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MORAGAS La precipitada salida de Moragas del Gobierno levanta ampollas en el PP

El ya exjefe de gabinete de Rajoy siempre tuvo enemigos dentro del partido. Ahora critican que su marcha se deba a un retiro dorado pese a ser responsable de la mala estrategia que dejó al PPC con sólo cuatro diputados en Catalunya.

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con su (ex) jefe de gabinete, Jorge Moragas, en una imagen de archivo. EFE

Nunca les cayó demasiado bien y ahora le ven como uno de los privilegiados de Mariano Rajoy. El presidente, que nunca deja a los suyos en la estacada, le ha proporcionado a su mano derecha un retiro dorado que hasta el mismísimo Wert envidiaría: Jorge Moragas, que ya era uno de los políticos mejor pagados de España, cobrará ahora 200.000 euros al año como embajador en Nueva York.

Su triunfal salida del Gobierno, pese a llevar pactada mucho tiempo, no ha sido bien recibida en el PP. En Génova son muchos quienes creen que el ya ex director de gabinete de su jefe tiene parte de la culpa de la debacle del partido en las pasadas elecciones catalanas del 21-D y, sin embargo, se va por la puerta grande. 

Moragas fue el encargado, junto a Soraya Sáenz de Santamaría y Enric Millo, de coordinar la llamada Operación Diálogo en Catalunya. Una estrategia fallida que terminó con una mala campaña y la reducción del PP catalán que lidera Xavier García Albiol a una formación residual -la última fuerza-, sin grupo parlamentario propio y a la que sólo le quedan cuatro diputados. Además, están ahora en números rojos: el agujero asciende a 1,6 millones de euros

Por si fuera poco, sus tácticas cloaqueras siguen en el punto de mira. Jorge Moragas es, precisamente, uno de los que contribuyó a la Operación Cataluña que Público desveló tras conocer las escuchas del exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Él, fiel amigo desde la infancia de Vicky Álvarez -expareja de Jordi Pujol Jr.-, fue quien la animó a desvelar a la prensa las cuentas que la familia Pujol tenía en Andorra. "Si dieses una entrevista, salvarías España. Yo te haría un monumento", le dijo. 

Después de eso, él mismo habría mantenido reuniones con los Cierco, responsables del BPA (Banca Privada d'Andorra), para conseguir pruebas de la existencia de las mismas a cambio de que el ministro de Economía, Luis de Guindos, frenase una investigación del Servicio de Prevención de Blanqueo de Capitales (Sepblanc). Así lo pudo saber este diario con una información de la que Moragas pidió rectificación (pero nunca denunció). 

Relacionada con esta cuestión está también su intervención como nexo entre la mencionada Vicky Álvarez y la antecesora de Albiol al frente del PPC, Alicia Sánchez Camacho. Moragas impulsó a su amiga a confesar lo que sabía ante la todavía diputada y presidenta del Comité Electoral del PP en una conversación en el restaurante La Camarga que fue grabada por la agencia de detectives Método 3.

Tras descubrirse que Sánchez Camacho había mentido respecto a estas escuchas, unido a sus propuestas ajenas a Génova relativas a una financiación propia para Catalunya, la dirección nacional del partido empezó a mover la silla de la dirigente catalana. Moragas salió en su defensa y acrecentó el número de enemigos internos que ya tenía en Génova, empezando por la propia vicepresidenta del Gobierno con quien -comentan las malas lenguas- "no se soporta".

A día de hoy, tanto uno como otro -ambos fieles asesores de Rajoy que en su día  trabajaron juntos hasta para escribirle discursos importantes como el del Debate del Estado de la Nación- están en el centro de la diana de las críticas de sus compañeros. Él, porque desde que llegó a su cargo de director de campañas del PP sólo logró dos cosas: que el mensaje del partido y del Gobierno fuera el mismo como imagen de unión en épocas de descalabro interno y mantener la mayoría del PP lo suficiente para que Rajoy pudiera gobernar pese a la pérdida de escaños. Sin embargo, su misión de recuperar al votante de centro fugado a Ciudadanos fracasó estrepitosamente. Políticamente, su intento de negociación con Carles Puigdemont antes de la aprobación del artículo 155 de la Constitución para que fuera él mismo quien convocara elecciones y frenase dicha medida también cayó en saco roto.

En el caso de Sáenz de Santamaría, son muchos quienes la culpan del fracaso de la Operación Diálogo que el Gobierno vendió a bombo y platillo al inicio de la legislatura. Además, como jefa del CNI, le critican no haber localizado las urnas que la Generalitat pudo poner en los colegios para celebrar el referéndum del 1-0. Ambos son, para muchos conservadores, corresponsables de la debacle que encabezó Albiol. Y, aunque hay quien ya quiere moverle la silla a ella hasta el punto de que el mismo Rajoy tuvo que intervenir para frenar el motín, también se considera injusto que Moragas no asuma su responsabilidad y sea premiado con su nuevo puesto de embajador en Nueva York. 

En Génova, donde el también coordinador de Relaciones Internacionales y de Presidencia siempre ha sido mirado de reojo, muchos consideran "injusto" que quien no sabía "anticipar situaciones ni resolver problemas" huya en medio de la tormenta y bajo un paraguas de oro. Hay cosas que, aunque las ordene su presidente -con quien sí cierran filas en el partido-, escuecen...

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