Publicado: 22.02.2014 08:00 |Actualizado: 22.02.2014 08:00

"La psicosis antiterrorista en la derecha es cada vez más intensa"

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"Gora Euskadi askatuta, gora Euskadi sozialista!". Su grito aún resuena en el Congreso de los Diputados. Francisco Letamendia (Donostia, 5 de febrero de 1944) alzó el puño en la tribuna y presentó su dimisión en medio de la sesión parlamentaria de aquel 8 de noviembre de 1978. 

Ortzi era el único representante de Euskadiko Ezkerra (EE) y fue uno de los pocos congresistas que votó en contra de la Constitución ya que el texto que se debatía entonces no reconocía el derecho de autodeterminación. Por desacuerdos con EE, abandonó la formación para, pocos meses después, ubicarse en Herri Batasuna, con la que fue cabeza de lista en la provincia de Bizkaia. Fue elegido de nuevo diputado, pero nunca más volvería a pisar el Congreso por la consigna de la izquierda abertzale de no participar en la institución.

Antes de su vida parlamentaria, Letamendia estuvo exiliado en Francia, desde donde escribió sobre el Proceso de Burgos de 1970 en el que también intervino. En 1982 se desvinculó por completo de la política para dedicarse a lo que ha sido su vida desde entonces: la docencia y la investigación. Profesor y doctor en Historia Social, dirige el Departamento de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco. Es autor, además, de una amplia biografía. Este sábado presenta en Madrid (Librería Marabunta, 19 horas) dos de sus últimas obras: Dos ensayos vascos. Fin de ETA y resolución del conflicto. Respuestas a la crisis (2009-2012) El hilo invisible: identidades políticas e ideologías.

Su trayectoria académica se caracteriza por ser una de las más prolíficas en cuanto a publicaciones sobre la historia del pueblo vasco. ¿El resto de España ha entendido algo de lo que es Euskadi?

Este es un momento en el que en el pueblo español se puede entender muy bien lo que está ocurriendo en Euskadi porque hay muchos vasos comunicantes. Yo diría que la situación que se abre en 2007-2008 con la crisis terminal que está viviendo el Estado español, inducida, por una parte, por los mercados, y por otra, por la política de sumisión absoluta del Gobierno del Partido Popular a la política de los mercados, ha generado un sentimiento de indignación. Ese sentimiento se expresa a través de una opinión pública mayoritaria que defiende que esas actitudes del Gobierno son éticamente inadmisibles. La indignación está produciendo movilizaciones que en el País Vasco se siguen con mucho interés y mucha simpatía. Gamonal, las mareas... Lo que plantean los sectores relevantes de la sociedad vasca es que el derecho a decidir se puede comprender ahora mucho mejor desde España porque al final todos estos movimientos indignados lo que están reivindicando es su derecho a decidir frente a los mercados y frente a una política absolutamente impopular.

¿El Gobierno español ataca el derecho a decidir?

"El Gobierno genera una política represiva que va en contra de la mayoría indignada"

Lo limita y genera una situación donde prima una política represiva que va en contra de esa mayoría indignada. Hay un arsenal represivo en el Estado español que cristalizó entre 2002 y 2003 a través del pacto antiterrorista entre el PP y el PSOE. Independientemente de la consideración que pueda tener el terrorismo, esa situación jurídica represiva crea una situación de emergencia y, aunque la emergencia haya desaparecido, esas políticas se continúan aplicando, no sólo en el País Vasco, sino también en todo el Estado español.

¿Desde dónde se cuestiona la unidad territorial de España?

En las izquierdas hay una movilización popular y obrera muy fuerte. Pero desde las derechas hay una radicalización de posturas extremas que, por otra parte, se ve en toda Europa. En el Estado español se refleja en actitudes muy xenófobas y, sobre todo, en actitudes, como lo llaman desde esos sectores, anti separatistas y anti terroristas. Estas reacciones entran dentro del terreno fantasmático. El terrorismo ha desaparecido y sin embargo esa psicosis antiterrorista es cada vez más intensa. El Estado español se agarra a un clavo ardiendo para legitimar políticas ilegítimas a todos los niveles. A nivel social, está la ley del aborto, las reformas laborales... Y cuando desaparecen todos los vínculos de deslegitimación, subsiste uno solo, que es la deslegitimación derivada del enfrentamiento al enemigo.

