura estar a disposición del partido para mantenerse en él o irse.