Público
Público

XVIII CONGRESO NACIONAL DEL PP Rajoy advierte a la oposición: "El diálogo no es un peaje"

El presidente del Gobierno promete hacer "concesiones" siempre que sean "razonables" y no exijan derogar sus reformas. Aprovecha el último día del Congreso para hacer las paces con Aznar: "Sus años como presidente son un orgullo para el PP"

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

El líder del PP, Mariano Rajoy, saluda a los asistentes al acto de clausura del XVIII Congreso nacional del Partido Popular qque se celebra en la Caja Mágica de Madrid. EFE/FERNANDO VILLAR

"El diálogo no es un peaje". Esa es la advertencia que Mariano Rajoy ha lanzado este domingo a toda la oposición. En plena negociación de los Presupuestos Generales del Estado, el presidente del Gobierno ha asegurado que está dispuesto a hacer "concesiones" para llegar a acuerdos, pero sólo si éstas son "razonables". Es decir, no está dispuesto a derogar sus reformas porque, como ya dijo ayer con respecto a su equipo, "no se cambia lo que funciona". 

El presidente del Gobierno y del partido Popular, Mariano Rajoy , saluda a los asistentes a la clausura del XVIII Congreso nacional del partido que se celebra en la Caja Mágica de Madrid. EFE/Javier Lizón

Tras reunir a su nuevo Comité Ejecutivo por primera vez, Rajoy ha clausurado el XVIII Congreso del PP con un discurso soporífero de casi 50 minutos en el que, no obstante, dejó sitio para alguna de sus frases grandilocuentes. "El diálogo al servicio de España no significa vender favores al Gobierno, sino abrirnos a las razones del otro para trabajar por la labor común: trabajar con eficacia para los españoles", insistió. 

Y pese a reconocer que su minoría le obliga a buscar el entendimiento, incidió en que sólo lo intentará si es "para mejorar, no para ir a peor". Para ello, marcó una línea roja, un "punto básico: no deshacer lo ya hecho, no desandar lo andado y no hacer contrarreformas de las reformas porque nadie lo entendería, sería ponernos zancadillas a nosotros mismos", dijo tras casi media hora de mítin sobre los 'logros' de su reforma laboral y el austericidio de la legislatura pasada que llevó a España a salir de la crisis y generar "confianza y estabilidad". 

"Pero para la estabilidad y la certidumbre lo más importante es que el Gobierno pueda gobernar", repitió en su resumen de todos los discursos del último medio año. "Las obligaciones de este mandato no se dirigen sólo al Gobierno, sino a todos; nosotros estamos obligados a dialogar en el mismo grado que lo están los demás", agregó para corresponsabilizar especialmente al PSOE de la aprobación (o no) de las cuentas del Estado.     

Begoña Villacís (c), Ana Oramas (d) y Miguel Gutiérrez asisten al acto de clausura del XVIII Congreso nacional del PP. EFE/Javier Lizón

También tuvo palabras para sus socios de Coalición Canaria y Ciudadanos. Ana Oramas (CC) y Miguel Gutiérrez y Begoña Villacís (C's) escuchaban la intervención del presidente sentados en el plenario habilitado en la pista central de la Caja Mágica. "Somos colegas de bien, aunque alguna vez podamos tener algún problema", bromeó desde su tribuna. Y aseguró que Albert Rivera le había llamado para felicitarle -cuestión que el líder de C's desmintió a la prensa (sólo envió un sms)-: "Le dije que no apretara mucho", siguió con el chascarrillo. La portavoz de los naranjas en el Ayuntamiento de Madrid le devolvió el gesto negando con el dedo a lo lejos. 

Rajoy gastó la palabra "diálogo" durante casi la mitad de su discurso triunfal frente a sus afiliados, pero no la usará con los soberanistas de Catalunya. "Sobre el cumplimiento de la Constitución no es posible negociación alguna", sentenció. "No se puede debatir sobre cómo nos ponemos de acuerdo para incumplir la ley", apostilló para volver a arrancar el aplauso de los suyos negando cualquier posibilidad de referéndum.

