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El pulso de poder entre Arenas y Zoido rompe al PP de Sevilla

El ministro del Interior y el vicesecretario del partido en Madrid impulsan a sus candidatos respectivos para mantener el poder en la dirección provincial de cara al congreso. La lucha enconada deja a los conservadores al borde de una gestora y a Moreno Bonilla, en medio del fuego cruzado.

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Javier Arenas conversa Juan Ignacio Zoido en una reunión del PP andaluz. EFE/Julio Muñoz

La renovación en la dirección del PP de Sevilla, la agrupación más potente del partido en Andalucía, se ha convertido en un enfrentamiento sin precedentes entre oficialistas y críticos. No es habitual que se hable de dos familias conservadoras y mucho menos que las luchas internas se aireen del modo en el que lo están haciendo, con palabras gruesas y acusaciones cruzadas de manipular el censo, pucherazo y deslealtad a las puertas de un congreso provincial.

El candidato oficial es Juan Bueno, actual presidente del PP sevillano y diputado en el Parlamento andaluz, y la aspirante crítica es la exnúmero tres del PP regional y actual portavoz en la Diputación provincial, Virginia Pérez.

Pero lo que explica el alto nivel de crispación que consume a los populares en la fase precongresual es el forcejeo en la distancia entre Juan Ignacio Zoido y Javier Arenas, los dos últimos presidentes del PP andaluz, por hacerse con el control del PP de Sevilla. No es una simple disputa orgánica entre Juan Bueno y Virginia Pérez. Detrás del candidato oficial está Zoido, con el aval de la secretaria general del PP nacional, María Dolores de Cospedal; y en el bando crítico está Arenas y su gente (Patricia del Pozo, Macarena O’Neill).

El fuego cruzado ha pillado en medio y aparentemente desorientado al actual líder del PP andaluz, Juan Manuel Moreno, sin que se le conozca un papel determinante en el pulso por el control del partido en Sevilla. Moreno vino impuesto por la dirección nacional, de la mano directa de Mariano Rajoy, pero ni Zoido ni Arenas le han dejado acercarse un milímetro al puesto de mando del partido en Sevilla. Ni tiene aliados dentro ni parece querer buscarlos.

El presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy (c), junto a Juan Ignacio Zoido(2i), Juanma Moreno (2d), Juan Bueno (1d) y Javier Arenas (1i) en un mitin en las últimas elecciones municipales. EFE/José Manuel Vidal

En esta guerra, algunas fuentes lo sitúan más próximo a Virginia Pérez, que formó parte de su ejecutiva, pero a la que no se atrevió a defender cuando Juan Bueno forzó su dimisión como secretaria provincial del PP sevillano. Aquel primer choque de trenes, que casi deja el partido en manos de una gestora, es el origen de las dos candidaturas que hoy concurren al congreso, y en las que militan desde la retaguardia Zoido y Arenas.

El PP de Sevilla está roto, pero el origen de esta profunda crisis es anterior: hay que buscarlo en las traumáticas elecciones municipales de 2015, en las que los populares perdieron la Alcaldía de la capital. Zoido, hasta entonces regidor con una mayoría histórica de concejales, pasó a la bancada de la oposición, y más tarde abandonó el Consistorio hispalense para ser ministro de Interior de Mariano Rajoy, dejando tras de sí un grupo dividido y enfrentado.

La portavoz del PP en la Diputación de Sevilla, Virginia Pérez, en una rueda de prensa. E.P.

El congreso provincial del PP en Sevilla no es sólo un pulso por el control del partido, existe una correspondencia por hacerse con las riendas del grupo municipal tras la marcha de Zoido. El ahora ministro abandera a los fieles de su antiguo equipo (Alberto Díaz le relevó como portavoz) y Arenas promociona a uno de los concejales críticos, Beltrán Pérez, que lleva 14 años en el Ayuntamiento.

Lo habitual, hasta hoy, era que las diferencias dentro del PP se limasen en privado, porque esta formación no es de airear sus enfrentamientos. Pero esta vez el entendimiento parece complicado, porque la rivalidad entre oficialistas y críticos llega a ser incluso personal, según miembros de ambas candidaturas.