¿Qué enemigo es ese?

Un enemigo exterior como es el caso de los inmigrantes o un enemigo interior como es el caso del supuesto terrorismo. Es una situación totalmente grotesca. En este momento, en todo Occidente hay unos movimientos, que comparten sentimientos de agravio, muy fuertes en elementos al margen de la política oficial, en fuerzas ecologistas, en fuerzas indignadas contra los mercados o en nacionalismos periféricos de izquierda. Lo que ocurre es que también hay movimientos muy fuertes en la extrema derecha que, en el Estado español tienen unas connotaciones absolutamente grotescas de resucitar a un muerto.

"La cultura del Sur de Europa y, muy especialmente la cultura del Estado español, ha sido genuinamente antidemocrática"

Siguen hablando de ETA como si, efectivamente, siguiera existiendo. Es absurdo hablar de delitos de genocidio. Y es muy indignante ver que los que hablan del genocidio de ETA tienen una actitud de tolerancia, cuando no de connivencia, con lo que efectivamente fue un genocidio espantoso como los millones de muertos del franquismo.

¿Al Gobierno le interesa abrir un proceso político en Euskadi o en Catalunya parecido al de Reino Unido?

En absoluto. La cultura política anglosajona ha sido mucho más flexible. La cultura del Sur de Europa y, muy especialmente la cultura del Estado español, ha sido genuinamente antidemocrática con su postura de no dejar a una mayoría de personas de un territorio dado que decida sobre sí misma. No sé lo que está pasando en Catalunya, pero en este momento en el País Vasco no se está hablando de identidades, se está hablando de procesos políticos concretos. Los que tenemos contacto con gente del Estado español podemos comprobar, tal vez no todavía a nivel electoral, pero sí a nivel de opinión pública, una mayor comprensión sobre lo que reclama el País Vasco: seamos nosotros los que decidamos, que no decidan unos supuestos mercados, una palabra muy opaca y que oculta unos nombres y apellidos, a través de estos títeres macabros, que son los Gobiernos actuales.

¿Por qué abandonó la política activa?

Dejé mi escaño como diputado un mes antes de la finalización de la primera legislatura. Entonces había dos actitudes: la de no participar en modo alguno en el Congreso y otra de participar para llegar a un acuerdo, una vía que, como una gotita en el océano, yo representaba. Presenté una enmienda al debate constitucional pidiendo la inclusión del derecho a la autodeterminación. La votaron cinco personas. En aquel momento se vio que era imposible.

"La lucha armada es muy maniquea, no hay más que blanco o negro. La resolución de un conflicto nunca es monolítica"

Yo comparecí con Euskadiko Ezkerra (EE) y en aquel momento, y eso lo sabíamos lo que estábamos en la cocina del tema, estaba ya iniciando los pasos para su fusión con el PSOE. A principios de 1982 me marché a Francia porque era la única manera de poder entregarme a la docencia y a la investigación, que es lo que me interesa. La política es un gusanillo que siempre lo tienes dentro. Lo que hago es respaldar la vía del derecho a decidir desde el aparato académico.

Dice que en su época de diputado era imposible, pero ¿ha existido alguna vez la posibilidad de llegar a un acuerdo sobre el derecho de autodeterminación?

Hemos llegado a acuerdos a muchos niveles. Entre las dos familias del nacionalismo vasco, como ocurrió en Irlanda del Norte entre Sinn Fein y Social Democractic and Labour Party, y entre las fuerzas políticas vascas. Ahí, evidentemente, se incluye al PSOE vasco y al PP vasco. El tercero será entre la sociedad vasca y el conjunto del estado español. Vale, de momento es utópico, pero vamos a seguir actuando para que eso se haga posible. Esa es la vía en la que está implicada actualmente la izquierda abertzale, que siempre ha estado muy latente y que sintoniza con una mayoría cada vez más grande en el País Vasco. Esa actitud era incompatible con el mantenimiento de una lucha. Pero claro, la lucha armada es muy maniquea, no hay más que blanco o negro. La resolución de un conflicto nunca es monolítica, sino que se admiten posicionamientos de la otra parte. Afortunadamente hay vasos comunicantes entre la izquierda abertzale y el PNV, pero esa vía se tiene que extender, por supuesto a las restantes fuerzas políticas del País Vasco. La fuerza más próxima es el PSOE y después esperemos que también vaya el PP. Por qué no. Mejor dicho, es que es absolutamente necesario que se llegue a ese acuerdo como paso previo a un acuerdo general entre Estado español y sociedad vasca.