"La secesión no es una poda agradable hecha por un amable jardinero, sino amputación terrible y dolorosa que no hay cirujano que salve"

¿La independencia? "La secesión no es una poda agradable hecha por un amable jardinero, sino amputación terrible y dolorosa que no hay cirujano que salve". ¿El procès? "Un disparate". ¿El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont? "Un gobernante que abdicó de sus responsabilidades" cuando dejó la "silla vacía" en la Conferencia de Presidentes.

Hablando de abdicaciones, Rajoy se acordó del relevo en la Casa Real que ha tenido lugar en estos últimos cinco años que han pasado entre el XVII Congreso del PP y el XVIII. "Lo primero es lo primero", dijo antes de leer el telegrama que los conservadores envían tradicionalmente tras la celebración de sus cumbres y en el que prometen "lealtad a la Corona". 

Juan Carlos I no fue el único 'desaparecido' de la vida pública del que se acordó: por primera vez en todo el fin de semana, Rajoy mencionó, "con un recuerdo muy especial", a la fallecida Rita Barberá; al fundador de su partido, Manuel Fraga ("figura clave en nuestra democracia", dijo); y también citó "con gratitud" a José María Aznar. "Sus años como presidente (del PP) son un orgullo y sus años de Gobierno, una herencia de la que nos hemos beneficiado todos los españoles", le dedicó para apaciguar sus rotas relaciones. 

La misma gratitud mostró él con los compromisarios del PP que ayer le ratificaron, con un 95% de los apoyos, como presidente del partido. También tuvo su momento de autoalabanza: "En el anterior Congreso del PP, en Sevilla, os pedía fe. No podía pedir otra cosa porque tenía las manos vacías y los acreedores llamando a la puerta. Hoy los españoles no necesitan fe en el futuro: lo tienen delante de los ojos, lo tocan y es palpable. Antes todo era invierno; hoy, una primavera tibia, pero llena de promesas", volvió Rajoy a su verbo barroco. Incluso presumió de "ejemplaridad" pese a la corrupción que ensombreció su cumbre

Cospedal, sobre su jefe: "Hay cargos que hacen al hombre y hombres y mujeres que hacen los cargos"

La presentación de su ratificada secretaria general no se había quedado corta: "Existen cargos que hacen al hombre y hombres y mujeres que hacen los cargos", espetó María Dolores de Cospedal para resaltar los  "cinco años (de Rajoy) dignificando el cargo de presidente" del PP. 

Ambos resumieron los mensajes de "unidad" y "grandeza" del PP que todos sus dirigentes vendieron durante todo el fin de semana. Incluso después de que Rajoy restara parte de su poder a Cospedal al ascender a Fernando Martínez-Maíllo a coordinador general, los demás miembros de la lista negaron que ello supusiera ningún conflicto de poder. En la práctica, aseguran, todos se comunicaban con uno u otro indistintamente cuando el coordinador era sólo vicesecretario de Organización.

Mariano Rajoy felicita a María Dolores de Cospedal durante la clausura del XVIII Congreso nacional del partido que se celebra en la Caja Mágica de Madrid. EFE/Javier Lizón

Parece que en la Caja Mágica de Madrid todo termina como empezó: con los populares pendientes de lo que ocurría con Podemos en Vistalegre ("la casta populista que se encuentra sólo a 7 kilómetros", les insultó Cospedal); orgullosos de ser "un partido español que no reniega de España", "grande, democrático [pese a la acusación de "pucherazo"] y con personalidad, distinto a los demás", "que ampara valores con los que se identifica la mayoría de españoles"; y con su líder más "endiosado" que nunca.

Rajoy ha eliminado prácticamente todos los vestigios aznaristas de su Ejecutiva y apagado las posibles luchas internas de quien pretendiera moverle la silla. No ha habido primarias ni las habrá, al menos, hasta el próximo Congreso, dentro de cuatro años.

Ya lo dijo él: le queda "tiempo" por delante. También su número dos: "Somos un partido renovado, auténtico y que mira hacia el futuro". Un futuro en el que nada cambia. Al menos, no su ideario. Ni su liderazgo. Ni su cúpula. "Todo ha salido como tenía que salir", zanjó Cospedal. "La mejor lección que nos deja la crisis es la confianza en nosotros mismos. Conservad siempre ese espíritu de españoles que miran por España", concluyó Rajoy.