Publicado: 11.01.2014 20:55 |Actualizado: 11.01.2014 20:55

"Rajoy, escucha este silencio"

Una marea humana desborda Bilbao para reclamar el "cese de las agresiones" al proceso de paz y reivindicar el acercamiento de los presos vascos

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Las calles se saturaron, los móviles dejaron de funcionar y el silencio se convirtió en un grito unánime contra la dispersión. Así transcurrió la multitudinaria manifestación celebrada este sábado en Bilbao a favor del proceso de paz. La convocatoria formulada por todos los partidos nacionalistas -con PNV y Sortu a la cabeza- tras la prohibición de la movilización de la plataforma Tantaz Tanta ha contado con una adhesión ciudadana sin antecedentes. "Por encima de los partidos, ha sido la sociedad quien ha decidido movilizarse", coincidieron en señalar a Público varios participantes.

Desde el mediodía, los accesos a Bilbao se vieron abarrotados de autobuses especialmente contratados para llegar hasta la capital vizcaína. Muchos vehículos fueron retenidos en los controles montados en la autopista por la Guardia Civil, algo que no deja de ser habitual en este tipo de convocatorias. El metro suburbano también experimentó un incremento de viajeros a medida que avanzaba la tarde, a tal punto que salir de las estaciones más céntricas se convertía en una auténtica odisea. En el Casco Viejo bilbaíno, los bares y restaurantes superaban ampliamente su clientela habitual para un sábado de enero.

Cuando aún faltaba media hora para el comienzo de la movilización, las calles que rodean el parque de La Casilla -lugar de partida- ya eran intransitables. Poco después de las 18.00, la marcha empezó su lento peregrinaje hacia el ayuntamiento de Bilbao. Tal como había sido previamente acordado por los partidos y sindicatos participantes, detrás de la pancarta con el lema "Derechos Humanos - Solución - Paz" se situaron los representantes de las distintas organizaciones convocantes. Al igual que había ocurrido 23 horas antes, las cámaras apuntaban especialmente hacia los presidentes del PNV y Sortu, Andoni Ortuzar y Asier Arraiz, quienes el viernes por la tarde habían tenido la misión de anunciar públicamente esta convocatoria.

Detrás de ellos había muchos familiares de presos vascos, todos ellos con un pañuelo blanco atado al cuello. A medida que avanzaban por las abarrotadas calles, la multitud rompía el silencio pactado con un grito atronador: "Euskal presoak, etxera" ("los presos vascos, a casa"). "Llevamos varios días con inquietud, estupor y hasta mala leche. Pero hoy estamos contentos, porque ha habido un vuelco: los partidos han visto que estamos ante una situación injusta y antidemocrática", comenta a Público Elías Miner. Su hermano está preso en la cárcel de Granada, a casi 900 kilómetros de su Hernani natal. "Es hora de que el gobierno de Rajoy escuche este silencio, y también este grito, contra la dispersión", afirma.

Algunos metros más adelante, Mikel González se prepara para levantar su bandera republicana al paso de la manifestación. En su chaqueta lleva una chapa del Partido Obrero Socialista Internacionalista (POSI), una de las pequeñas formaciones de izquierda que también han querido estar presentes en este acto. "Las organizaciones obreras y populares -sostiene- deben convencerse de que hay que buscar una solución radicalmente democrática al problema de los presos y exiliados".

Además de la enseña republicana de Mikel, durante el recorrido también flamearon algunas banderas de Izquierda Castellana. Detrás de una de ellas estaba Héctor, un joven que había venido desde Madrid para tomar parte en esta histórica jornada. "No nos queríamos perder esta oportunidad de demostrar nuestro apoyo a los presos", explica a Público. De repente, su voz se pierde entre los gritos que levanta el paso de la cabecera de la movilización, escoltada por varios voluntarios y dos patrullas de la Policía Municipal. "Presoak kalera, amnistia osoa" ("los presos a la calle, amnistía total"), se escuchó entonces.

A los costados de la carretera, personas de distintas edades levantaban los carteles con las gotas de agua que iban a caracterizar la movilización de la red ciudadana Tantaz Tanta. Otros, directamente, optaron por disfrazarse de gotas andantes. Al igual que el día anterior en las redes sociales, algunos manifestantes bromearon con el "Eskerrik asko, Velasco" ("muchas gracias, Velasco"), en alusión al juez que había decretado la polémica prohibición.

"Todo lo que ha ocurrido hasta el día de hoy, incluyendo esta manifestación, es realmente increible", dice Antonio, un catalán afincado en el Goierri. En su espalda lleva la senyera, otra de las banderas que se dejó ver a lo largo del recorrido. Algunos de los catalanes presentes quisieron contar la experiencia en directo a sus paisanos, pero no fue posible: las líneas de móviles quedaron saturadas. Teléfono en mano, algunos se esforzaban por conocer lo que comentaban las redes sociales sobre el índice de participación, pero resultaba materialmente imposible. "Nunca había visto tanta gente junta en Bilbao. Creo que se han batido todos los récords", aseguraba un veterano simpatizante abertzale. A este hombre de txapela no le hacía falta el Twitter para confirmar lo que prácticamente todos sospechaban: los manifestantes en la capital vizcaína se contaban por decenas de miles.

Después de cumplir el recorrido previsto, la cabecera de la marcha logró llegar al ayuntamiento de Bilbao. Allí no hubo discurso ni declaraciones. El silencio se quebró por los aplausos, y los aplausos por una vieja canción popular vasca. "Vuelve a Euskadi, vuelve a casa", decía el estribillo. Terminaba así un sábado marcado por el silencio y los gritos contra la dispersión.