Su gesto en el Congreso para presentar su dimisión en plena sesión con el puño levantado y gritando "Gora Euskadi askatuta, gora Euskadi sozialista" aún sigue en el recuerdo de muchos

"Si se abriera una vía de contacto entre el Gobierno y los interlocutores de los presos, la disolución sería más probable"

Me proporcionó un capital de cariño y de popularidad en el País Vasco y entre la izquierda española, donde hay elementos que lo recuerdan como algo próximo a ellos. También me generó una enorme cantidad de hostilidad (risas) desde otras puertas. He tenido un gran respaldo de la mayoría de catedráticos, pero sin embargo he tenido también cerradas otras vías. Eso es peccata minuta. Con muertes que ha habido en los dos bandos, no tiene importancia.

¿En qué momento se encuentra el proceso de fin de ETA? (La entrevista está realizada antes del anuncio de los verificadores internacionales)

Hacer predicciones sobre algo que todavía no ha ocurrido, aunque sea tan inminente, es imprudente. Evidentemente, los responsables de la comisión internacional de verificación son gente con una experiencia enorme en procesos de paz y gente con las más altas responsabilidades policiales y militares en Occidente. La actitud ridícula del Gobierno español, diciendo que son comparsas y que están en nómina de la izquierda abertzale, ya no es una falta de respeto, sino de sentido común. Lo que a mí me consta es que la comisión está en contacto con la delegación de ETA en Noruega. La vía del abandono de la violencia está cerrada y va a seguir funcionando. ETA lo va a llevar a cabo por muchos rayos y centellas, muchos procesos y muchos excarcelamientos que siga habiendo.

¿Vislumbra una disolución y un desarme definitivos?

Hay algo que el líder socialista (Jesús) Eguiguren, al que tengo mucho respeto y mucha simpatía, dice: no hay ningún Ejército que se rinda dejando a sus soldados en la cárcel. De momento, por parte del partido en el Gobierno o del PSOE, el partido que podía ser la alternativa al Gobierno, no ha habido la más mínima sugerencia de cuál va a ser el destino de esos presos políticos. ETA, a pesar de su decisión absolutamente irreversible y definitiva del abandono de la violencia, guarda una cierta actitud de cautela. En la izquierda abertzale hay gente que dice que tendría que procederse ya a una disolución, que eso facilitaría las cosas. Pero también hay gente que hace suya la frase de Eguiguren.

"Ayudaría al proceso de paz que el reconocimiento del daño causado fuera universal y capital para las dos partes"

Yo, la verdad, es que no lo sé. Sin embargo, sé que si abriera alguna vía, por discreta que fuera, desde el Gobierno y la alternativa al Gobierno de contacto con los elementos mediadores de los presos políticos, la disolución sería mucho más probable. Es un elemento más del proceso de paz y eso va a llegar, sin duda ninguna. Ahora, es posible que si no hay la mínima vía entre Gobierno y los interlocutores, se produzca todo lo contrario. Estos interlocutores deberían estar en contacto permanente con los Gobiernos, como ocurrió en Irlanda del Norte.

¿El reconocimiento del daño causado sería un gran paso?

Por supuesto. El reconocimiento debe ser aplicable a todo el panorama de violencias que se han perpetrado en el País Vasco. Se habla de qué barbaridad, presos que quedan libres, pero en el otro bando no han pasado 25 años, han pasado meses. Ayudaría mucho al proceso de paz que ese reconocimiento del daño causado fuera universal y capital para las dos partes. Desde luego, la impunidad de todos los crímenes conocidos a lo largo de todos estos años y respecto a las decenas de miles de personas torturadas es absolutamente total.