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Los renovadores del PP andaluz amenazan a Moreno y Cospedal con ir a los tribunales

Los candidatos a presidir el partido en Sevilla y Jaén acusan a Génova de querer tutelar los congresos provinciales. La crisis interna en cuatro provincias pone en cuestión el liderazgo del presidente regional, Juanma Moreno

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), y el líder del PP andaluz, Juanma Moreno (i), saludan tras finalizar la intervención del jefe del Ejecutivo, durante la clausura del 15 Congreso Autonómico del Partido Popular que se ha celebrado este fin de semana en Málaga. EFE/Jorge Zapata

El PP de Andalucía vive una situación irreconocible. La dirección regional, presidida por Juan Manuel Moreno, se renovó con un cierre de filas habitual, sin apenas ruido interno, porque ningún otro candidato alternativo disputó el liderazgo al malagueño.

Sin embargo, el turno de la renovación en los congresos provinciales está siendo un caos, un alboroto inédito en el PP, que afronta duras crisis internas en Sevilla, Jaén, Córdoba y Granada. Una de ellas, la de Jaén, puede acabar en los tribunales, si el candidato crítico consuma la advertencia que ha hecho este martes.

En estas dos últimas provincias, la guerra entre candidatos se ha desatado después de que la ejecutiva nacional de Mariano Rajoy, con la complicidad de Moreno, prohibiese a los actuales presidentes provinciales repetir en el cargo. Ambos son secretarios de Estado -el cordobés José Antonio Nieto, de Interior; y el jiennense José Enrique Fernández de Moya, de Hacienda- y los nuevos estatutos del partido impiden compatibilizar cargos, salvo casos excepcionales.

Rajoy ha admitido esa excepción para el actual presidente del PP de Cádiz, Antonio Sanz, a la sazón delegado del Gobierno en Andalucía (exmano derecha y amigo personal de Javier Arenas). Pero no para los otros dos, lo cual ha generado malestar en las direcciones de Córdoba y Jaén, que al final se ha traducido en un duro enfrentamiento entre aspirantes.

Moya y Nieto se sienten “vetados” por Madrid con la connivencia a Juanma Moreno, y por ello han impulsado listas alternativas a la apuesta del regional, porque temen que el presidente intente meterles en casa a una persona de su confianza. Sus temores no eran infundados.

En Córdoba, Nieto avaló para sucederle a su mano derecha, el diputado Adolfo Molina, y a las pocas horas vio cómo se postulaba la también parlamentaria Rosario Alarcón, en quien Moreno confiaba para hacerse con el control de la organización. Pero el liderazgo del presidente del PP-A no ha penetrado en la ciudad califal. El lunes Molina se proclamó precandidato tras obtener el 82,06% de las papeletas, frente al 17,24% de Alarcón.

En Jaén sucede algo similar. Dos alcaldes se disputan la presidencia del PP provincial, el regidor de Santisteban del Puerto, Juan Diego Requena, es el sucesor natural de Fernández de Moya; y el alcalde de Porcuna, Miguel Moreno, es el candidato crítico, en teoría más próximo a Juanma Moreno. Ambos han superado la primera fase congresual, obteniendo suficientes votos para ser proclamados candidatos oficiales en el congreso (Moreno se impuso con el 55,9% y Requena con el 43,8%).

La dirección regional del PP intenta sin mucho éxito aplacar el ruido y en las últimas horas ha reclamado a las agrupaciones más enconadas, Sevilla y Jaén, a buscar líneas de entendimiento. “Sin unidad no hay liderazgo”, ha avisado el portavoz del PP-A, Elías Bendodo. Pero sus compañeros no parecen haber respondido a este llamamiento.

En Sevilla, el enfrentamiento entre el candidato oficial y actual presidente, Juan Bueno, y la aspirante crítica (avalada por Arenas), Virginia Pérez, se ha saldado en favor de la segunda por un puñado de votos (24 papeletas).

Esta victoria se produce en la fase previa de elección de compromisarios que acudirán al congreso provincial, el próximo 21 de mayo, bajo el compromiso por parte de ambos candidatos de que quien perdiese en la primera ronda se retiraría, y así sólo llegaría un aspirante vivo al congreso. Bueno y Pérez asumieron ese compromiso a regañadientes, porque Rajoy lo quiso así, aunque los estatutos del partido sólo obligan a que el perdedor se retire si la distancia con su rival es superior a 15 puntos.

Pero el perdedor y actual presidente del PP de Sevilla no ha aceptado el resultado de la primera votación. Bueno exigió un recuento y elevó una queja al comité de garantías del PP nacional, que acaba de fallar definitivamente reafirmando la victoria de Virginia Pérez. La pugna entre ambos ha sido desasosegante, con insultos, graves acusaciones de puchero y amenazas de por medio, dejando al partido hecho unos zorros.