Esta semana, el choque de trenes ha llegado a un punto de no retorno. La elección previa de los compromisarios que acudirán a votar al congreso del próximo 21 de mayo se ha librado a cara de perro. El equipo de Juan Bueno ha acusado públicamente a los críticos de inflar los censos, sumando electores que no estaban contabilizados oficialmente (hermanos, primos, abuelos y demás familiares); y los críticos han acusado a sus oponentes exactamente de lo mismo.

En este momento hay más de 8.000 inscritos para votar (una cifra desproporcionada, inusualmente alta si se revisan los números de anteriores congresos provinciales de Sevilla). Sobrevuelan los cuchillos, las impugnaciones de inscritos, las denuncias de afiliaciones masivas en el último minuto…La dirección regional de Juanma Moreno, hasta ahora al margen, ha tenido que llamar al orden (y levantar teléfonos en Génova 13).

Mariano Rajoy hace una confidencia a Javier Arenas con Fernandez-Maillo de testigo, en el último congreso nacional del PP. EFE/Juanjo Martín

Por segunda vez en nueve meses, el PP andaluz ha amenazado con dejar la dirección del partido en Sevilla en manos de una gestora si los dos candidatos en liza no eran capaces de consensuar las reglas del juego. Esto que está pasando ha dejado boquiabiertos a todos los que han conocido la trayectoria del PP de los últimos 25 años. Es un escenario inédito en una formación que suele funcionar históricamente como una roca, sin dobleces y con un solo candidato (normalmente impuesto desde arriba, o por la dirección regional o por la nacional).

Rajoy ya ha dejado claro que no quiere que las dos candidaturas que compiten por liderar el PP de Sevilla lleguen vivas al congreso del 21 de mayo. La secretaria general del PP-A, Dolores López, ha propuesto a ambos aspirantes un pacto para que el ganador integre en su lista a los perdedores, ajustándose a la proporción de los votos que obtenga cada lista. A los oficialistas de Juan Bueno no les ha parecido bien, porque quieren elegir a todos los miembros de su ejecutiva, y evitar que se prolongue la cizaña en el futuro órgano de decisión.

El pasado miércoles por la noche, la dirección nacional del PP (previo aviso a Rajoy, que se encuentra de viaje oficial en Brasil) forzó un acuerdo entre ambos candidatos de cinco puntos que, según algunas fuentes, excede los propios estatutos del partido. Al final, Bueno y Pérez han tenido que aceptar que en la futura ejecutiva del PP de Sevilla convivan de mala gana miembros de las dos listas, en la proporción que obtengan en las votaciones previas, de modo que la rivalidad interna encontrará continuación oficial dentro del partido. Ninguna de las candidaturas parece conforme con el acuerdo impuesto desde Madrid, pero ambos han acatado religiosamente, lo que da una idea de lo disciplinado de este partido en Andalucía.

El líder del PP andaluz, Juan Manuel Moreno, en una reunión de la Junta Directiva Regional. Flickr PP Andaluz

En la votación de este viernes, que arranca a las 16.00 horas y termina sobre las 20.00 horas, quien logre un voto menos tendrá que retirarse de la carrera presidencial. Aunque los estatutos del partido sólo obligan a que el perdedor se retire si la distancia con su rival es superior a 15 puntos. Como no hay antecedentes de que hayan llegado dos candidaturas a un congreso del PP de Sevilla, no es posible asegurar si un candidato con menos apoyos de compromisarios podría dar la vuelta al resultado en la votación final.

Otro punto del acuerdo impuesto por Rajoy obliga al ganador, es decir, al futuro presidente del PP de Sevilla a elegir a su número dos (secretario general) de entre las filas de la candidatura rival, siempre que la diferencia de votos entre ambos no llegue al 40%. En el caso de una victoria tan abultada, no sería necesario, pero aquí las fuerzas entre oficialistas y críticos están muy igualadas.

Tampoco este requisito encuentra cabida en los estatutos del partido, que dan libertad al ganador para elegir a su ejecutiva. Zoido ha pedido “que se resuelva bien” el congreso de Sevilla, y desde su cuenta de Twitter, Arenas ha animado a la “máxima participación”. “A todos nos une mejorar el partido”, subraya. Sendos llamamientos a la concordia cuando la guerra interna se avecina larga e irremediable.