Pero lo paradójico viene ahora: la dirección nacional del PP exige listas de integración en los congresos provinciales, aunque los candidatos se odien (como es el caso de Sevilla o Jaén), y para ello ha impuesto unas reglas que también exceden de los estatutos del partido: quien gane tendrá que incluir en su ejecutiva a miembros del equipo rival en la proporción que haya obtenido en la votación previa.

Es más, los futuros presidentes provinciales del PP tendrán que elegir a su número dos, a su secretario general, del equipo de su adversario, de una lista de tres nombres que designará el candidato perdedor.

A quien más ha indignado las maniobras y el tutelaje de Génova es al candidato crítico a la presidencia del PP de Jaén, Miguel Moreno, que ha amagado con recurrir la celebración del congreso a los tribunales para garantizar que “no se celebrará si no va limpio”, e impedir las “irregularidades e incumplimientos que se vienen produciendo”.

Miguel Moreno se ha impuesto en votos y su rival en compromisarios. La dirección regional está mediando, igual que lo ha hecho en Sevilla, para que se integren ambas listas y sólo llegue un candidato al congreso, pero el regidor de Porcuna ha puesto el grito en el cielo.

Este doble giro mortal sitúa al aspirante jiennense en otra órbita, por libre, porque hasta ayer se le presuponía el hombre de Juanma Moreno para desbancar al sucesor del actual presidente del PP de Jaén, pero ahora Miguel Moreno discute las directrices de Madrid, que es como protestar la palabra del PP andaluz. Con la misma indignación se ha rebelado Virginia Pérez en Sevilla, que se vio “forzada” a firmar el acuerdo de integración impuesto por Génova, pero acto seguido envió un audio por whatsapp a sus compañeros de partido prometiendo que “antes se cortaba una mano” que ser la secretaria general de Juan Bueno”. En el mismo audio, acusó a la dirección nacional y regional de “pasarse los estatutos del partido por el forro del bolsillo”.

La rebelión de Miguel Moreno en Jaén, de Virginia Pérez en Sevilla, o de los expresidentes provinciales obligados a abandonar sus puestos (en Jaén y Córdoba) demuestra cierta flaqueza de liderazgo de la dirección regional. Moreno Bonilla había prometido “neutralidad” en los congresos provinciales, pero sus críticos no se lo han creído.

En la historia reciente del PP andaluz no hay antecedentes de un grado de crispación, ruptura y tensión interna como el que se vive estos días. La secretaria general del PP-A, Dolores López, ha barajado como última opción disolver ambas agrupaciones y poner la dirección en manos de una gestora.

Por último, está el pulso por el control del PP de Granada, en crisis desde que perdieron la Alcaldía de la capital después de que su regidor, José Torres Hurtado, fuera imputado por corrupción y PSOE y Ciudadanos impulsaran una moción de censura contra él.

Hubo cuatro posibles candidaturas sobrevolando, lo cual demuestra el grado de rechazo que provoca el actual presidente, Sebastián Pérez. La precampaña fue crispada, plagada de insultos y reproches mutuos, pero al final sólo Pérez obtuvo los votos suficientes para pasar la primera terna. En el camino se quedaron Juan García Montero y Carmen Castillo.

Moreno Bonilla ha pedido unidad al partido, ha prometido a Rajoy que cesará el ruido de sables y que al final en los congresos provinciales sólo habrá un candidato, pero la algarabía interna en varias provincias no sólo no cesa, sino que va en aumento. En algunas aún no se ha cerrado la guerra, y en otras se ha cerrado en falso.

La tranquilidad interna en el PP residen en aquellas provincias donde no ha habido ni se ha pretendido la renovación: en Almería, donde persiste el histórico Gabriel Amat, presidente de la Diputación provincial y alcalde de Roquetas desde 1995, pese a estar investigado por un supuesto delito urbanístico; en Cádiz, donde repite el ya mencionado Antonio Sanz; en Huelva seguirá Juan Andrés González, y en Málaga, Elías Bendodo, hombre fuerte de Juanma Moreno, político ambicioso al que le atribuyen aspiraciones de todo tipo: desde suceder en la Alcaldía de Málaga al veterano Francisco de la Torre, hasta relevar al propio Moreno al frente del PP andaluz, en caso de que vuelva a pinchar en las próximas autonómicas.

Hay otra lectura de todo esto: las crisis precongresuales han entretenido al PP andaluz, haciéndole perder legitimidad en su discurso de acoso contra Susana Díaz, que vive su propia tensión interna a consecuencia de las primarias del PSOE.